Puertollano
La Camboyana es presidenta de AFESIP, una ONG que lucha contra el tráfico sexual de mujeres

SOMALY MAM: "NO EXISTE DIFERENCIA ENTRE LA PROSTITUCIÓN FORZADA Y LA VOLUNTARIA. EN AMBOS CASOS LAS MUJERES SUFREN VIOLENCIA Y HUMILLACIONES"

Se llama Somaly Mam. Durante ocho años fue víctimas de las redes de prostitución camboyana. Escapó y en 1998 recibió el Premio Príncipe de Asturias a la Cooperación Internacional. Ayer estuvo en la Casa de Cultura de Puertollano, invitada por el foro "La Voz de las mujeres" donde ofreció una charla sobre la abolición urgente de la prostitución

José C. Sanz

16/03/2005

(Última actualización: 25/08/2008 14:00)

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La historia personal de Somaly Mam pone los pelos de punta. A los 13 años fue vendida por la familia que la acogía a las redes de prostitución camboyanas. Durante ocho interminables años fue explotada sexualmente hasta que un día un ciudadano francés, Pierre, su actual marido, le ayudó a escapar de ese inhumano purgatorio y desde entonces se dedica a rescatar y ofrecer la posibilidad de un futuro digno, a miles de mujeres forzadas a prostituirse por las mafias del sureste asiático.

Actualmente, Somaly Mam preside AFESIP (Acción por las mujeres en situación precaria), una ONG que fue fundada en 1996 y que desde su puesta en marcha ha ayudado a más de 3.000 mujeres camboyanas, vietnamitas y tailandesas a rehacer, en la medida de lo posible, sus vidas lejos de las garras de la explotación sexual.

Somaly Mam contrajo matrimonio con el ciudadano francés que la ayudó a escapar de la prostitución y es madre de tres hijos: una niña adoptada y dos biológicos. A pesar de ser un ejemplo de tesón y voluntad irreductible, la siniestra silueta de la muerte acompaña a Somaly Mam debido a que está amenazada por las mafias camboyanas.

Hace tiempo que las redes de prostitución dictaron sentencia sobre la vida de esta camboyana y pese a que el gobierno camboyano no le garantiza su seguridad, Somaly Mam no está dispuesta a ocultarse. El semblante que aparece en su rostro cuando se le pregunta sobre este asunto no da lugar a dudas. “Tengo una cosa muy clara. Mi vida, como mujer, terminó hace mucho tiempo y mi única motivación es venir a todos los países que pueda para seguir denunciando la explotación sexual, intentar concienciar a personas y gobiernos sobre la necesidad de acabar con esta lacra. Y también pedir a los medios de comunicación su implicación para dar a conocer esta indigna realidad”.

Somaly Mam no tiene miedo y por eso, a sabiendas de las amenazas de muerte, vive actualmente en su país de origen, Camboya. Su encomiable actitud le valió para recibir el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en 1998 y el Premio Internacional de Pensamiento y Humanidades de la Fundación Cristóbal Gabarrón el pasado año.

Gracias al Foro “La voz de las mujeres”, Puertollano tuvo el honor de acoger a Somaly Mam quien impartió una charla en la Casa de Cultura donde puso de relieve la necesidad de abolir urgentemente la prostitución y evitar la vulneración de los derechos humanos. La camboyana emplea un método de trabajo arriesgado pero eficaz. “Mi trabajo es de carácter urgente ya que trabajo directamente con las víctimas. Voy a los burdeles donde existen sospechas de tráfico sexual de mujeres”. Sin embargo, Somaly Mam advierte de la capacidad de reposición que tienen las redes de prostitución asiáticas pues por más que se rescate a mujeres de estos lugares “al momento ya han repuesto la pérdida prostituyendo a otras tantas mujeres”. El mundo del tráfico sexual es como una serpiente de mil cabezas y para poder atajar sus venenosos efectos, los gobiernos e instituciones deben poner cartas en el asunto.

Por ese motivo, Somaly Mam fundó AFESIP, una ONG que se dedica a la lucha contra las causas y consecuencias de la explotación sexual. Actualmente, AFESIP cuenta con centros en Tailandia, Laos, Vietnam y Camboya, teniendo presencia a través de delegaciones en España, Francia y Estados Unidos.

El principal foco de actuación de AFESIP tiene lugar en el Sureste Asiático donde lleva a cabo diversos proyectos. Principalmente, poner en marcha estrategias regionales para combatir el tráfico de mujeres y niños, sensibilizar a la población y a las autoridades del Sureste Asiático sobre los riesgos de las enfermedades de transmisión sexual, SIDA y sobre la venta de mujeres, puesta en marcha de programas de rehabilitación y reinserción de víctimas de explotación sexual, así como la creación de microempresas que permitan la reinserción social y profesional de las chicas jóvenes.

Estos proyectos se complementan con unas acciones como es el trabajo social en los prostíbulos del sureste asiático. Allí, se informa a las mujeres sobre los riesgos de contraer enfermedades de transmisión sexual, SIDA, la necesidad de usar preservativos “algo que la mayoría desconocen porque en algunos sitios llegan a usar bolsas de plástico”, confiesa. Cuando Somaly Mam y sus trabajadores detectan posibles casos de tráfico o esclavitud sexual en los burdeles dan parte a la policía quien de inmediato autoriza una redada. “Siempre es conveniente que uno de nuestros trabajadores sociales esté presente en estas acciones policiales porque en estos países existe mucha corrupción”, afirma. Tras rescatar a las mujeres víctimas de explotación sexual, se las acoge en los distintos centros que AFESIP tiene en los países del sureste asiático. Entonces comienza un proceso complejo que tiene como objetivo la reinserción social de la mujer que pasa por dotarla tanto de autonomía psicológica como económica para llevar así una vida digna. “En nuestros centros reciben atención médica y psicológica regular porque todas padecen traumas psíquicos”, añade.

Al cabo de 14 días de trabajo continuo con cada una de las mujeres, éstas deben decidir libremente qué hacer con sus vidas, si alejarse por completo de las redes de prostitución o de nuevo caer en sus manos. Para disuadir de esta posibilidad, AFESIP les ofrece una formación en distintos oficios como peluquería, confección, cocina o bien capacitación para llevar granjas o desempeñar trabajos agrícolas. Otras son formadas como monitoras para atender a las nuevas que llegan.

Un proceso de reinserción que puede durar desde seis meses a un año y medio en función de la problemática que presente cada mujer prostituida. Para aquellas que se forman, AFESIP prospecta las posibilidades de encontrar empleo en el ámbito laboral y finalmente se les hace un seguimiento individualizado de hasta tres años. “Todas ellas tienen traumas psicológicos provocados por la explotación sexual por lo que hay que estar encima. Asimismo, muchas pueden tener problemas laborales por lo que conviene asesorarlas permanentemente”, señala Somaly Mam.

Aunque pueda parecer que el trabajo de AFESIP es eficaz no es más que un logro minúsculo en el entramado sexual asiático, donde por poner un ejemplo, en Camboya son más de 50.000 mujeres las que nutren la industria sexual. Una media de 90 raptos diarios de mujeres se sucede con total impunidad en este país. Afortunadamente, la ayuda internacional se intensifica desde que Somaly Mam recibió el Premio Príncipe de Asturias en 1998. Gracias a este respaldo, AFESIP ha abierto centros en otros países como Laos o en la zona tailandesa de Angkor, enclave turístico donde las redes de prostitución sexual de mujeres campean a sus anchas.

El 80% de los fondos con los que trabaja AFESIP provienen de organizaciones y administraciones españolas. Entre los financiadotes están la Fundación ANESVAD, la Agencia Española de Cooperación Internacional, Manos Unidas y otros fondos privados. La implicación de España es notable y gracias a ello, AFESIP participa en grupos de trabajo sobre la explotación sexual para realizar actividades de sensibilización de la opinión pública y de los poderes políticos, investigación antropológica y política sobre la explotación sexual, la psicología y sociología traumática, el rol de las mujeres en el desarrollo y la moderna esclavitud.

Desde la eclosión de AFESIP, más de 3.000 mujeres han pasado por los diversos centros de la ONG. En concreto, el pasado año se atendió a más de 550 mujeres. Pero el porcentaje de reinserción de mujeres no es tan grande como cabría esperar. Las causas hay que buscarlas en la elevadísima incidencia de enfermedades de transmisión sexual o SIDA que diezman a esta población.

Lo cierto es que el sueño de Somaly Mam, sacar a miles de mujeres de las redes de prostitución sexual, se ha cumplido parcialmente. Cuando recibe a niñas violadas y prostituidas sufre un flashback en toda regla y revive su particular infierno de ocho años. Somaly Mam podía haber elegido rehacer al completo su vida olvidándose de este escabroso tema o seguir ayudando y luchando contra ello. Eligió lo segundo y advierte de una cosa. “Exijo que no se diferencie entre prostitución forzada y voluntaria porque en ambos casos, todas las mujeres víctimas de la prostitución son también víctimas de violencia y continua humillaciones”.