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Ana María Cue y Miguel Ángel González, dos médicos que han sufrido agresiones, reclaman "medidas urgentes"

CSIF-CLM reclama «contundencia» al SESCAM para «acabar con las agresiones» invirtiendo en «seguridad y vigilancia»

La Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) exige la dotación de personal de seguridad en todos los centros de Atención Primaria de Castilla-La Mancha y el incremento de la vigilancia en los centros hospitalarios para hacer frente a las agresiones que padecen los profesionales de ámbito sanitario.

CSIF reivindica más protección para los trabajadores y tolerancia cero frente a esta lacra. No en vano, se ha producido un incremento de episodios violentos: en 2021 se registraron 560 incidentes, 41 más que en el año anterior, dentro de una tendencia que continúa imparable.


La responsable de Prevención de Riesgos Laborales en el Sescam de CSIF Sanidad Castilla-La Mancha, Victoria Gutiérrez, subraya que “se está produciendo una involución, la pandemia ha agudizado un problema gravísimo ante el que faltan medidas contundentes y urgentes. En muchas ocasiones, nuestros profesionales están totalmente expuestos. La última agresión se producía el pasado fin de semana en una atención domiciliaria en Santa Olalla, no es la primera vez que pasa y hay que decir basta”.

Casi el 70% de agresiones registradas el pasado año se produjeron en Atención Primaria, por lo que “es justo contar con personal de vigilancia en todos los centros, no sólo en los de mayor conflictividad y durante los fines de semana. Es una cuestión de voluntad política, es una cuestión de implicación. Queremos soluciones, no basta con una simple campaña del Sescam que condene las agresiones”, añade Gutiérrez.

Otros recursos, además del personal de vigilancia, son la instalación del botón del pánico y cámaras de seguridad; sistemas informáticos de alerta; adaptar el espacio de atención asistencial como recurso para prevenir agresiones, con mobiliario y elementos arquitectónicos que puedan actuar como barrera, así como múltiples puntos de acceso y salida; crear la figura de director de seguridad en los Servicios Centrales del Sescam y en cada gerencia e implantar protocolos: (apertura y cierre de centros, gestión de llaves, rondas, custodia de drogas…); coordinación con Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado; desarrollo del régimen disciplinario respecto a aquellos pacientes que han realizado acciones de violencia y que reinciden.

Por último, Gutiérrez hacía referencia a la necesidad de reactivar el Plan Perseo, dedicado a prevenir situaciones de tensión y conflictos entre profesionales y usuarios del Sescam, ya que “el grupo de trabajo encargado de revisar el protocolo de agresiones a trabajadores no se reúne desde antes de la pandemia”.

En primera persona

La médico de familia Ana María Cue, del centro de salud Buenavista de Toledo, sufrió una agresión el pasado 5 de mayo durante una asistencia a domicilio, siendo zarandeada y empujada por el padre de la persona que requería atención sanitaria.

“Muchas veces no sabemos qué nos vamos a encontrar detrás de una puerta, nuestro deber y nuestra dedicación nos lleva muchas veces a dejar a un lado el temor, pero es evidente que contar con seguridad en esta atención a domicilio es fundamental. Yo no voy tranquila a un domicilio”, resalta Cue.

Asimismo, la facultativo advierte del aumento de las agresiones de tipo verbal, de las faltas de respeto a los profesionales: “A mí me dicen niña, guapa, chica, nena… de todo menos médico. Me ha ocurrido de estar en consulta y que abran la puerta, que me amenacen que si no le doy la baja a una persona me iba a enterar. Se está normalizando que nos agredan si no tienen lo que quieren. No nos respetan nada, hay mucha misoginia”.

En este sentido, Cue reclama campañas “contundentes” de concienciación a la ciudadanía, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de los incidentes (63%) se llevan a cabo contra las mujeres.

Por su parte, Miguel Ángel González Canomanuel, médico del Hospital Universitario de Toledo, ha señalado que otro de los puntos negros en el caso de los episodios violentos son los Servicios de Urgencias. «Son espacios críticos, la demora para ser atendido y para tener las pruebas diagnósticas provoca una enorme frustración por parte de los pacientes, así como por los propios acompañantes al no poder estar con sus familiares. Y lo pagan con médicos, personal de enfermería, celadores, auxiliares administrativos…”.

González Canomanuel, que también lamenta que la asistencia letrada por parte del Sescam no sea sistemática, añade que “nos encontramos con un hospital nuevo en Toledo y las consultas de Urgencias son auténticas ratoneras, no hay puertas de escape ni se entera ningún otro compañero si hay un paciente agresivo”.

El facultativo, que lamenta que el Sescam no actúe ni para prevenir las agresiones ni las secuelas psicosociales que generan, concluye que “hemos pasado de los aplausos a una enorme falta de consideración hacia nuestra labor, nos encontramos en la más absoluta indefensión”.

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