Historia
La Comarca de Puertollano

El artículo hace un recorrido histórico por esta fortaleza señera del Campo de Calatrava
El Castillo de Salvatierra I: sitio heróico y escenario de batallas

Raúl Menasalvas

De todos los castillos que conozco, y conozco un buen número, es el de Salvatierra el que más me atrae. Este lugar posee un aura especial que le hace distinto a todos los demás. Sin lugar a dudas, si se tratase de un castillo escocés  poseería un espectro bonachón que más que asustarnos nos infundiría lastima.
Salvatierra, para el que no la conozca, es una fortificación que se encuentra enfrentada a Calatrava La Nueva dominando, a menor altura que esta, el paso que desde el Campo de Calatrava se dirigía al altomedieval Puerto del Muradal.
Más antiguo que su vecino Calatrava, fue un importante Hisn musulmán que a lo largo de los siglos sufrió varios sitios y escenas de heroísmo. Durante algunos años, la Orden de Calatrava poseyó su nombre, ya que, tras la durísima derrota de la batalla de Alarcos, un buen número de caballeros calatravos perdió la honra y la vida al exigir el califa almohade su cabeza tras la deshonrosa fuga de Alfonso VIII. Este prefirió escapar a uñas de rocín tomando “las de Villadiego” a sufrir el sitio del combinado andalusí-almohade.
Los almohades, tras formar un alminar con las cabezas de los nobles calatravos y cristianos y llamar a la oración desde él, se entretuvieron más de lo debido en festejar la victoria, de tal manera que un buen puñado de caballeros de la Orden se encastillaron en Salvatierra y tomando Maestre decidieron cambiar de nombre hasta haber lavado la afrenta de la Batalla de Alarcos.
La fortaleza de Salvatierra a lo largo de los años que vinieron después de la derrota de Alarcos, fue sitiada una y otra vez para desesperanza musulmana y solamente cuando las condiciones de vida se hicieron insostenibles se pacto el abandono de la fortaleza, que no la rendición. De esta manera, los caballeros de la Orden desfilaron ante el enemigo almohade en alarde, ya que sus propiedades y vidas fueron respetadas en el pacto. No fue por tanto una rendición sino la capitulación con condiciones de la plaza.
Más tarde se produjo la defección del ejército almohade en la batalla de Las Navas de Tolosa, donde Alfonso vengó la afrenta con creces, siendo una buena parte de los  “moros” pasados a cuchillo en venganza por los sucesos de Alarcos. En esta tesitura, un buen número de caballeros musulmanes se encastilló en Salvatierra y durante años estuvieron aguantando el sitio de los cristianos, mientras en Al-Andalus se descomponía el efímero califato almohade entre luchas internas y derrotas consecutivas.
En esos momentos los caballeros de Salvatierra vuelven a adoptar su denominación originaria y comienzan la construcción del castillo convento que sería su sede y orgullo. Con el tiempo y una vez aseguradas las fronteras se dejaría en olvido la fortificación de Salvatierra, que con el abandono entró en una lamentable decadencia que le ha llevado hasta nuestros días como un despojo de glorias pasadas, herrumbroso y melancólico, esqueleto en piedra de un pasado de esplendor. La fábrica de sus muros se desmorona  y cae a tierra, pero en la distancia todavía posee el empaque de tiempos pasados.
Como reliquia olvidada espera que un buen día el esfuerzo y la inversión de capitales autonómicos le devuelva la gloria que nunca perdió. Porque Salvatierra nunca fue tomada al asalto, no hubo ejército que pudiera sojuzgarla sino que fue la escasez de víveres la que llevó a calatravos y musulmanes a abandonarla sin doblegarse.
Algún día  es posible que algún político decida asumir, al menos, la consolidación de sus restos. Algún día, puede que algún político la descubra y recuerde que los Bienes de Interés Cultural, son patrimonio de la comunidad y decida obligar a los actuales dueños de la finca en la que se encuentra el castillo de Salvatierra a facilitar las visitas que marcan la Ley del Patrimonio. De esta manera recuperaremos para el disfrute y solaz de los ciudadanos un castillo, tal vez, el más interesante de toda nuestra región histórica: El Campo de Calatrava.
 
 
Página anterior