Edición mensual - Diciembre 2015 - Colaboraciones

Bares y Lugares

El Bohemios

Mayte González-Mozos

Nº 254 - Colaboraciones

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Escribo bajo el influjo de la noticia referente al malogrado Pablo Vozmediano Madrazo; Pablo el del Bohemios para todos. Lo conocía desde los tiempos de estudiantes en Madrid, de allí nació el Bohemios de Puertollano. Este lugar, este bar y restaurante empezó a ser conocido por su aromático café, las copas de talle bajo a altas horas, su atmósfera de la Bohemia pictórica francesa y por sus esponjosas pizzas. Allí siempre me he encontrado con la dulce sonrisa de Pili, y en los últimos años con los agradables rostros de sus hijos. Nunca ha faltado el reflejo en la barra, con su brillo metálico, y sobre ella flores frescas en el jarrón. Y ese olor a su inconfundible masa, arriba y abajo, pegado al ambiente.

También siempre me encontré con alguien conocido y desconocido, desde amigos hasta a quién evitar en la otra punta de la barra. Frecuentado por abogados o jefes de la petroquímica codeándose con los noctámbulos, o con los bohemios del Pueblo. Y rodeados por el humo azulado que ascendía hasta la escueta cocina. Envueltos por la placentera luz amarillenta y con los buenos temas musicales, esos que de tan familiares, al rato de una buena charla, te olvidas de que estén sonando. Y cómo no, siempre con el recuerdo de Fran.

Recordaré siempre una noche larga y algodonosa en los ochenta, que la niebla espesa calaba con su humedad el alma y hacía acharolar el suelo. Yo descendía por el Paseo desprovista de objetivo, con las manos en el fondo de mis bolsillos, en los que sólo un cigarro doblado quedaba.

Vislumbré el rótulo del Bohemios como envuelto en vapor, y ya en su acogedor interior Pablo me propuso que realizase la decoración de Navidad, en la cristalera exterior. Y quizá fue aquella noche en la que ante una copa de cava ?entonces aún decíamos champán?, Pablo con buen criterio bodeguero, me señaló las excelencias del brut ante el semi-seco. Y así, lo mismo que ascienden las burbujas para cerrar con el cerco de espuma la copa, rematamos la idea de la decoración navideña para aquel año, porque: “Todos los ejércitos del mundo son incapaces de detener una idea a la que le ha llegado su momento” ?decía el también parisino Víctor Hugo?, y así fue cómo en aquella noche concretamos el señor vestido con frac y pajarita, su señora con copa de Martini y con traje largo y negro, el amigo con el antifaz, la demás gente en segundo plano y hasta un Papá Noel, asomados todos a la calle con gorritos y matasuegras, y algo perjudicados. Así los pinté, a color y a tamaño natural en la cristalera de la fachada, todos envueltos en serpentinas, confetis y fiesta. Como tantas… y tan divertidas que se han celebrado en el Bohemios.

Me gustaría encontrar siempre al Bohemios con su singular ambiente, tan grato para conversar y con sus genuinas pizzas. Bar legendario, y necesario referente para los que volvemos de vez en cuando al Pueblo. Porque ya han desaparecido demasiadas personas y se han derribado bastantes casas tradicionales, barrios, pedanías, minas, empresas, torres, centrales térmicas y tantas cosas… que han modificado el perfil de la ciudad. Y porque El Bohemios, forma parte de la calle del Puerto, de nuestro Puertollano, y de todas las vidas que pasamos por allí durante más de treinta años.