Edición mensual - Diciembre 2014 - Colaboraciones

Carta a los Reyes Magos

Eduardo Egido

Nº 251 - Colaboraciones

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A cierta edad se descubre que los Reyes Magos son los padres. Desgraciadamente, a mi padre lo perdí cuando yo me encontraba en plena adolescencia y a mi madre hace unos años. Así que ellos no pueden ahora suplir a los Reyes. Me pregunto si será mucho pedir que después de tantos años supliendo mis padres a los Magos no habrá llegado el momento de intercambiar los papeles. Que los Reyes Magos asuman su cometido y cumplan las peticiones para 2015 que expreso en esta carta. Por si acaso, voy con ellas.

Queridos Reyes Magos:

El primer regalo que me viene a la cabeza es que me gustaría que el año próximo se hable menos de Artur Mas, Oriol Junqueras y sus adláteres, esas personas que nunca parecen perder los estribos cuando vierten afirmaciones que me ponen los pelos de punta. Hablan con una mesura que contradice el enfrentamiento que provocan sus palabras entre los naturales de este país, España. Ellos, gota a gota, intentan inculcar a niños, jóvenes y mayores la idea de que deben independizarse porque España roba a Cataluña. También están convencidos, aunque se lo callan, de que los catalanes son más trabajadores y cultos y, por ello, deben soltar el lastre que representan los nativos de las demás comunidades, más vagos e iletrados.

Paso a otro regalo. Solucionar el problema del paro. ¿No hay forma de de acabar con esta lacra? Todos los que tienen capacidad de abordar esta cuestión pregonan a los cuatro vientos que su prioridad es enfrentarse al asunto y que lo harán desde el minuto uno (esto del "minuto uno" se extiende como una epidemia). Sin embargo, a poco que uno se fije, resulta evidente que muchos tienen otras prioridades, más egoístas indudablemente. Y, a veces, para alcanzar esas prioridades ocultas, no falta quien se aventura por atajos que desembocan en el fango, esto es, la corrupción. Una característica que nunca falta en los corruptos es que se consideran inocentes. Aún no he oído a ninguno, y mira que son, reconocer sus pasos descarriados y avergonzarse de sus trapacerías. Se consideran legitimados para todo. Y, hablando de legitimidad, me pregunto si está bien que los grandes empresarios pretendan incentivar el empleo reduciendo el sueldo de los curritos de a pié al tiempo que se suben el propio. Proponen, sin ruborizarse, rebajar los salarios mini mileuristas e incrementar sus nóminas, incentivos y blindajes que rebasan por lo general la decena de millones anuales.

Ampliando el foco geográfico, queridos Reyes Magos, es imprescindible que os ocupéis de las atrocidades del integrismo islámico, que cada vez se extiende por territorios más vastos: atentados que provocan auténticas carnicerías de inocentes, aplicación de prácticas aberrantes a las mujeres, imposición de teocracias…Me temo que volveremos de nuevo a las Cruzadas, en una época en la que el poder destructivo de las naciones es infinitamente más aniquilador que en la Edad Media.

¿Cuándo la ayuda a los países empobrecidos (que no pobres, se puede afirmar con razón) dejará de ser asunto casi exclusivo de organizaciones no gubernamentales y aportaciones individuales, y recaerá de manera eficaz y no testimonial en los países enriquecidos? Recientemente nos hemos puesto a combatir el ébola porque en Occidente hemos visto las orejas al lobo, pero ahora que ha pasado el susto la enfermedad han desaparecido de los medios de comunicación a pesar de que en África continúa diezmando a la gente. Así que, de nuevo, hemos abandonados a los países africanos a su suerte. A su maldita suerte.

Aunque aún existen muchas peticiones, reconozco que he puesto una pesada carga en las jorobas de vuestros camellos. Afortunadamente, ellos son resistentes y vosotros sois sabios, magos y honrados. Vuestra sabiduría os guiará para encontrar solución a los problemas planteados. Vuestra capacidad para obrar prodigios sabrá burlar los límites de las leyes de la naturaleza y de la condición humana. Vuestra honradez os alejará de la tentación de convertiros en los principales beneficiarios de vuestros logros en detrimento de los parias que se multiplican no ya por los confines de la Tierra sino por su centro mismo.