Edición mensual - Septiembre 2012 - Historia

Carta desde Toledo

Imágenes para una historia de Puertollano (XXVIII)

José D. Delgado Bedmar

Nº 244 - Historia

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La crisis económica que protagoniza la información diaria provoca muchos daños colaterales, ha afectado a sectores y temas a priori impensables, y podría decirse que es la indirecta responsable de que nuestras “Cartas desde Toledo” hayan perdido su periodicidad mensual y se vean limitadas a meses muy concretos del calendario.

Esperemos que lleguen tiempos mejores que contribuyan a recuperar su regularidad y, mientras tanto, comenzaremos por recordar a nuestros lectores que en las dos anteriores entregas de esta serie de imágenes que pudieran ilustrar una futura historia de Puertollano, analizamos la interesante fotografía que acompaña a estas líneas. En el especial correspondiente a la pasada Semana Santa comenzamos por describir a los personajes “secundarios” y al entorno de la fuente que se puede apreciar en la imagen, citamos la descripción que de ella hacía el doctor Carlos Mestre Marzal en 1865 y concluimos señalando que la foto se puede fechar entre 1892 y 1905. En el especial de “La Comarca de Puertollano” de la Feria de Mayo indicamos las razones por las que creemos que bien pudiera estar realizada por un fotógrafo ambulante que llegó hasta nuestra localidad en ese tiempo, describimos a los tres personajes principales y concluimos resaltando la importancia de esa humilde “cantarilla del agua agria” que lleva uno de ellos, pieza singular dentro de la cerámica puertollanera junto a las tradicionales “ollas del Voto”.

Prácticamente coincidió la publicación de esta “carta” con la aparición de un exhaustivo estudio sobre la “ollería” realizada secularmente en nuestra localidad, que fue presentado en Puertollano en la tarde del pasado 28 de abril. Debido al celo infatigable de Graci Arias y Ángel Leal, que han contado con la colaboración de autores como Miguel Fernando Gómez Vozmediano y José González Ortiz, en sus bien encuadernadas páginas se hace historia de la actividad, se aclaran conceptos, se realizan genealogías y reconstrucciones, y se catalogan buen número de muy bellas piezas, documentándose todo con el rigor que exige un espléndido libro, que sin duda figura ya por derecho propio en los anales de la historiografía local.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, hemos dejado para esta ocasión el tratamiento del que es el objeto central de la fotografía en cuestión: el agua agria en esas postrimerías del siglo XIX o principios del XX en los que estaría realizada. Fue Francisco Gascón Bueno el que en 1983, en su conocido libro sobre la fuente y la casa de baños durante la segunda mitad del siglo XIX, puso de relieve el principal problema que tuvo la fuente desde los inicios de la que pudiéramos llamar su “explotación comercial”, en sus apartados de baños para enfermos y consumo de agua a pie de fuente o embotellada. Ese problema no fue otro que la disminución del caudal que brotaba de la fuente, lo que en la práctica impidió la consolidación del establecimiento balneario.

Contamos para saber de primera mano de esta cuestión con una no muy conocida “Memoria acerca de las aguas acídulo-ferruginosas de Puertollano” realizada en el verano de 1884 (apenas una década antes de ser hecha nuestra fotografía), por el ingeniero de minas residente en Ciudad Real don Juan Sánchez Massiá. Vio la luz de abril a julio del año siguiente en ocho entregas no consecutivas de la semanal “Revista Minera y Metalúrgica” y por su especial interés, en ese mismo año su autor recopiló dichas entregas en una publicación a modo de separata de 69 páginas, que vio la luz en la misma imprenta madrileña de Lafuente en la que se publicaba la revista minera.

La citada memoria se llevó a cabo porque en la primavera de 1884 el caudal de agua que brotaba de la fuente se redujo a ocho litros por minuto y poco después a tan sólo 6,5, por lo que el médico-director entonces a cargo del balneario, Fernando López García, solicitó a la Dirección General de Beneficencia y Sanidad en el mes de junio de ese año (a poco de iniciarse el periodo de baños anual), que se realizase un estudio sobre el manantial por Sánchez Massiá, que era el Ingeniero de Minas y Arquitecto del Distrito, con el objetivo de aforar adecuadamente las aguas, inspeccionar los terrenos inmediatos a los manantiales y estudiar la mineralización y surgimiento de las mismas, para determinar en última instancia la causa de la disminución del caudal. Apuntaba para justificar su solicitud el doctor López García: “Si bien la cantidad de agua que aparece es suficiente para la administración en bebida, modo esencial de uso dada la constitución de ella y por tanto las enfermedades que lo indican, es dicho caudal en otro concepto escaso y no puede alimentar las pilas o bañeras particulares a que se destina, después de satisfacer las necesidades de esta población que, de tiempo inmemorial, según dicen, y con perfecto derecho la usa con preferencia a la potable. O existen escapes de agua en determinados puntos o la cantidad emergente en el llamado nacimiento, fondo de un pozo por donde dicha agua se eleva hasta los caños, no aparece toda en estos últimos a consecuencia de filtraciones en terreno más o menos permeable, favorecidas por la presión hidrostática, dada la altura entre dicho fondo y la superficie”.

Trasladado a nuestra ciudad, el señor Sánchez Massiá reconocía en su Memoria que no veía necesario describirla por la abundancia de estudios recientes sobre ella, pero, por lo que ahora nos interesa a nosotros, no ahorró detalles para describir la fuente y su entorno, descripción que nos sirve de mucho cuando miramos la fotografía. Dice así: “La fuente acídulo-ferruginosa se encuentra situada, como ya hemos dicho en otra parte, en medio de un jardín mal cuidado, cercado con una verja de hierro, en que se hallan tres entradas correspondientes al N., S. y O. Tres escalones desiguales y muy altos permiten bajar a un ensolado de piedra, en cuyo centro se levanta un kiosko exagonal de ladrillo y piedra, enjalbegado de blanco y cubierto con imperial de zinc, sobre el que hay de poco tiempo a esta parte un farol de petróleo, que se enciende en las noches oscuras del verano. Al lado de Poniente y al nivel del enlosado salen dos caños de bronce, que vierten sus aguas en un piloncillo donde no caben derechos los botijos del país, que han de completarse de llenar con más pequeña vasija. Este piloncillo, modelo de suciedad por recoger toda la que los vientos arrojan al hoyo donde se halla la fuente y toda la que traen los botijos y zaques, se desagua por un conducto mal cubierto por las losas movidas del pavimento en una arqueta y de allí va a los baños. A la parte del N.E. tiene el kiosko una puerta baja que, una vez abierta, deja ver un nicho con vasos de distinto tamaño, algunas jarritas ordinarias y debajo un caño con llave para dar salida al agua que beben los bañistas: este sobre un piloncito, en que podrán caber hasta tres ó cuatro litros. Este pilón no tiene vertedero y es preciso limpiarle por arriba. En el S.E. del citado kiosko y sobre un escalón de piedra arenisca, a la altura correspondiente a otro, se halla otra puerta desvencijada y vieja, que, una vez abierta, permite el ingreso al manantial. Hállase este encerrado en una caja de madera de 0,60 m. por 0,50 de lado, bastante mal unidas sus tablas y revestida de cemento hidráulico. Sobresalen las cabezas de las tablas encima del nivel de las aguas 0,45 m. y por bajo desciende la sonda 1,60 m. Cuatro largueros de un cuarto de tirante refuerzan los ángulos; otros cuatro cubren la unión de las tablas adosadas y de trecho en trecho travesaños de menores dimensiones unen los largueros. Un orificio cubierto por las aguas y con un encañado conduce al grifo de los bañistas y otro orificio completamente abierto vierte en un canalizo, que termina en los dos caños del pueblo. La arqueta se halla cubierta con una tapa de madera. Entre ella y las 4 paredes, que forman su interior, no hay espacio para una persona, excepto por el sitio que mira a la parte de Poniente”.

Hasta la próxima ocasión (esperemos que sea pronto).