Edición mensual - Septiembre 2012 - Historia

Visión Historica de la Feria

Un alcalde de Puertollano, una reina regente, un periodista de Madrid y la Virgen de Gracia en 1900

José D. Delgado Bedmar

Nº 244 - Historia

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La publicación del “especial” de la última Feria de Mayo me dio ocasión de traer a estas mismas páginas unas noticias que había recopilado con anterioridad, aparecidas en diversos periódicos madrileños en 1895, y que nos daban cuenta de una serie de curiosos datos de la primera Feria de Mayo de Puertollano, sobre todo referidos a las corridas de toros que se celebraron con tal ocasión.

Los sabrosos comentarios y parabienes que algunos de nuestros lectores me hicieron llegar al hilo de estos desconocidos datos y la existencia de alguna que otra noticia periodística que también había recopilado previamente referida a la Virgen de Gracia, me han hecho desistir finalmente de mi primera intención de dedicar esta colaboración a tratar de la presencia en la ermita de nuestra patrona de un muy singular conjunto de tres relicarios enviados en el siglo XVI por el presbítero Juan Fernández, religioso nacido en nuestra localidad, que procedían de Alemania y contenían más de un centenar de reliquias de santos, y que iban destinadas en principio a la catedral de Zamora, pero acabaron por diversas casualidades en el templo puertollanero. Estas reliquias “alemanas” se vieron incrementadas durante el siglo XVII con otras veintitrés más que se guardaban en otro relicario enviado por Diego Martín de Contreras. Por no extendernos mucho, diremos tan sólo que todos estos relicarios se guardaban habitualmente en el altar mayor de la ermita, que se abrían solemnemente con ocasión del día de la patrona para que los fieles los adorasen, y que desaparecieron en los primeros días de la guerra civil.

Dejaremos por ahora solamente apuntado, pues, este bastante olvidado tema, del que ya tendremos ocasión de tratar en una mejor ocasión; y pasemos a conocer esa noticia periodística a la que antes aludía, que tiene como característica principal que está directamente relacionada con algunas de las familias más conocidas de nuestra pequeña historia local: los Mestre y los Porras.

La noticia en cuestión apareció en la cuarta (y última) página del número correspondiente al lunes 27 de agosto de 1900 del prestigioso vespertino madrileño llamado “La Correspondencia de España”. “La Corres”, como se le conocía popularmente, era un periódico de ideología liberal conservadora fundado en 1859 por Manuel María de Santa Ana, y que desaparecería en 1925, pero que en esos inicios del siglo XX era uno de los diarios más leídos de la prensa nacional con sus aproximadamente 50.000 ejemplares editados cada jornada, en competencia directa con “El Imparcial” y “El Liberal”. Después de haber sido dirigido por Andrés Mellado de 1891 a 1897, de este año a 1903 lo será por Fernando Soldevilla.

Bajo el título “Desde Puertollano”, y fechada el 24 de agosto, un redactor (que firmaba al final con las iniciales “M. M.”) desgranaba en cuatro bloques diferenciados una crónica que comenzaba así: “Me encuentro accidentalmente y por pocas horas en esta importante población, cuna del sabio doctor Limón Montero, que dio gran impulso al estudio de la hidrología médica con su célebre obra Espejo cristalino de las aguas de España, hace tres siglos publicada.

Siempre que de este célebre doctor me ocupo, no puedo por menos de recordar la solemne promesa que se dignó hacerme un distinguido director de baños, referente á dar dictamen respecto a las aguas del Pozo Santo, ya analizadas por el reputado jefe del Laboratorio municipal de Madrid, Dr. Chicote. Seguramente que muchos habrán supuesto que había abandonado aquel célebre y salutífero manantial que brota en la casa núm. 4 de la calle de San Bernardino; pero con lo dicho, basta y sobra para demostrar lo contrario Por consiguiente, quedamos en que el asunto está en pie”.

Sólo cabría destacar en este primer bloque esa extraña alusión (sobre todo por fuera de lugar) al doctor Limón, al que el por ahora anónimo redactor parece conocer bien, a lo que sigue un tema que podríamos llamar “particular” y referido a unas aguas medicinales madrileñas que poco o más bien nada nos interesan.

Mucho más interesante es el segundo bloque de la noticia. Es el formado por estos dos párrafos: “Ahora consignaré que esta importante villa es una de las principales de la provincia de Ciudad Real, pues sus cuencas carboníferas no pueden dar abasto a los pedidos que de todas partes se interesan; a tal punto, que exceden de 200.000 las toneladas que se exportan de las minas “Demasía a la Extranjera”, “María Isabel”, “Argüelles”, “Dos Amigos”, “Mejor de Todas” y “Extranjera”.

Dichos centros de producción, unidos a los cuatro ferrocarriles que cruzan su suelo y al venero medicinal que brota en el Prado de San Gregorio, son motivos más que suficientes para considerar a esta villa como una de las más ricas en su clase, de España”.

Se apunta aquí la creciente importancia que estaba adquiriendo la explotación del carbón de la cuenca, con el continuo aumento de la demanda del mismo. Aunque dicha explotación apenas si tenía veinte años de antigüedad y sólo estuviesen abiertos por entonces los seis pozos a los que cita, es interesante que se aluda también a los cuatro ferrocarriles (tanto de vía ancha como de estrecha) que había en la localidad y, nuevamente, a la presencia del agua agria como los tres puntales en los que se asentaba la economía local.

Más interés reviste el tercero de los bloques del artículo, que se convierte en su inicio en un verdadero panegírico de un importante prócer local: “El Municipio, presidido por el celoso e incansable alcalde y rico propietario D. Emilio Porras, no perdona medio á fin de embellecer la población.

A dicho alcalde se debe, en gran parte, la fundación de la feria que anualmente se efectúa en los primeros días de mayo, la cual ha llegado a ser la más importante de esta región, debido a las muchas transacciones que se hacen, particularmente en toda clase de ganados.

Las calles, que hace pocos meses estaban con piedras rodadizas y hoyos sin cuento, hállanse perfectamente empedradas; los paseos cuidadosamente atendidos; la instalación de luz eléctrica es potente y profusa, y a seguir así, Puertollano podrá figurar muy en breve entre los pueblos mejor presentados de España.

El Municipio no descuida ni por un momento la instrucción pública, y en corto plazo se alzará elegante edificio, destinado a tres escuelas de niños, niñas y párvulos; un matadero, otro edificio destinado á Casa Consistorial, capaz para establecer además de la alcaldía, el juzgado municipal, la administración de Correos y el gabinete telegráfico; también en breve se acometerá una importante obra, consistente en separar el venero medicinal para los enfermos, del resto del vecindario, que desde tiempo inmemorial la usan a todo pasto, y se acentuará más y más el embellecimiento de los paseos, al cual no es ajeno el activo contratista de las aguas, D. Juan de Dios López.

En una palabra, Puertollano por sus centros de producción, por sus aguas y por la bondad de sus habitantes, figurará a la cabeza de los pueblos cultos y ricos”.

Ya dijimos en el “especial” de “La Comarca de Puertollano” del mes de mayo que fue el concejal republicano y terrateniente don Dionisio Gómez Jiménez, el que insistió desde 1883 a los sucesivos alcaldes de Puertollano sobre la conveniencia para la economía local de organizar la feria de mayo, siendo don Fulgencio Arias el único que finalmente le hizo caso, en 1895. Al margen de ese bien conocido hecho, también cabe poner en entredicho algunos de los datos que aquí se aportan, pues habrá de esperarse casi dos décadas para tener algunas de las mejoras en infraestructuras que aquí se anunciaban para ver hechas realidad “en corto plazo”, aunque no es menos cierto que el corto mandato de Emilio Porras al frente del ayuntamiento fue uno de los más fructíferos de toda la historia para la ciudad.

Hijo de Juan Antonio Porras y Dolores Delgado, Emilio Porras Delgado se casó en 1864 con Ana Duarte, integrante de otra conocida familia local, y tuvieron seis hijos: Eugenio, María Ángeles, Antonio, Francisco, Emilio y María Dolores. Propietario, fabricante de pan y alcalde de Puertollano desde 1900, no era alguien en absoluto desconocido para el periódico madrileño, que el 10 de mayo de 1901, recién acabada la feria de ese año, publicaba en los “Ecos de provincias” una nota sobre Puertollano: “La feria que tanto renombre ha alcanzado en esta región, ha terminado, siendo muchas las transacciones que se han llevado a cabo. El paseo de Nuestra Señora de Gracia ha estado animadísimo, y el alcalde presidente de esta localidad, D. Emilio Porras, cuyo celo es tan notorio, puede estar satisfecho de la organización de los festejos. (...) Para el año próximo, y accediendo a la iniciativa de un antiguo redactor de La Correspondencia de España, casi hijo de esta localidad, tiene proyectado el distinguido alcalde Sr. Porras, colocar una lápida conmemorativa del insigne doctor Limón Montero, o invitar al acto a una comisión del cuerpo de médicos directores de baños, ya que el insigne doctor fue el primero que hace tres siglos escribió sobre hidrología en su interesante libro Espejo cristalino de las aguas de España. De llevar a la práctica el Sr. Porras su pensamiento, será colocada la lápida en el templete que se levanta en el Prado de San Gregorio, en cuyo fondo brotan las prodigiosas aguas medicinales.

Esta insistencia con la figura del doctor Limón va de la mano con nuevas alabanzas a don Emilio Porras, y es relevante que en el propio periódico madrileño se diese cuenta del fallecimiento de don Emilio dos años más tarde, pues el 22 de mayo de 1902 publicaba: “Ha fallecido en Puertollano el rico propietario y alcalde presidente de dicha población, D. Emilio Porras”.

Pero será en el cuarto y último de los apartados que integran esta crónica en el que se nos aporten los datos más relevantes. Dice así: “Se hacen grandes preparativos para celebrar en septiembre la festividad de Nuestra Señora de Gracia, patrona de esta localidad.

La imagen de Nuestra Señora, tan venerada por el vecindario, lucirá rico y elegante manto, cuya rica tela se ha tejido en Valencia y cuyo manto se ha confeccionado en Bilbao, mereciendo elogios de S. M. la reina regente, que ha tenido ocasión hace pocos días de examinar tan preciosa obra de arte. Las andas en que será llevada procesionalmente la excelsa titular, se han hecho en Valencia. En una palabra, la festividad promete ser un acontecimiento religioso.

Las dos bandas de música que tomarán parte en el festival, perfectamente organizadas por reputados maestros, hacen honor a los profesores y a los individuos que las forman. Habrá tracas, fuegos artificiales, elevación de globos, cucañas, corridas de toros, bailes públicos, iluminaciones y otra diversidad de festejos. La fiesta religiosa será solemnísima y merecen plácemes el virtuoso párroco D. Claudio Cebrián y el mayordomo de la ermita D. Maximino Ferrero que trabajan de consuno para llevar a efecto el notable acto religioso. Marcho a Madrid; luego a Alicante a fin de cerrar el periodo de la Orden”.

Muchos temas pueden ser objeto de comentario en esta ocasión. En primer lugar, parece claro que el florecimiento de la economía local también tuvo su repercusión en un aumento del ajuar propio de la Virgen: se nos dice que iba a estrenar un manto que había sido alabado por la propia reina María Cristina (segunda esposa de Alfonso XII y regente del reino durante la minoría de edad de su hijo Alfonso XIII, que en ese año de 1900 contaba con 14 años) y también unas nuevas andas, pues hemos de recordar que la costumbre de usar una carroza para trasladar la imagen en procesión es posterior a la guerra civil.

En cuanto a las bandas de música que tomarían parte en la celebración religiosa, no aparece del todo claro si ambas eran de nuestra localidad. No lo creemos, porque si así fuese, esto entraría en contradicción con la noticia que dimos en mayo referente a la fusión de las dos bandas existentes en una sola con ocasión de la primera feria, en 1895, bajo la dirección de Enrique Cordero Pagés. Sea como fuere, la participación de estas bandas (y más si una de ellas venía de fuera) vendría a acentuar la gran importancia de la celebración, al calor del florecimiento económico, y con una cantidad de festejos que asombra por su variedad y calidad (fuegos artificiales, toros, bailes, etc.).

Por lo que se refiere a don Claudio Cebrián, es sabido que fue el párroco de la Asunción durante más de cuatro décadas, entre 1879 y 1920, y que marcó con su fuerte personalidad la vida local en esos trascendentales años; pero es mucho menos conocida la figura del mayordomo de la ermita, Maximino Ferrero. Hay que decir que el mayordomo era la persona a quien el patrono de la ermita (el ayuntamiento) encargaba la administración del edificio y ante el que estaba obligado a rendir cuentas periódicamente, en un cargo que existió desde la construcción del templo y desapareció con su transformación en parroquia en 1956. Maximino Ferrero Adánez ostentó el cargo concretamente de 1895 a 1912, sustituyendo en el cargo a Gregorio Morales Valderas (que lo fue de 1876 a 1895), y siendo el antecesor de Pantaleón Rodríguez (de 1912 a 1925). Los dos últimos fueron Juan de Dios Muñoz López (de 1925 a 1943) y Enrique García Serna (de 1943 a 1956).

Para finalizar su artículo, y antes de firmar como “M. M.”, el periodista decía que marchaba a Madrid y luego a Alicante para “cerrar el periodo de la Orden”. Enigmáticas palabras pero que tienen para nosotros una fácil explicación: el periodista tenía hondas raíces en Puertollano, y no era otro que Ramiro Mestre Martínez, de ahí esas iniciales de la firma. Nacido en Madrid el 11 de enero de 1847, era hijo de Carlos Mestre Marzal (natural de Valencia) y Juana Martínez, natural de Puertollano, y cuatro de sus hermanos (Pascual, José María, Jacinto y Consuelo) nacieron en nuestra ciudad porque lo hicieron durante el periodo de baños (de junio a septiembre), momento en el que su padre, médico-director del balneario, y su familia se trasladaban desde su residencia habitual en Madrid hasta Puertollano para pasar el verano.

Ramiro Mestre cursó la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad Central y comenzó su trayectoria como periodista a la temprana edad de 20 años, siendo redactor de “La Correspondencia de España” desde 1867 hasta su muerte, y compaginando esta actividad con la de autor en verso de pequeñas comedias teatrales y coautor de un tipo de publicación muy popular en su tiempo, “El Almanaque de La Correspondencia”, también llamado “El Sui Géneris”.

Pero sin duda la actividad que le dio más fama a nivel nacional fue la de ser en la práctica el primer agente de viajes de España, al organizar por iniciativa propia en 1893 los primeros “trenes botijo”, trenes económicos que circularon sin interrupción hasta 1917. Desde las páginas de “La Correspondencia de España” difundió y cantó las bondades del clima alicantino en Madrid, propiciando la masiva afluencia de madrileños que, cargados incluso con sus botijos, y por sólo 12 pesetas el trayecto de ida y vuelta, afrontaban un “eterno” viaje en tren desde Madrid hasta Alicante. Gracias a estos trenes, miles de madrileños pudieron ver el mar por primera vez y como consecuencia de dichos viajes Mestre fundó la festiva “Orden Botijil”, de la que era “Patriarca”. En agradecimiento a su iniciativa, el Ayuntamiento de Alicante tomó el acuerdo de nombrarle hijo adoptivo el 23 de septiembre de 1898 y puso su nombre a una céntrica calle en 1927. A su fallecimiento, el 8 de enero de 1922, Mestre era cronista oficial de Alcalá de Henares e inspector de dementes de la Beneficiencia provincial, y se encontraba en posesión de la Encomienda de la Orden de Carlos III.

Hijo, como queda dicho, de Carlos Mestre Marzal (fallecido en Puertollano el 5 de agosto de 1876) y nieto del también médico-director Carlos Mestre Porcar (que murió en Puertollano el 19 de septiembre de 1855, a causa de una epidemia de cólera), tenía por tanto un conocimiento muy directo de la importancia de la labor del doctor Limón y usó su influencia ante el alcalde Emilio Porras para hacerle un homenaje que finalmente no vio la luz. Con todo, sus frecuentes visitas a nuestra ciudad a pesar de su trabajo diario como periodista en Madrid tenían una poderosa razón que conocemos por otra noticia de “La Correspondencia de España”: el 29 de noviembre de 1902 se publicaba que “Nuestro querido compañero Ramiro Mestre Martínez se encuentra hoy bajo el peso del mayor dolor por la muerte, acaecida en Puertollano, de su madre, la virtuosa señora doña Juana Martínez. Las relevantes dotes de caridad y de virtud que adornaban a la finada han hecho que su muerte sea sentida por cuantos tuvieron la dicha de tratarla y un motivo de duelo general en Puertollano.

Mestre Martínez puede tener la seguridad de que la redacción de La Correspondencia de España se asocia de corazón a su profundo sentimiento, deseándole resignación cristiana para llevar tan irreparable pérdida”.

Curiosamente, en el número correspondiente al 2 de diciembre siguiente se recogía una noticia en la que se decía que Mestre Martínez se había convertido involuntariamente en protagonista y redactor: de vuelta hacia Madrid después de asistir al sepelio de su madre, había tomado el tren correo procedente de Badajoz, y éste había descarrilado por completo a las seis y media de la mañana dos kilómetros antes de llegar a la toledana estación de Algodor, produciéndose en el suceso seis heridos leves por contusiones y pequeñas heridas. Según relató Mestre en su crónica, el suceso se produjo por un desprendimiento de tierras en el terraplén a causa del temporal de lluvias.