Edición mensual - Septiembre 2012 - Fiestas Patronales

COLABORACIONES

Ecce Homo, también en Puertollano

José D. Delgado Bedmar

Nº 244 - Fiestas Patronales

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Una de las noticias que más repercusión ha tenido a todos los niveles en el verano próximo a acabar, ha sido la “restauración” que la octogenaria Cecilia Giménez ha intentado hacer de una pintura realizada en 1930 por Elías García Martínez sobre uno de los muros del Santuario de Misericordia de Borja. Medios de comunicación y redes sociales de todo el mundo se han hecho eco de una cuestión que en realidad no tiene una gran importancia desde un punto de vista patrimonial y artístico, pero que ha “puesto en el mapa” a este pueblo, situado a 63 kilómetros de Zaragoza. Ciertamente, no se trataba de una obra representativa ni completamente original, pero la buena intención de Cecilia y los resultados obtenidos (aunque su autora insista en que no ha acabado su labor), han venido a demostrar sobre todo el extraordinario poder de difusión de los medios modernos: millones de personas han podido conocer un tema chusco en buena medida y que quizá en otro contexto no hubiera pasado de ser una anécdota sin mayor relevancia.

Pero hete aquí que Puertollano, localidad no precisamente conocida por su patrimonio histórico, posee entre las piezas supervivientes a siglos de desidia, guerras y revoluciones, un Ecce Homo que sufrió en su momento un proceso de “restauración” que, salvando las oportunas distancias, puede equipararlo al caso de la pintura mural borjana.

Se trata de un óleo sobre lienzo de aproximadamente cuarenta centímetros de alto por treinta de ancho en el que se representa la figura de Cristo con la corona de espinas -“Ecce Homo”-, aunque en una visita de la ermita de San Mateo (actualmente de la Virgen de la Soledad) realizada en 1719 se le llama “Jesús con la soga al cuello”.

Este cuadro estaba entonces presidiendo el altar de la nave de la epístola de esta ermita, realizado en yeso, y tenía un marco dorado, y es la única de las casi cincuenta obras que en ese año había en los diferentes templos de la ciudad que ha llegado hasta nuestros días, aunque no incólume: una revisión de su dorso nos revela que en una fecha indeterminada fue traspasado en cinco o seis ocasiones por un objeto punzante, lo que motivó una “restauración” de alguien aficionado a la pintura que quiso recuperar su visibilidad general pero modificó irreversiblemente su antiguo aspecto: la mezcla de colores, la impericia de las numerosas pinceladas y la clara invención de algunas zonas seguramente perdidas (sobre todo en la zona del manto), supuso que el cuadro del que ahora disponemos tenga poco que ver con un original que muy posiblemente tampoco tuviera un gran valor, aunque es difícil saberlo por lo que ha llegado hasta nosotros.

Quede pues apuntado, y para conocimiento general, que muchos años antes que Borja, Puertollano tuvo también su particular “Ecce Homo”, aunque la imposibilidad de poder comparar el aspecto anterior con lo que ahora podemos ver, nos impida saber si nuestro particular restaurador o restauradora reinterpretó con mayor o menor fortuna la obra primitiva.