Edición mensual - Octubre 2011 - Sociedad

El General Narváez vuelve a Puertollano

José D. Delgado Bedmar

Nº 239 - Sociedad

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Reciente aún la polémica suscitada por el cambio de denominación de algunas calles en Villamayor de Calatrava, que ha llamado incluso la atención de medios de comunicación nacionales, “Intuición” publica el plano callejero de Puertollano, Almodóvar del Campo y Argamasilla de Calatrava correspondiente al año 2011.

Un somero repaso en el de nuestra ciudad a nombres y ubicaciones nos permite comprobar que las cosas han cambiado muy ligeramente en los últimos años: se mantienen, como no podía ser de otra manera, las denominaciones tradicionales de las avenidas, calles y plazas de la zona centro; el grupo de calles con nombres de localidades, islas, regiones y provincias españolas en El Poblado; las de nombres de pueblos de la provincia en las calles “históricas” de las 600; o las mucho menos conocidas siete calles con nombres de ríos españoles de la Barriada de San Esteban, por poner varios ejemplos. De igual modo, resalta sobremanera en este callejero el grupo de calles con nombres de mujeres (algunas de ellas aún muy jóvenes y de no muy larga trayectoria) que se ubican en los adosados construidos detrás del hospital o los nombres de cantantes y compositores que tienen las nuevas calles creadas entre la carretera de Argamasilla y el estadio “Francisco Sánchez Menor” (de Montserrat Caballé a Rocío Jurado, del Maestro Rodrigo a John Lennon, de Antonio Molina a Miguel Ríos, de Luz Casal a doña Concha Piquer).

Según el criterio de cada momento, la historia, la literatura, el arte, la geografía, la botánica, la política, el santoral, la arquitectura, la música o la medicina han sido disciplinas que han servido para nominar espacios urbanos; y a ellas habría que unir la costumbre, los oficios, las tradiciones o los “hijos ilustres” de cada localidad en este ejercicio de público homenaje, recuerdo, oportunidad política o simple descripción que supone el poner nombre a una vía pública.

De la lectura de los nombres de las 508 calles, avenidas y plazas de Puertollano (21 de ellas situadas en El Villar) extraemos que esto es así en líneas generales. Centrándonos en el siglo XIX, observamos el recuerdo a la Guerra de la Independencia en calles como Dos de Mayo, Daoiz y Velarde, Palafox o Agustina de Aragón, con algunos precedentes como Trafalgar y Churruca. Aunque falte Canovas del Castillo, tampoco está mal representado el último tercio de siglo con los nombres de Castelar, Sagasta, Prim o Pi y Margall. De igual modo, la prolongación al primer tercio del siglo XX cuenta con el recuerdo a Canalejas o al científico Leonardo Torres Quevedo.

Dejando a un lado el caso del general Prim, el del marino Casto Méndez Núñez o el para nosotros totalmente desconocido Teniente Giraldo, el mundo de la milicia se representa tan sólo con el nombre de un paisano ciudadrealeño: el general Francisco Aguilera (1857-1931). Pero faltarían tres muy importantes nombres, tres generales llamados “Espadones”, que fueron sucesivamente presidentes del Consejo de Ministros y que protagonizarán la vida política española a lo largo del segundo tercio del siglo XIX.

El primero de ellos, Baldomero Espartero, nació en Granátula de Calatrava en 1793 y será regente del reino durante la minoría de edad de Isabel II, amén de muchas otras cosas, y creemos que el simple “paisanaje” o la relevancia de su figura histórica son razones bastantes como para haberle llevado a nuestro callejero. El tercero, el canario Leopoldo O´Donnell, sustituirá a Espartero como presidente del Consejo en 1856, volviendo a serlo en otras dos ocasiones más, de 1858 a 1863 y de 1865 a 1866, y siendo una figura bastante menos conocida a nivel popular, está indirectamente representado a través de la calle Tetuán, batalla ganada en 1860 por este general y que asegurará la presencia española en el norte de África.

Por último, el segundo de los generales que estamos tratando tampoco tiene hoy absolutamente nada que recuerde a su figura en nuestra ciudad, a pesar de la enorme importancia que tiene para el desarrollo urbanístico contemporáneo de la misma: nos referimos al general don Ramón Mª Narváez y Campos. Es bien sabido que Narváez vino a los baños de Puertollano a mediados del siglo XIX y su figura se ha vinculado tradicionalmente con la Casa de Baños, a la que hasta no hace tanto tiempo también se conocía como “casa del General Narváez”, pero apenas se sabe nada de lo acontecido durante estas visitas “terapéuticas” al Puertollano decimonónico.

Este desconocimiento general está hoy a punto de acabar gracias a “Intuición”, que a pesar de los difíciles tiempos que corren, se embarca nuevamente en una aventura editorial que pretende sacar a la luz las circunstancias en las que se desarrollaron estos viajes veraniegos en busca de salud del que por entonces era el equivalente a nuestro Presidente del Gobierno. Con esto, y probablemente antes de que finalice el presente año, un nuevo libro de historia de nuestra ciudad llegará a las librerías y contribuirá a conocer algo mejor nuestro pasado, esperamos que de una manera amena pero sin perder por ello el rigor científico.

Casi ciento sesenta años después de su última visita, el general Narváez vuelve a Puertollano.