Edición mensual - Septiembre 2011 - Opinión

El poder de las palabras

CNT Puertollano

Nº 238 - Opinión

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Por increíble que parezca, una gran mayoría de la población considera imposible el acabar con el Sistema Capitalista, como si la Humanidad no hubiera conocido jamás otra forma de organización económico-social. Sin embargo, hay que recordar que el capitalismo tiene poco más de dos siglos de existencia, lo cual es un período brevísimo en la historia de nuestra especie, y fue precedido por otros sistemas que acabaron desapareciendo, porque todos ellos se basaban en la injusticia social y en la desigualdad económica.

Lo cierto es que nos ha tocado subsistir bajo un sistema en el que -como su propio nombre indica- el lugar más destacado lo ocupa el capital, o sea, el dinero, quedando por detrás los auténticos valores: la libertad, la dignidad, la vida, la salud, el amor, la amistad... Todo se aplasta, todo se atropella, todo se aniquila, cuando de enriquecerse lo más rápidamente posible se trata, y no importa la extinción de especies animales o vegetales, y parece no importar siquiera la extinción de la propia especie humana, a la que -desgraciadamente- pertenecen también esos monstruos enloquecidos por la codicia.

La base fundamental del sistema capitalista reside en la institución de la propiedad privada, y esto es algo que no varía, independientemente de quien ostente el poder o del régimen que pueda existir en cada momento y en cada país. Al final, el problema no es de ideologías políticas, ni de nacionalidades, ni de etnias, ni de religiones, sino únicamente de clases sociales, una de ellas explotadora y otra explotada, una dominante y otra dominada, y la clase explotadora y dominante no tiene ningún tipo de escrúpulos morales a la hora de alcanzar sus objetivos.

Esa clase posee los medios de producción y de distribución, adquiridos en su origen por la fuerza, y en suma por la fuerza se mantienen, y no importa ni la destrucción del medio ambiente, ni el agotamiento de los recursos naturales, ni las innumerables guerras que constantemente se producen en el planeta.

Pero, por si fuera poco todo lo dicho, el capitalismo es el único sistema en la Historia cuyas crisis lo son de sobreproducción, y no de carencia, y tales crisis se repiten periódicamente, como es sabido. Y en este sistema la Banca representa el auténtico corazón, que se dedica a especular utilizando el dinero ajeno, dinero que actualmente gran parte ni siquiera existe, tratándose más bien de dinero virtual, lo que no impide que el capitalismo se considere a sí mismo como un régimen económico fundado en el predominio del capital como elemento creador de riqueza.

Y han sido, precisamente, las maniobras especulativas de las cúpulas financieras las que han provocado la crisis económica en la que actualmente nos encontramos, que estamos sufriendo los trabajadores y las capas populares más débiles. La burguesía, que en estos momentos se siente fuerte -ante la inexistencia de un movimiento obrero digno de tal nombre y con entidad suficiente como para hacerla frente- ha pasado al ataque, y lo quiere todo.

Y es que si en el siglo XIX se acuñó el término liberalismo como sistema en el que se limitaba la intervención de los poderes públicos en la vida social, económica y cultural, siendo el Estado una especie de árbitro, en nuestros tiempos se habla de neoliberalismo, que consiste, fundamentalmente, en que la burguesía ha conquistado el aparato del Estado y lo ha puesto a su servicio directo de manera exclusiva, utilizándolo contra los trabajadores.

Esta situación no debe seguir y se le debe hacer frente. El aceptarla sumisamente va contra la propia dignidad, y una cosa está clara: o acabamos con el capitalismo o él acabará con nosotros, sin tardar mucho. Y que nadie nos llame utópicos, porque hace más de setenta años, los trabajadores españoles demostraron en la práctica que se puede prescindir del capitalismo, y que este sistema puede ser sustituido por uno mucho más perfecto, justo, libre e igualitario, las colectividades. Realmente lo utópico es creer que el capitalismo puede ser reformado y mejorado.