Edición mensual - Septiembre 2011 - Opinión

También hay economistas indignados

Félix Calle

Nº 238 - Opinión

Imprimir

De todos es conocido el movimiento 15-M que tantos días han monopolizado las portadas de gran parte de los diarios nacionales e incluso algún que otro extranjero.

Pero es posible que mucha gente desconozca que en el 2010, un grupo de economistas publicaron su “Manifiesto de Economistas Aterrados” (el original Manifeste d´economistes atterrés. Editorial Pasos Perdidos, S.L.) y que actualmente cuenta con más de tres mil economistas y otros profesionales que lo han firmado. Aterrados al constatar la situación económica financiera mundial y que no se resignan a aceptar la consagración de la ortodoxia neoliberal y consideran imprescindible cambiar el paradigma dominante en las políticas económicas en Europa.

Es posible que el movimiento 15-M, bebiera de ésta fuente económica (por algo fue anterior) y sentara las bases de sus planteamientos ante la situación de crisis financiera imperante. En cualquier caso, el referido manifiesto trata de desmantelar las políticas económicas que hasta hoy se han llevado a cabo y que se han mostrado sumisas y complacientes ante las exigencias de los mercados financieros. Y lo han manifestado en lo que han llamado “falsas evidencias”; que aquí sería complicado de analizar en toda su extensión debido al lógico límite de espacio. No obstante, podemos hacer una exposición lo más clara y concisa posible, para entendimiento de cualquier lector neófito en el tema económico:

a)No es cierto que los mercados financieros sean eficientes, ya que la crisis se ha encargado de demostrar que los mercados no permiten una asignación eficaz del capital y que la competencia financiera no produce necesariamente precios justos.

b)No se pueden considerar a los mercados financieros como motores que favorecen la actividad económica, pues su único fin es estar al servicio del accionariado y que sean las finanzas quienes dicten las normas de rentabilidad exigida.

c)Los mercados no son buenos jueces de la solvencia de los estados. No tenemos más que comprobar el juego sucio que practican las agencias de calificación.

d)El alza excesiva de la deuda pública no es consecuencia de un exceso de gasto. Sólo hay que realizar una auditoría pública de las deudas para determinar el origen y conocer la identidad de los principales poseedores de títulos de las deudas.

e)No hay que reducir los gastos para reducir la deuda pública. Una reducción simultánea y masiva de los gastos públicos del conjunto de los países de la Unión Europea agravaría la recesión y con ello un nuevo incremento de la deuda pública.

f)El euro no es un escudo contra la crisis. Eso es lo que tendría que haber sido, pero no lo es. La prueba es que Europa está siendo más afectada, de manera más dura y prolongada por la crisis que el resto del mundo.

En fin, esto no es más que una pequeña exposición del pensamiento económico de estos economistas que, a la vista de cuanto está sucediendo vamos a tener que darles un mínimo de credibilidad, porque con las políticas que hasta ahora se han venido practicando no han evitado que EEUU, Europa y algún país asiático permanezcan no sólo estancados económicamente sino al borde de algo más grave.

En cuanto a lo que nos afecta más directamente, Europa, una vez hemos aceptado y adoptado las medidas neoliberales que nos sacarían de esta situación, motivo de la “rebeldía” de los autores del Manifiesto y que evidentemente no han dado el resultado esperado ¿podemos confiar y otorgar credibilidad a los líderes francés y alemán convertidos en caudillos de esta cruzada?

Estos economistas enojados están convencidos de que seguir con las mismas políticas de ajustes y el mismo pensamiento económico, va a provocar otra crisis financiera que a su vez provocará más recesión y por consiguiente una nueva crisis de deuda soberana. Nos tememos lo peor, pero vamos a permitirnos una pequeña dosis de esperanza en que estén equivocados. Ya que nos imponen un esfuerzo económico hagamos por nuestra cuenta un esfuerzo optimista que al menos no supone un coste monetario.