Edición mensual - Septiembre 2011 - Historia

Cartas desde Toledo

Imágenes para una historia de Puertollano (XXII)

José D. Delgado Bedmar

Nº 238 - Historia

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Finalizábamos el pasado mes con el tratamiento de la que para nosotros es la primera imagen conocida de la Fuente Agria de Puertollano, que se recordará que aparece recogida –y, sobre todo, singularizada- en el dibujo del mapa del Interrogatorio del Cardenal Lorenzana a finales del siglo XVIII, pero justo es recordar igualmente que también en el mapa contenido junto a las respuestas dadas algunos años antes al Catastro del Marqués de la Ensenada se halla una pequeña construcción en esa misma zona y de la que no hay más referencias en el documento, pero que bien pudiera tratarse de la ermita de San Gregorio o de la propia fuente.

A nada conduce elucubrar al respecto, por lo que lo dejaremos ahí por el momento y proseguiremos nuestro camino con la finalización en esta estival “Carta desde Toledo” del ya más que dilatado análisis que a lo largo de los últimos quince meses hemos venido realizando del mapa del Interrogatorio “cardenalicio”, tratando de la última de las ermitas que en él se contienen: la de la Virgen de la Soledad o de San Mateo.

Un somero vistazo nos permite comprobar en el referido mapa que, al estar completamente rodeada por las casas y no ser de una gran altura, la ermita “de N. S. de la Soledad” (como se la denomina) apenas si sobresaldría por entre el caserío circundante y, de hecho, escasamente se puede distinguir la “E” mayúscula que nos indica el lugar en el que estaría situada. Tampoco se dice absolutamente nada de ella en el texto del Interrogatorio de Lorenzana, por lo que habremos de acudir una vez más a lo recogido en el para nosotros muy fructífero viaje que los visitadores de la Orden de Calatrava giraron en el año 1719 a los edificios religiosos del campo calatraveño, que la visitaron y dejaron constancia de lo que vieron en un documento que hoy se conserva entre los fondos del Archivo Histórico Nacional.

Pero antes de tratar de esta visita, habremos de recordar que de este edificio en concreto sí que disponemos de un estudio que nos acerca a su historia y a su arte, y no es otro que el impagable trabajo realizado por nuestro buen amigo José Rafael González Romero y publicado precisamente hace ahora una década por Intuición Grupo Editorial, con ocasión de las obras de restauración que por entonces se llevaban a cabo. Un centenar de páginas en las que se estudia en profundidad este inmueble, con una importante base documental constituida sobre todo por otras visitas calatravas, concretamente de los años 1537, 1577 y 1608.

Gracias a González Romero pudimos saber, por ejemplo, que a principios del siglo XVI (en 1507) se estaba poniendo el tejado a la ermita, aunque creemos que eso es algo que no era excepcional en la época, pues no eran pocos los edificios que estaban simplemente cubiertos por palos y retama. En nuestra opinión, estas labores constructivas no vendrían a indicar, por tanto, que la ermita estaba finalizando su construcción por esos años, y creemos que la misma hay que retrotraerla a la época bajomedieval, posiblemente a al menos un siglo antes.

También ha demostrado González Romero que en 1637 ya había una imagen de la Virgen de la Soledad en uno de los altares de la ermita, que pertenecía a la Cofradía de la Vera Cruz, y que su importancia iría creciendo hasta postergar a la poco habitual y primitiva advocación de San Mateo, hasta el extremo de que ya en el libro fundacional de la Cofradía del Cristo de las Maravillas y señor San Miguel, en 1777, se dice que la ermita era de “Señor San Matheo y de la Soledad”. Poco después, en el mapa de Lorenzana, ya se la denomina sólo como de la Virgen de la Soledad, como hemos visto, pero es frecuente encontrar en los documentos esta advocación compartida hasta bien entrado el siglo XIX.

Pero nos interesa más ahora conocer cómo era la ermita en la época que estamos tratando. La visitaron don Pedro de Quintana Alvarado y frey don Antonio de Torres y Rincón el 20 de diciembre de 1719 y constataron que la entrada se realizaba entonces desde la actual calle de la Soledad (que se llamaba “de la casa del Beneficio”), en la que había una portada de ladrillo con dos puertas, desde la que se pasaba a un portal amplio que daba a un patio bien empedrado en el que había un pozo y al que daba la portada de la ermita propiamente dicha, a la que se accedía a través de una buena portada de piedra, y que estaría situada donde actualmente está el altar mayor.

Constataron que la ermita estaba compuesta “de tres naves, que las dibiden tres arcos fuertes y buenos”, y una vez en el interior vieron que la capilla principal estaba “toda ella adornada de pinturas sobre yeso”, con un altar mayor presidido por una imagen de un “Christo Crucificado de estatura natural, muy devoto, con velo de gasa”, flanqueado por las imágenes de la Virgen de la Soledad y de San Mateo, cotitulares del edificio pero que no presidían el altar principal.

Los altares que había en la cabecera de las otras dos naves estaban realizados en yeso y presididos por un cuadro de “Nuestro Señor con la soga al cuello” el correspondiente a la nave de la Epístola y por una imagen de San Francisco el de la nave del Evangelio, hecho éste que quizá habría que poner en relación con la cercanía del convento franciscano de la localidad, que se hallaba entonces a menos de cien metros de la ermita. Una puerta secundaria (que se correspondería con la actual) estaba orientada al mediodía y junto a las dos había pilas para el agua bendita.

Más interés tiene en el caso concreto de esta ermita un aspecto creemos que poco conocido: en el patio de entrada se situaba una casa, entonces ocupada por Juan Antonio López, “maestro de escuela de esta villa y él mismo cuida de dicha Ermita”. Según parece, la casa era de propiedad municipal, y se cedía al maestro gratuitamente a cambio del cuidado del edificio religioso, en el que asumía la función del santero o mayordomo. Estaba compuesta por un portal mediano, un cuarto pequeño sin puerta que servía de dormitorio, una cocina con una venta pequeña que daba al patio y otro cuarto algo mayor que servía de dormitorio junto al que había una escalera para subir a una cámara que recorría toda la vivienda. Un pequeño corral posterior completaba el conjunto.

Un documento citado por González Romero y fechado en 1789 (y, por tanto, estrictamente coetáneo al Interrogatorio de Lorenzana), nos ofrece unos muy interesantes datos. Conservado en el Archivo Municipal, está redactado por Julián Mayorga, maestro de primeras letras, que escribe al ayuntamiento exponiendo que “es notorio que como tal maestro ha habitado y habita para la enseñanza de niños en la casa accesoria a la hermita de Señor San Mateo por tener la comodidad suficiente de un portal que ai en ella y en que siempre han estado los citados niños hasta el presente, y respecto a que dicho portal se alla amenazando total ruina, de manera que le ha sido forzoso para precaber toda desgracia entrar los expuestos niños en el centro de dicha hermita en que se veneran también las ymágenes de Nuestra Señora de la Soledad y su Hijo Santísimo con la cruz a cuestas, en cuias ocasiones de estar con ellos en la dicha hermita son causa de quitar la devocion a muchos devotos, y no pudiendo por otro medio pasar a enseñar a los tales niños que no sea en la casa que le esta señalada como mas a proposito por la superioridad que la referida, que es del cargo de este ayuntamiento sus reparos como patrona la villa, lo hace presente a vuesas señorías para que les conste y en tiempo alguno se le atribuia morosidad”.

Y con este curioso testimonio sobre la enseñanza y la religión en el Puertollano de tiempos del Cardenal Lorenzana, damos por concluido el análisis del mapa de su Interrogatorio. Comenzaremos el próximo mes tratando otras imágenes que en un futuro pudieran servirnos para ilustrar una historia de nuestra localidad. Hasta entonces.