Edición mensual - Septiembre 2011 - Fiestas Septiembre

Posible

Nemesio De Lara Guerrero

Nº 238 - Fiestas Septiembre

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Creo que fue Clinton quien dijo que ningún gobernante puede pretender tener políticas sin política. Los indignados del 15-M y los indignados que no se manifiestan, y que son espectacular mayoría, cuestionan a los políticos, nos cuestionan, desde su imponente rabia interior, hasta el extremo de asegurar –lo hace el 70%, según una encuesta de Metroscopia de Junio de este mismo año- que no se siente representado por ningún partido político. También el Barómetro del CIS del Junio reciente publicaba que un 24,7% de los encuestados menciona a los políticos como uno de los grandes males de España.

¿Es posible otra forma de hacer política? ¿Es posible la Política? Ambas cosas son posibles. Al menos, infinitamente más necesarias que posibles, tal como están las cosas.

Si encaramos el evanescente concepto “Política”, tanto a partir de la forma de gestionarla como de la de comunicarla, sería de necios negar que dedicamos la mayor parte del tiempo a lo segundo que a lo primero. Vivimos en una democracia mediática en la que el político de cualquier nivel institucional vive más pendiente de vender lo que hace que de hacer lo que después sería legítimo vender. Pero también en este sentido han cambiado radicalmente las cosas. Se emplea más tiempo en buscar las debilidades del adversario, gobierne o esté en la oposición, que en tratar de convencerlo o entenderlo de cara a construir futuro juntos. Y si no se le observan debilidades, inventárselas es lo más común. Ese es el juego, ese es el sistema, esa es la forma en que mejor se satisface a las bases del propio partido.

Es más conocido, y hasta reconocido, el político que mejor o más hirientemente descalifica, el más creativo a la hora de insultar, el más imaginativo cuando humilla al contrario, más ingenioso en pronunciar frases que después serán archirrepetidos titulares. “¿A qué se dedica usted? Yo, a desacreditar a mis rivales. Pues le será más fácil obtener acta de diputado, delegado, consejero…”.

Abrimos los periódicos o conectamos la radio o la televisión a sabiendas de que en este esquema social tan polarizado nos vamos a encontrar con muy pocas noticias de actualidad que estén total o parcialmente marcadas por algún contenido de actualidad política que no lleven un sello denunciador de lo que hace el otro. El votante y el simpatizante lo saben a priori. Y hasta eligen el medio que, por su línea, por su nombre, no va a defraudar sus expectativas denostadoras del partido con el que no “empatizan”. En la misma línea, gozan de gran popularidad los profesionales del periodismo que más lezna y descalificación meten en las llagas de éste o de aquel personaje público que no habitan en su círculo de opinión.

Sé que es muy reduccionista este planteamiento. De la misma forma que sé que hay medios y medios. Estoy generalizando.

Pero más arriba hablaba de Política. La brutal crisis financiera que nos embarga ha venido a subrayar algo que Carlos Marx ya había expresado hace casi 150 años: la primacía de la economía sobre la política. Él, acertada o equivocadamente, hablaba de lucha de clases, de modelos liberadores de la humanidad. La caída del Muro y tantas otras realidades vinieron a desmontar utopías fraguadas sobre hitos falsos en su aplicabilidad. Ahora estamos ante otros muros: los de la política incapaz de intervenir en la procuración del bienestar ciudadano, la resignación -la subordinación- ante el poder de los mercados financieros, la impotencia, desde sus escasos márgenes de maniobra, de los representantes de los ciudadanos pará decidir qué hacer porque, en lo esencial, hay otros que deciden por encima de ellos.

No tengo en mi mano ninguna solución que no suene a extravagante o “angelista”. Ni yo mismo, que me dedico a la política, soy capaz de enmendar mi propia plana que, desde dentro y desde el quehacer diario, se ve enfocada de otra forma. Expreso mi preocupación, hago autocrítica, que se difuminará tras la próxima primera vez en que me sienta descalificado por mis adversarios. Simplemente escribo lo que creo que pasa y hago una llamada, que suena a grandilocuente, en términos de capacidad para conseguir una respuesta, a las cúpulas de los partidos, empezando por el mío, para reflexionar juntos sobre otros modos de comportamiento.

Trabajar con más ahínco en la gestión que en el marketing, recordar siempre que la Democracia no puede vivir permanentemente bajo la férula de lo que Sartori define como Videocracia, centrarnos en un profundo debate ideológico más claro y diferenciador, del que tan huérfanos andamos en todas partes, exigir a las altas instancias europeas que intervengan de inmediato para que el poder de los Estados y de la misma Europa no pueda ser, como de hecho ya es, un adminículo del Gran Capital en forma de las Moody´s, Standard&Poor´s y Fitch de turno, etc., etc., etc., son objetivos que leemos todos los días en plumas periodísticas bienintencionadas y que comparto de pleno.

La Política, u otra forma de hacerla, tiene que ser posible, si no queremos que se derrumbe la convivencia democrática. Termino apelando de nuevo a Marx, que dijo: Las condiciones absolutamente desesperadas del tiempo en que vivo me llenan de esperanza.

Post scriptum: Deseo de corazón que las fiestas de Puertollano transcurran tranquilamente y fraternalmente, que la gente se divierta y facilite la diversión de los demás, que nos esforcemos en olvidar los pesares cotidianos, y que sepamos desprendernos de la carga de subjetividad pesimista con que muchas veces impregnamos las consecuencias de esta maldita crisis.