Edición mensual - Septiembre 2011 - Fiestas Septiembre

Oficios tradicionales perdidos de Puertollano

Los serenos

Luís F. Ramírez Madrid

Nº 238 - Fiestas Septiembre

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El Archivo Municipal de Puertollano realiza desde hace más de dos décadas actividades que tienen como fin rescatar y dar a conocer aspectos de nuestra historia. Hace años pusimos en marcha una nueva experiencia que consiste en explicar cómo eran los oficios tradicionales que el avance de la técnica arrinconó y los dejó como huella de la historia. Elaboramos unidades didácticas para darlos a conocer a la comunidad educativa y asociativa de nuestra localidad con muy buena acogida. Hoy, vamos a recordar uno de aquellos oficios de entonces: los serenos.

El desarrollo de la industria y el comercio fueron postergando viejos oficios hasta que muchos de ellos dejaron de existir. Este es el caso de la figura amable, comprensiva y benévola de los serenos, que desaparecieron hace ya bastantes años de las calles de las ciudades españolas. De ese modo, las noches de la ciudad se quedaron sin aquellos personajes, siempre dispuestos a acudir a la llamada de los vecinos, y que desempeñaban funciones muy útiles para los ciudadanos de a pie.

Hace siglos, bajo el reinado de Carlos III, se creó un cuerpo de serenos que, inicialmente, ayudó a encender el alumbrado público y mejorar la seguridad ciudadana durante las noches. Por razones obvias, a los serenos se les solicitaba buena conducta y buena voz para anunciar con claridad la hora y el parte meteorológico y no tener quehacer durante el día, con el fin de que pudieran realizar su trabajo de noche satisfactoriamente.

Indumentaria y Vestimenta

Como en tantos otros oficios, los serenos llevaban atuendo propio, una indumentaria que permitía que se les distinguiera: guardapolvos grises, una pequeña gorra de plato y una especie de mango de tres varas en la mano. También portaban un farolillo, que con el tiempo se convertiría en una linterna, y un amplio cinturón de cuero del que pendían manojos de enormes llaves de las casas que cada cual tenía estipuladas. Con el paso del tiempo, la figura del sereno y sus instrumentos fueron cambiando. El pito daría paso al silbato, la bata gris al capote y la lanza de tres varas, al palo con el chuzo.

Funciones de los serenos

En principio, las funciones de los serenos consistían en abrir los portales con sus llaves, cantar las horas y el tiempo, aunque éstos realizaban otros cometidos como veremos después. El sereno tenía las llaves de los portales, por lo que cuando algún vecino había olvidado las suyas podía llamarle llegando al poco éste para abrirle la entrada del portal. Era frecuente escuchar: “Serenooooo” de llamada, acompañado de las tradicionales palmadas, y el “vaaaa” de respuesta, acompañado del aparatoso tintineo de las muchas llaves que el sereno llevaba. Vigilar las calles de un determinado barrio se premiaba recibiendo una propina. El sereno, en tiempos en que los relojes eran artículos de lujo, tenía que dar las horas de la noche (el reloj de la Iglesia les facilitaba la labor) y proporcionar el parte meteorológico, por lo que se podía oír: “Las doce y sereno», “las tres y nevando» o “las seis y lloviendo”, con lo que los ciudadanos sabían qué tiempo hacía en el exterior de la casa. En Puertollano, nos han contado de un sereno que a finales del siglo XIX comentaba el tiempo añadiendo refranes alusivos a los meses y a los fenómenos atmosféricos de épocas muy señaladas.

Contamos con más noticias de los serenos cuando Puertollano aún era una villa, a pesar del descubrimiento de la cuenca carbonífera. Además de vigilar la noche y dar las horas y la situación del tiempo, los serenos realizaron en nuestro vecindario otras ayudas, como llamar a Isabel, la partera, para que ayudara a una mujer a parir y llevar después recetas a la botica (después farmacia), pero sobre todo fueron los salvadores de una legión de olvidadizos, a quienes evitaron pasar la noche fuera de casa por haberse dejado las llaves dentro.

Por trabajar de noche, fueron un blanco perfecto para los comentaristas jocosos de la prensa, en especial para las murgas en los carnavales de la década de los años treinta del siglo XX, cuando el pueblo de Puertollano había dado la ilusionada bienvenida a la República. Aparecían en en unas mofándose de la curvatura de su espalda, debida al peso original de las enormes llaves, que podían pesar hasta un cuarto de kilo cada una y, en otras, las más de las veces, narrando las “aventuras” amorosas que llegarían a presenciar.

El vecindario

Los serenos tenían adjudicada un área y de ella no podían salir, a menos que existieran circunstancias de especial urgencia. Además, durante su horario de trabajo no debían establecer conversación ni sentarse y mantenerse siempre en estado de alerta. Aquellos protagonistas de la noche, llegaron a conocer a toda su vecindad y por ello los vecinos confiaban en ellos. Conocían a quienes madrugaban todos los días del año para ordeñar el ganado, a los partidarios de las juergas, a los empedernidos bebedores de tabernas, los turnos de mineros y a las mujeres que madrugaban para acarrear el agua.

Ocaso de aquellos protagonistas de la noche

Como otros tantos oficios, aquella figura tan popular desapareció paulatinamente, por la disminución gradual y lenta de la dimensión de cerraduras y llaves, por la extensión de los teléfonos y por la aparición de los “porteros automáticos”. Atrás quedaron aquellos profesionales que pasaron a la memoria de la historia identificados con unas sombras que iban acompañados de un llamativo tintineo de llaves y hacían saltar chispas golpeando el chuzo contra el empedrado de las calles.

En algunas ciudades, la figura del sereno ha vuelto a surgir en las calles de algunas ciudades españolas, aunque con otras funciones y una vestimenta más acorde con nuestros tiempos.