Edición mensual - Abril 2011 - Opinión

Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona

Francisco Chico

Nº 234 - Opinión

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Llegando a las estribaciones de Sierra Morena, una enorme extensión verde salpicada de encinas nos indica que estamos en un lugar muy especial en pleno siglo XXI. Empezamos a ver las primeras colonias de buitres, buena parte de ellos buitres negros. Si nos asomamos a este paisaje en invierno tendremos el privilegio de saludar a grupos de grullas que nos acompañan para pasar los meses fríos con nosotros. Si es en primavera y levantamos la vista de los millones de flores que adornan el pastizal, podríamos sorprender a la cigüeña negra pescando renacuajos en cualquiera de las múltiples charcas y arroyos que salpican el valle. Más hacia el sur, el monte mediterráneo tapiza la sierra de un manto de encinas, madroños, quejigos, alcornoques y robles. Estos últimos se aferran como supervivientes de épocas pasadas, más húmedas y frías, refugiándose en Sierra Madrona las mejores masas de robledal del sur de España. Entre los bosques y roquedos, el visitante puede pensar que se encuentra en latitudes del norte de la Península. No es así. Estas maravillas y otras que esperan ser descubiertas están en Castilla-La Mancha y conforman las casi 150.000 hectáreas del Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona, recientemente aprobado por Ley.

El Parque está formado por dos ámbitos muy diferenciados pero con indudables relaciones de necesidad mutua, como son el Valle de Alcudia y Sierra Madrona. El primero ha sido modelado durante siglos por un uso ganadero extensivo, principalmente de oveja merina, pero también con vacuno autóctono de raza berrenda. En otoño e invierno miles de cabezas de merino disfrutaban del clima benigno del valle, así como de sus magníficos pastos de otoñada, trasladándose con los calores estivales a los pastizales del norte de España, más productivos en esta época. La sabiduría de los ganaderos permitió explotar los recursos de manera sostenible, ejemplificando una relación de necesidad mutua entre conservación y explotación. Este ecosistema no sería el mismo sin la ganadería, a la vez que ésta no sería igual sin aquél. Junto a esta actividad humana, especies animales actualmente escasas en Europa han encontrado su medio de vida. La cigüeña negra necesita de las charcas ganaderas para alimentarse, así como del paisaje en dehesa para nidificar en encinas y alcornoques. Carroñeras como el buitre negro y el alimoche patrullan incansablemente en busca de reses ganaderas muertas, la base de su sustento, a la vez que nos prestan un impagable servicio de sanidad animal eliminando posibles focos de enfermedades. Águilas perdiceras, imperiales y reales cazan en las dehesas los conejos, palomas o urracas que, a su vez, crían en ellas.

Por otra parte, Sierra Madrona es el refugio del ciervo y el jabalí. Su selva mediterránea proporciona la comida y tranquilidad necesarias a estas especies emblemáticas de la tradición cinegética en España. Aquí encontramos algunos de los mejores cotos de caza mayor de la península, cuya actividad ha permitido que se conserven estas masas forestales privilegiadas y con ello, también especies de fauna únicas. La cigüeña negra que pesca en el Valle de Alcudia también nidifica en la Sierra. Los buitres negros que comen en las dehesas instalan sus enormes nidos sobre los alcornoques y encinas de la Sierra, con una colonia actual de más de 100 parejas, lo que la convierte en la cuarta más importante del mundo. El águila imperial ibérica, especie que exclusivamente existe en la Península Ibérica, tiene actualmente en este Parque Natural una población de 11 parejas nidificantes, lo que representa un bastión fundamental para su conservación mundial. Todas estas aves, junto con otras presentes en el Parque como águilas perdiceras, águilas reales, halcones peregrinos, buitres leonados, etc. ven pasar bajo sus alas las rehalas de las monterías desde tiempo inmemorial, utilizando para nidificar los crestones cuarcíticos de la Sierra y sobrevolando el Valle en busca de alimento. Hasta los escasísimos linces y lobos ibéricos hacen incursiones por la Sierra periódicamente.

Este cuadro natural es el que estamos obligados a preservar como legado cultural y patrimonio natural único, después de siglos de coexistencia entre el ser humano y el entorno. Las pinturas rupestres y los vestigios romanos presentes en el Parque Natural, como la célebre Sisapo o los múltiples restos de minas, nos enseñan que el hombre ha pisado estas tierras desde que tenemos memoria de ello hasta nuestros días de Internet y teléfonos móviles. Uno de los principales retos a los que nos enfrentamos con la declaración del Parque Natural es el ser capaces de mantener esta comunión. La ganadería y la caza no pueden ni deben desaparecer del Valle de Alcudia y Sierra Madrona. Tenemos que conseguir entre todos que la actual situación de ambos sectores, con múltiples dificultades tanto estructurales como comerciales, no suponga la desaparición de estos usos fundamentales para mantener el Parque tal y como lo conocemos. Uno de los retos más importantes de la gestión será éste, para lo cual todos los implicados deberemos hacer un esfuerzo máximo de creatividad, imaginación, dedicación y empatía. La declaración del Parque Natural tiene que suponer un empujón para que desde los visitantes a los consumidores, el Valle de Alcudia y Sierra Madrona estén presentes en los mercados con el valor añadido de la tradición, la conservación, el paisaje y el peso cultural de siglos de buen hacer.

Alrededor de los límites del Parque se ubican pequeños pueblos serranos deseando acoger a las personas que decidan dedicar su tiempo libre a conocer sus valores. Otro de los retos de la gestión del Parque Natural es el diseño de rutas interesantes que enseñen sus secretos al visitante sin alterar esos valores naturales y sin causar molestias en las fincas, ya que hay que tener en cuenta que la mayor parte de la superficie del Parque lo constituyen fincas privadas, con sus derechos lógicos de intimidad y los requisitos de explotación de las mismas. Conjugar ambas demandas es otro de las tareas a desarrollar.

El recién nacido Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona será lo que todos los implicados en el mismo queramos. Con dedicación, cariño y cuidados poco a poco aprenderá a dar sus primeros pasos, que esperamos que sean seguros, aunque pueda tener algún tropezón que le ayude a aprender y crecer.

Como se ve, tenemos muchos deberes que hacer para conseguir que todos estemos orgullosos de él. Desde la administración gestora del Parque estamos seguros que empieza una vida larga y fructífera del Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona.