Edición mensual - Abril 2011 - Opinión

¿Cuándo saldremos de la crisis?

Félix Calle

Nº 234 - Opinión

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A día de hoy no se atisba una salida nítida de la situación. Esta pregunta es una constante que toda la clase política y económica se ha planteado y que los deseos de todos es que la situación dure los menos posible.

Decisiones para que el conflicto no se alargue las ha habido por parte de quien tiene responsabilidades de gobierno y que en un momento determinado minimizaron y por otro lado los expertos económicos, que no por ser más cautos, tienen claro una pronta recuperación.

Es muy revelador un informe del Foro Económico Mundial advirtiendo que el mundo no podrá aguantar otra crisis financiera. Por otra parte, el Fondo Monetario Internacional es pesimista sobre las previsiones y la guinda la ponen destacados economistas, algunos de ellos premios Nóbel, que vaticinan que después de ésta crisis vendrá otra zambullida en la recesión, pues consideran que únicamente hemos comprado un poco de tiempo extra y, tal vez, reducido el probable costo de la presente para nuestra economía.

Entonces, ¿qué medidas se deberían tomar? Muy fácil no debe ser, pues gobiernos de todo el mundo han adoptado medidas muy diferentes. Mientras que en EEUU han considerado que el apoyo desde el Estado a la inversión y el consumo a costa de incrementar la deuda es absolutamente necesario, en la Unión Europea nos hemos tirado por otros derroteros, es decir, por un control de la deuda a cualquier precio provocando un efecto recesivo tanto de la inversión como del consumo, dejando de fluir el crédito, sobre todo hacia PYMES y hogares.

Cuando un Estado norteamericano se ve en dificultades, el gobierno Central de Washington lo socorre, pues todos se encuentran navegando en el mismo barco. Aquí en Europa como no hay un gobierno central y siempre andamos con disputas internas, los posibles avances se bloquean. De hecho, la salida de la crisis de algunos países se está produciendo a costa de otros. No hemos aplicado los principios básicos de la solidaridad que se supone debe consagrar la Unión Europea.

Ya que en su día adoptamos la moneda única, bien podríamos haber establecido entonces un Fondo de Solidaridad para la Estabilidad, con el fin de adaptarse a situaciones de crisis, haber contado con recursos de los que echar mano en periodos de vacas flacas. Pero resulta que hemos dejado todo en manos de la omnipotencia de los mercados y países como Irlanda y Grecia son culpados de falta disciplina, cuando sólo unos meses antes del inicio de la crisis, al gobierno irlandés se le mostraba como modelo económico, aplaudido a diario por conocidos líderes políticos.

Personalmente, a riesgo de estar inmerso en un gran error, me satisfacen más las medidas adoptadas por EEUU. Todo plan que conlleve un freno a la economía, es decir, reducir drásticamente el gasto público, el crecimiento económico se desacelera, crece el desempleo y caen los ingresos y, por tanto, la recaudación fiscal. Al contrario de lo que ocurre con las economías domésticas, que cuando en los hogares se vive por encima de sus posibilidades y no encuentran un banco que les financien, no hay otra opción que recortar los gastos.

En un artículo anterior, expuse mis reparos sobre la conveniencia, al menos a efectos de caída económica, de integrarnos en la moneda única. Si en España tuviéramos la posibilidad de depreciar la moneda, la economía se habría robustecido aumentando las exportaciones (elemento vital de recuperación), habríamos podido responder a la crisis reduciendo los tipo de interés para estimular la inversión. En definitiva, con la integración renunciamos a nuestra política monetaria y no tenemos cómo adaptarnos a situaciones de crisis.

Otra medida podría ir encaminada a ayudar al crecimiento del sector privado. Si las entidades bancarias no dan crédito (y sin crédito no es posible la recuperación) el gobierno podría haber creado una banca pública que hubiera supuesto un apoyo a la inversión de las PYMES y los hogares que nos llevara a un mayor crecimiento. Y un mayor crecimiento nos lleva a mayores ingresos fiscales, a bajar la tasa de desempleo, mantener los gastos sociales y disminuir los déficit. Pero, ¿quién se atreve con la banca, máxime cuando argumentan que presentar una querella contra ella pone en peligro la recuperación?. Mientras los altos ejecutivos bancarios han vuelto a los bonos de siete dígitos, los ciudadanos de a pie se enfrentan a una situación desesperada.

¿Cuándo saldremos de la crisis? No creo que haya político o economista que se atreva a vaticinar el fin sin equivocarse de largo. A esperar tocar. Pero la paciencia y las reservas de euros están bajo mínimos.