Edición mensual - Noviembre 2010 - Puertollano

Orificios

De Santa Cruz a Tucumán

José Rivero

Nº 229 - Puertollano

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Uno no sabe, casi nunca, cómo ocurren las cosas o en qué orden se producen esos acontecimientos que nos cogen desprevenidos. Y, más aún, uno tiende a ignorar por qué se producen esos hechos en momentos determinados, sin esperarlo o sin haberlo demandado. Se podría seguir así de tal suerte, ignorando lo que súbitamente se desvela y se presenta ante nuestras miradas y nuestro conocimiento y no pasaría nada. Como tantas veces. Por ello conviene preguntarse ¿por qué llegamos a saber algo no buscado ni previsto? Y ¿por qué algo o alguien nos despiertan de ese sueño del desconocimiento?

Como en este caso que comento y que no invento. Caso que me llevó a conocer la presencia temprana de Miguel Laguna Ontiveros, natural de Santa Cruz de Mudela en San Miguel de Tucumán, Argentina, en momentos no menos tempranos del siglo XVIII. Un Miguel Laguna Ontiveros santacruceño, nacido en 1736 y desplazado en algún momento posterior a las provincias coloniales de Reino de España y llamadas por entonces, del Río de la Plata. Donde llega y se aposenta, y más tarde contrae matrimonio, en 1762 con Francisca Bazán en el dicho San Miguel de Tucumán. Y deciden ese mismo año, el levantamiento de su nueva casa, de la nueva morada matrimonial.

Un Laguna Ontiveros sobre el que indaga ahora un arquitecto argentino, por la sola razón de ser uno de los artífices visibles y dueño, además, de la llamada Casa de la Independencia; que en parte sería la casa levantada tras el casorio de 1762 entre Bazán y Laguna. Hoy ya, esa vieja casa colonial, ha dejado de ser la casa de los Lagunas, y es conocida como Casa Histórica de la Independencia de la República Argentina. Un casa casi inventada tras su abandono y ruina, que hoy vemos y conocemos tras la reconstrucción de 1941 que dirigió el arquitecto argentino Buschiazzo.

Es decir la casa y lugar en la que el 9 de julio de 1816 se produce la reunión de los diputados de las Provincias Unidas del Río de la Plata para proclamar solemnemente su independencia de la metrópolis española, resultó ser la casa levantada en 1762 por Laguna Ontiveros, el santacruceño ahora convertido en sanmigueleño.

Esa reunión de los diputados de las Provincias Unidas del Río de la Plata, se verificó en San Miguel de Tucumán, por dos razones. La primera, por encontrarse equidistante de todas las provincias argentinas, y la segunda por haberse verificado tres años antes la batalla de Tucumán entre realistas y rioplatenses, ya en litigio y pugna por un cielo de indepedencia. Unos seguidores rioplatenses que comanda Belgrano y una batalla de Tucumán, que supuso de hecho un paso al frente en todo el proceso abierto de declaraciones de independencia de las diferentes provincias, respecto a la metrópolis central que se desangra con la ocupación francesa.

Uno no sabe, casi nunca, cómo ocurren las cosas o en qué orden se producen esos acontecimientos y por qué se verifican en ese orden. Y, más aún, uno tiende a ignorar por qué se producen esos hechos en momentos determinados, sin esperarlo o sin haberlo demandado. Una llamada telefónica no prevista ni esperada y un posterior correo electrónico, al que se añaden unos datos rastreados por algún buscador de la red, nos permiten visualizar la presencia de un desconocido que adquiere rasgos y siluetas más nítidas tras esos acontecimientos. Un Laguna santacruceño emigrado al Virreinato del Río de la Plata en cometidos difusos, que se ve situado por ello en un enclave excepcional y en unos momentos no menos excepcionales. Pero pese a esa singularidad del relato, no deja de ser una llamada rara que abre la puerta de un desconocimiento previo, ahora que nos disponemos a iniciar el ciclo de las celebraciones del Segundo Centenario de todo el proceso de declaraciones de Independencias.