Edición mensual - Virgen 2010 - Colaboraciones

Pavesa ardida

Mª Luisa Menchón

Nº 227A - Colaboraciones

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Pavesa ardida soy entre milenios,

árboles sin pudor desnudos en el bosque;

esperpénticos fantasmas llorando

hojarascas rubias, sobre mí

del otoño, que mece hacia equinoccios gélidos

soledumbre entre los brotes verdes de Delibes

y panoramas perennes de Miguel Hernández

Goyi Fraile me ha vestido de poeta,

como una gaviota de azúcar con alas rotas

cipreses, alisos, pinos y palmeras

se aprestan para servir a pájaros ocupas

transeúntes sin pateras ni troneras

que cobijen hogares de nidales renovados

en primaveras entre surtidores

y llegó por San Blas, la cigüeña,

señora del paisaje

y vio la gaviota perdida entre aleteos rotos

de una tacada la montó entre sus grandes alas

y la dejó posada en el cimborrio de la ermita

de la Virgen de Gracia.

Allí contemplaban desde el nadir al cenit

y la veleta era un pincel tiñendo de azul la tarde

y partiendo en dos la bruma

allí esperó al Paraclito, Dios, Paloma Blanca

se compadeció de la gaviota, la arropó

entre sus alas divinas

y le dejó una pluma de señuelo

para sembrar palabras con la luz que agonizaba

en la tarde de septiembre, entre tañer de campanas

y rumor de surtidores y aire bendito entre

palmeras, alisios y pinos cargados de mensajes

despacio di las gracias y labré

sembrar con la pluma en el paisaje

golpe a golpe, verso a verso con Machado

un humilde poema con diez latidos

desde la hondanza de este corazón enamorado

desde el bosque, en la nariz del Valle de Alcudia,

mientras soñaba con la Cañada Real

con el balido de los corderos y el Buen Pastor

bendita feria, Virgen de Gracia

te doy mi amor

que me bendiga para mi Dios.