Edición mensual - Virgen 2010 - Colaboraciones

¿De las dos mentiras? De las dos Ferias

Francisco Correal

Nº 227A - Colaboraciones

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Ganas de que llegue septiembre. Y que se lleve estos rigores térmicos, estos calores sin descanso. Será septiembre cuando estas líneas vean la luz en la letra de imprenta del periódico. Pero las escribo el penúltimo día de agosto, 25 años de la muerte del Yiyo en Colmenar Viejo, el agosto que han pasado diez agostos de la muerte de Pilar, mi suegro, los cinco años de los 17 militares muertos en Afganistán al estrellarse un helicóptero Cougar. Diez años del mar infernal que se tragó a los marineros rusos del submarino Kurks, tres agostos sin Antonio Puerta, un agosto sin Dani Jarque. Agosto es mes de vacaciones y nos coge con la guardia baja en las carreteras, en las piscinas, en los montes que se queman. Siete agostos de los nueve trabajadores de Repsol muertos tras la explosión el mismo día del apagón de Nueva York ¿Quién no va a querer que llegue septiembre?

Nunca le temí a la vuelta al colegio, porque con ese trasiego de libros y deberes llegaba también el carrusel de la Liga, la bendita rutina del balompié. El 30 de julio, hace justamente un mes, me levanté de mi asiento del Ave, que me llevaba a Ciudad Real, para ver Puertollano desde la ventanilla del bar. Vi el Terry y recordé la afirmación de un filósofo que ha ganado el premio Miguel de Unamuno de ensayo: dice que el paisaje es la naturaleza intervenida por el hombre. El Terry es eso. Y es la quintaesencia de mi pueblo, al que vuelvo en el tren de las palabras. Se puede pensar que es el pueblo de las dos mentiras, el tópico socorrido, de los dos campos de fútbol, del Pueblo y el poblado. No son dos mentiras. El Terry es la metáfora de las mentiras verdaderas. Ni castellanos ni manchegos, valencianos de playa, andaluces de aliento. Lo que nadie puede discutir es que Puertollano es la ciudad de las dos Ferias, la de mayo y la de septiembre, como si hubiera una segunda oportunidad para quienes suspendieron la reválida del disfrute y la diversión. Septiembre es la vendimia sin uva de un municipio ubicado en la provincia más vinatera de España, una mezcla entre Nueva York y El Toboso, industrial e industrioso. Dos Ferias en tiempos de crisis. ¿Por qué no? A la crisis hay que regatearla con imaginación. A la crisis le pone muy nerviosa descubrir que hay cosas maravillosas que se consiguen sin dinero. Por ahí le podemos ganar la partida, conseguir el gran titular que todo periodista lleva dentro: La crisis entra en crisis. Lo demás lo dejamos en boca de Bergamín: “La mentira y la verdad son dos malas consejeras, una te dice que mates, otra te dice que mueras”.

La Feria es la escuela de crecimiento. La primera cerveza, los primeros guiños, las amistades que se consolidan. El estatuto de soberanía de la adolescencia. La verdad jugando a la mentira en los dominios de la trola. La mentira dirigiendo el ritual del escondite. La Feria es en realidad un doble rasero: nos recuerda que es tiempo de distraernos, pero también de que llega la nueva temporada de los trabajos, los proyectos, los anhelos. Y que no hay otro axioma: sin sacrificio no hay beneficio. Y que la vida por sí sola es tan divertida que es una estupidez que a este mundo sólo hemos venido para divertirnos. Llega septiembre, el mes en el que apagaremos las 77 velas de mi madre, Maruja Naranjo Ciudad, madre de cinco Correales, reina del quinteto inicial.