Edición mensual - Julio 2010 - Cultura

“Mi papá me contó un cuento de hadas” un musical de producción propia realizado por un joven de 21 años

Soñar que se puede

J. Carlos Sanz

Nº 225 - Cultura

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La vida de la joven Marisa se desmorona. Adrián, el chico al que ama, no termina de fijarse en ella y para colmo la pija y repelente Sandra parece llevarse el gato al agua. El remate llega cuando los padres de Marisa le confiesan que es hija adoptiva, que sus verdaderos padres la dejaron en un orfanato. Confundida, el ánimo de Marisa cae en barrena y zarandeada por los tentáculos de una fuerte crisis de identidad, decide emprender una búsqueda de sí misma. En esa andanza, Marisa transitará por un mundo de imaginación donde una terna de personajes salidos de la iconografía Disney tratarán de ayudarla para recomponer el puzzle en que se ha convertido su personalidad.

Ésta es, en síntesis, la trama de “Mi papá me contó un cuento de hadas”, un musical producido por los puertollanenses José Ángel Silva y Melanie Palomo que durante el mes de junio se representó tanto en el Auditorio “Pedro Almodóvar” como en el teatro del colegio salesianos. Un montaje que pese a su contorno amateur consigue agradar y salir airoso de un género tan exigente como es el musical donde voces, coreografías y dramaturgia deben ir a partes iguales.

No es el primer montaje de este género en el que Silva se embarca; ya lo hizo anteriormente con “El príncipe de Egipto” y con “Mi papá me contó un cuento de hadas” se confirma que este joven de 21 años, estudiante del Grado Superior de Canto y Piano, posee talento como dramaturgo y deambula con comodidad en el género del musical.

La propuesta llama la atención por su magnitud en cuanto al plantel de actores y secundarios que intervienen en la misma. Nada menos que 21 chavales integran el repertorio actoral a lo que hay que añadir una veintena de personas que componen la coral “Organum y amigos” que con su presencia realza y otorga mayor musculatura a los números musicales que se alternan a lo largo de las casi tres horas de duración del montaje.

No ha escatimado Silva en la elaboración artística de un proyecto que a primera vista puede parecer grandilocuente pero que pasa el corte gracias al aura de humildad que lo rodea. En verdad, “Mi papá me contó un cuento de hadas” viene a ser el trabajo culmen del taller de música e interpretación del Proyecto “Arco Iris” llevado a cabo por la Parroquia San Juan Bautista, una iniciativa pedagógica orientada a jóvenes con el afán de reforzarles desde la óptica expresiva, lúdica y de tiempo libre haciendo hincapié en la inculcación de valores.

Por tanto, una labor titánica que tiene un resultado aceptable desde el punto de vista escénico. Presentar una historia donde una adolescente trata de recomponerse a sí misma e hilvanar esta tentativa con pasajes musicales de películas tan conocidas como “La sirenita”, “La bella y la bestia”, “El rey León” o “Aladín” no es una tarea cómoda. Si a esto le añadimos el refuerzo de algunos pasajes musicales con los 20 componentes de la coral “Organum”, se pone de manifiesto la exigencia de Silva por no hacer cualquier cosa, por introducirse en un terreno tan complejo como un musical y no morir (escénicamente) en el intento.

Los chavales mantienen el tipo aunque es obvio que no poseen formación vocal suficiente para bordar sus interpretaciones; para eso ya está la coral que acude al rescate de algunos de los chicos que no logran llegar a ciertas notas, insuflando potencia a determinadas voces que quedan apresadas en gargantas que evidentemente están faltas de formación. Sin embargo, la puesta en escena del musical es decente, la espinosa faceta del canto se complementa con la vertiente de unas coreografías que son ejecutadas con gracia y soltura.

En definitiva, un montaje para toda la familia, metáfora de lo importante que es tener sueños en la vida, tratar de cumplirlos y hacerlo con convencimiento de causa. Marisa se redime en un mundo de fantasía donde las trifulcas entre un rey y una reina llegan a su fin, donde los habitantes sin voz ni voto, los outsiders de esta historia, dejan de estar al margen, donde Marisa se transforma en paladina de conciliación y concordia. Cuando despierta, Marisa queda en paz con su mundo interior, ya no hay conflictos en lontananza, ha habido una conversión de su sufrimiento en pos de una aceptación de lo que es. Una adolescente que vive, ama, ríe, llora y por encima de todo sueña con un mundo mejor. Y como colofón, nada mejor que un festín pantagruélico para dejar constancia de esta alquimia escénica. Buenas sensaciones las que deja José Ángel Silva, un joven cuya trayectoria artística no ha hecho más que eclosionar.