Edición mensual - Mayo 2010 - Historia

Cartas desde Toledo

Imágenes para una historia de Puertollano (VII)

José D. Delgado Bedmar

Nº 223 - Historia

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Después de haber dedicado las últimas cinco entregas de estas “Cartas desde Toledo” a analizar pormenorizadamente esa primera imagen de nuestra localidad que supone el ya de todos conocido mapa existente en las respuestas dadas al Catastro de Ensenada en 1753, debemos adentrarnos en la presente entrega en el análisis de un importante documento fechado sólo unos años después y que nos revela nuevos y creemos que muy interesantes datos sobre el Puertollano de finales del siglo XVIII. Nos referimos a las conocidas como “Relaciones Geográficas de Tomás López”, de las que ya en el año 1988 tuvimos ocasión de publicar un breve estudio que daba a conocer las líneas generales de su contenido.

Tomás López y Vargas Machuca nació en Madrid en 1730, y comenzó sus estudios como geógrafo y cartógrafo en el Colegio Imperial de la Villa y Corte, obteniendo en 1752 una beca-pensión creada a propuesta del Marqués de la Ensenada, con la que pudo trasladarse a París para estudiar la cartografía y las técnicas del grabado, teniendo en la capital gala como maestros a Lacaille, Dheulland y, sobre todo, Jean Baptiste Bourguignon d´Anville, siguiendo algunos de sus cursos en el famoso Colegio de las Cuatro Naciones. Volvió a España tras ocho años de estudios, en 1760, y en nuestro país pudo poner en práctica los conocimientos que había adquirido en París, completando su “Atlas geográfico de la América septentrional”. En 1764 obtuvo el nombramiento de individuo de mérito en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y poco después recibió el título de Geógrafo de los dominios de su Majestad, siendo colocado al frente del nuevo Gabinete de Geografía creado por Carlos III.

Comienza entonces una larga etapa en la que publicará obras sobre Geografía y Cosmografía, además de muchas otras referidas a prácticamente todas las partes del mundo: Tierra Santa, norte de África, La Luisiana, Chile y un largo etc., destacando el mapa del Itinerario de Don Quijote que publicó en 1774 basándose en los datos contenidos en la obra cervantina. En 1795 recibió el encargo por parte de Godoy para formar el “Atlas Geográfico de España”, obra que contiene 102 mapas y que no llegó a ver culminada, pero que publicó su hijo y continuador Tomás Mauricio en 1804, con sucesivas reediciones en 1810, 1830 y 1844.

Pero sin duda el trabajo por el que Tomás López ha pasado a la historia es el “Diccionario Geográfico-Histórico de España”, obra para la que adoptó el procedimiento de enviar cartas a todos los párrocos de España y, en menor medida, también a funcionarios civiles de ayuntamientos y de otras administraciones públicas, remitiéndoles un cuestionario al que debían contestar. Las cartas fueron enviadas a partir de 1766, pero la magnitud de la labor emprendida hará que se continúen recibiendo hasta bien entrada la década de los años ochenta.

Frente a las cuarenta cuestiones que estaban planteadas en el Catastro de Ensenada, el Interrogatorio de Tomás López se compone de tan sólo quince preguntas, pero con una importante nota final que contenía una petición expresa: “Procurarán los señores formar unas especies de mapas o planos de sus respectivos territorios, de dos o tres leguas en contorno de su pueblo, donde pondrán las ciudades, villas, lugares, aldeas, granjas, caserías, ermitas, ventas, molinos, despoblados, ríos, arroyos, sierras, montes, bosques, caminos, etc., que aunque no esté hecho como de mano de un profesor, nos contentaremos con una sola idea o borrón del terreno, por lo que lo arreglaremos dándole la última mano. Nos consta que muchos son aficionados a la geografía y cada uno de éstos puede demostrar muy bien lo que hay al contorno de sus pueblos”.

Con las respuestas dadas a este interrogatorio no sólo se hacía una descripción geográfica de los diferentes municipios concernidos, porque en ellas se debía hacer mención a cuestiones tan diferentes como la economía de la localidad, el arte, la historia, la política, la toponimia, la heráldica, la demografía, la religión, la educación, la arqueología, la administración municipal o la botánica. Aunque tan extraordinario trabajo no llegó nunca a estar totalmente finalizado, es lógico suponer que estas contestaciones constituyen una fuente documental de primera mano, y de un extraordinario valor para saber cómo eran las poblaciones españolas en las postrimerías del siglo XVIII. El grueso de estas respuestas, conocidas hoy como “Relaciones geográficas de Tomás López”, se conserva actualmente en el Gabinete de Manuscritos de la Biblioteca Nacional, y configuran un total de veinte volúmenes y numerosos papeles sueltos, con un total de más de 10.000 páginas en su conjunto. A pesar del esfuerzo desarrollado, sólo se conservan datos de municipios de treinta y una de las provincias de España (Asturias, Extremadura, Andalucía, Madrid, La Rioja, País Vasco, Castilla-La Mancha y Castilla y León, salvo la provincia de Salamanca), y no se sabe dónde pueden hallarse las contestaciones del resto, si es que existen.

De la actual provincia de Ciudad Real, en concreto, se conservan respuestas de prácticamente todos los pueblos aunque, como es lógico, son muy variadas en extensión y contenido: mientras que de algunos lugares apenas si hay una página, de otros hay respuestas exhaustivas, como en el caso de Torrenueva, donde su párroco da respuesta muy pormenorizada a todas y cada una de las preguntas, confecciona un curioso mapa de la comarca y dibuja un enorme escudo de la villa, explicando con gran detalle el significado de cada una de sus partes.

Pues bien: algunos años después de iniciada su labor, Tomás López recibirá un importante encargo: confeccionar un mapa topográfico del Arzobispado de Toledo, que completaría el que a principios del siglo XVIII había mandado hacer el Cardenal Portocarrero. Este nuevo trabajo de López, que desarrollará entre los años 1782 y 1788, es lo que hoy se conoce como “Relaciones del Cardenal Lorenzana”, que fue el prelado toledano que sufragará la obra. El interrogatorio utilizado en los dos casos fue prácticamente el mismo, pues tan sólo se eliminó la pregunta quince en el del Cardenal, de muy poca trascendencia, porque se limitaba a preguntar si había en la población “alguna inscripción sepulcral, u otras en qualquier idioma que sea”. Por esta razón, en buen número de casos las respuestas a ambos interrogatorios serán prácticamente iguales, pero en bastantes otros son mucho más extensas y minuciosas las dadas al interrogatorio arzobispal, algo que seguramente pudiera ser debido a que era el cura párroco el encargado de contestar y procuraba esmerarse sobre todo en las contestaciones a la sede arzobispal.

Ciñéndonos ya al caso concreto de las contestaciones referidas a Puertollano, mientras al interrogatorio del cardenal se responde con absoluto orden y numerando pregunta a pregunta, en el de Tomás López no hay numeración de respuestas y las contestaciones son ostensiblemente más escuetas. En ninguno de los dos casos figuran el autor ni la fecha, pero por alguno de los datos que se aportan en los textos, ambas se fecharían hacia 1785 (por consiguiente, treinta años después del Catastro de Ensenada), con lo que tenemos que su redactor sería muy probablemente don Manuel José de Salazar, que fue cura párroco de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Puertollano de 1782 a 1790.

Lamentablemente, parece que al final no se envió el mapa o plano solicitado (al menos, no se conserva en la Biblioteca Nacional), como si ocurrirá en el caso del Interrogatorio de Lorenzana. Con esta interesantísima representación dieciochesca de nuestra localidad comenzaremos nuestra “Carta desde Toledo” del próximo mes. Hasta entonces.