Edición mensual - Abril 2010 - Cultura

“Pétalos de espino”, la nueva novela de Casimiro Sánchez con la que da fin a una trilogía sobre la comarca de Almadén

El paladín de las comarcas deprimidas

J. Carlos Sanz

Nº 222 - Cultura

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Se quitó para siempre el traje de político y se enfundó la indumentaria de ser humano. El que fuera alcalde de Puertollano, Casimiro Sánchez Calderón, decidió alejarse de la escena pública para iniciar su propia transformación precedida de un período de reflexión porque como él dice “si pasas por la vida sin reflexionar lo que has hecho no sirve para nada”. La figura política de Casimiro se metamorfoseó para dar paso a un hombre crítico con su tiempo que refleja en la literatura esa necesidad por cambiar, por buscar formas de vida más acordes, más armónicas con eso que conocemos como madre Tierra, en definitiva por dar un viraje donde tiene cabida el retorno a la agricultura, la defensa de una ideología llamada Iberismo y la reivindicación de proyectos de envergadura que saquen a reflote las comarcas deprimidas.

Ese poso revolucionario está presente en su narrativa. Acaba de publicar con Intuición Grupo Editorial, “Pétalos de espino” la nueva entrega de una trilogía donde Casimiro propone desde el terreno de la ficción nuevas oportunidades para la comarca de Almadén con la que siente especial arraigo. “Azogados” y “El pozo de la conciencia” ya ofrecieron pistas del terreno por dónde deambula un Casimiro que se sirve de personajes creados en su literatura para demostrar que su sueño es posible. Ellos encarnan a personas de la vida real que fueron referentes para él, “ejemplos a nivel político y personal” confiesa.

Seres de ficción que no se contentan con denunciar modelos de desarrollo insostenibles sino que además materializan alternativas en diversos pueblos de la comarca de Almadén, exponente de ese abandono y deterioro por el que están pasando diversas zonas de este país que en el pasado fueron foco de crecimiento económico. Con expresión grave, Casimiro comparte un mensaje mesiánico como es la urgencia de superar el actual paradigma por uno nuevo donde la actividad agrícola tome las riendas del desarrollo. En “Pétalos de espino” la veladura de la autocrítica está muy presente, es la palanca de transmisión con la que certificar que el esfuerzo y la apuesta por modelos que se creían incuestionables han fracasado “se ha demostrado que no sirven, que en su día luchamos por ellos, que los hemos defendido a nivel político pero son pan para hoy y hambre para mañana” sentencia un hombre al que ya no le molesta el eczema del desencanto. Todo lo contrario, Casimiro no se lamenta de lo hecho durante su etapa política como alcalde de Puertollano, emplea ese cargamento de vivencias como un cuaderno de bitácora donde poder redirigir su rumbo personal; hace tiempo que el exalcalde de Puertollano fijó su destino en el campo.

“Cada alcalde ha hecho en su momento lo que ha podido” añade para quitar lastre a esos representantes que han de cargar con el peso de la responsabilidad. Evoca unos años donde ocupaba la alcaldía en Puertollano, una ciudad supeditada a su dependencia de la actividad industrial y donde no se podría aplicar esas alternativas que Casimiro refleja en sus novelas. A él le gusta repetir una frase lapidaria “Puertollano es lo que es”, quizás para exorcizar a esos demonios del pensamiento que tientan de lo que se podía haber hecho en este municipio. Apeada la culpabilidad, el Casimiro escritor es benévolo con las corporaciones municipales de los pueblos que son objeto de su trama literaria y en cambio sí reclama una mayor presencia de otras administraciones para comarcas exangües, abocadas a la desaparición si no llegara a tiempo un proyecto de “gran envergadura”. De nuevo, la silueta de la comarca de Almadén se percibe en el trasfondo de sus palabras.

Para él todo pasa por acometer una reforma agraria en España, hacer todo lo posible porque el campo sea de nuevo rentable “igual que en Francia o Alemania” cita para demostrar que el sector primario sigue vertebrando la economía de estos dos gigantes europeos. Se lamenta mucho de que un país como el nuestro sea adicto a las subvenciones agrarias y que éstas pasen a manos de grandes propietarios de fincas, provenientes de sectores como el empresarial y el financiero, que desaprovechan los fondos monetarios para especializar el terreno con cultivos que nunca serán productivos. La tierra para quien la trabaja parece extraerse del discurso de un Casimiro que aboga porque el campesino sea el dueño de una cantidad de tierra suficiente para que él y su familia puedan vivir de ella. Las denominadas fincas autosuficientes que a su juicio son quiméricas en España “porque en el campo se va a salto de mata”. Casimiro propone la vuelta de tuerca, adorar el campo “es lo que me ha enseñado la vida” asegura un hombre que desde su retirada de la política se fue a vivir a una finca cercana a Villamayor de Calatrava. En “Pétalos de espino” va más allá, refleja la experiencia de las colectivizaciones agrarias algo que no es tan descabellado pues como él señala ya se están realizando iniciativas similares en algunos pueblos de Andalucía, caso de la localidad sevillana de Marinaleda donde se han creado diversas cooperativas agrarias “que están consiguiendo éxitos asombros” agrega Casimiro quien admira al alcalde de IU que gobierna este municipio; “para mí es ejemplar” confiesa.

Aparte de su dedicación al campo y la literatura, el Casimiro de ahora es seguidor de una ideología llamado Iberismo. De hecho tiene su propio blog, “Diario de un iberista” donde trata de defender la unión de España y Portugal, la convergencia de esta dos naciones para crear la Península Ibérica pues a su juicio se traduciría en un mayor peso de ambos países en el escenario europeo. Ese Iberismo que propugna Casimiro es el mismo que también defienden autores como José Saramago o el ya fallecido pensador lusitano Antero de Quental, gente que cree que la separación de España y Portugal debilitó enormemente a ambos países; “el protagonismo de Alemania, Francia y Reino Unido en Europa es mucho mayor que el nuestro porque somos un país pequeño” desvela Casimiro para quien acontecimientos recientes como la manifestación que hubo en Valença do Minho, una localidad portuguesa donde sus habitantes colgaron banderas españolas ya que al cerrarse su consultorio de salud se vieron obligados a acudir al de la localidad pontevedresa de Tui, demostrarían que esa unión es necesaria y enriquecedora “las fronteras no sirven para nada” asegura con tintes iconoclastas un Casimiro convencido de “este sueño que comparte mucha gente”.

Se percibe en él un halo reformista, una tendencia a revisar el papel que juegan los gobiernos actuales. Se muestra crítico con la falta de audacia, cree que en la reciente crisis se han tomado medidas insuficientes, remiendos que no eliminan la cuestión de fondo, la obsesión por el crecimiento desmedido. “Queremos seguir viviendo del sector servicios, las ciudades crecen de manera monstruosa cuando hay lugares que se están muriendo” refiriéndose a esas comarcas moribundas que podrían albergar grandes proyectos económicos. “Pétalos de Espino” y por extensión su trilogía alerta de esta dejadez, de este abandono de las administraciones. Pone como ejemplo de esta probable extinción a Villamayor de Calatrava “es una pena, no ves a nadie por la calle y no podemos permitir que esto sea así”. A Casimiro parece que se le revuelven las tripas cuando habla de estas zonas abandonadas a su suerte y señala la necesidad del viraje, volver la vista al campo.

Una pedagogía a la que él ha dado cuerpo y forma en sus novelas, esa deseada reforma agraria alejada de las grandes fincas “porque el campo es para la gente que quiere vivir de él, podría tenerse un sector que daría de comer a mucha gente”. De eso está seguro Casimiro, que en el ámbito literario se ha erigido como adalid de los pueblos olvidados.

Con “Pétalos de espino” finaliza una trilogía pero no su prurito por escribir. Asegura estar enfrascado con un nuevo proyecto literario que tendrá como escenario la barriada del Pino de Puertollano, una suerte de homenaje a un barrio histórico “a gente que vivió y luchó en la época franquista” aunque no sabe si podrá terminarla. Se le ha atragantado al tratar de revivir los duros acontecimientos que se sucedieron en el accidente de Repsol en agosto de 2003. “Me he encallado porque las emociones pueden más a la hora de salir de este atolladero” desvela un hombre que se quitó para siempre el corsé político para dejar al desnudo su gran humanidad.

Sinopsis de “Pétalos de Espino

Esta historia es la autocrítica de quien creyó, a finales del siglo XX, que cualquier desarrollo que lograra la creación de puestos de trabajo estaba justificado y que bastaba una política de realizaciones medioambientales paralela para compensarlo.

Ambientada en un arco histórico que abarca desde los años 50 del pasado siglo hasta los comienzos de la democracia, “Pétalos de espino” viene a ser una radiografía donde se refleja que sólo los avances que se consiguen con las fuerzas propias son duraderos. Una novela que retrata la infancia de varios personajes en la localidad de Almadenejos, forjados en ideas de libertad y lucha, y que se dan de bruces con una realidad social distinta que se encuentran al tener que emigrar a Madrid. En la gran urbe se enfrentan a la dureza del trabajo, a soportar condiciones de explotación. Un ambiente de opresión que contribuye a que los protagonistas se vayan involucrando ideológicamente a medida que el régimen franquista entra en fase de declive con el posterior advenimiento de la Transición y la etapa democrática.

Cada personaje, durante este período, vendría a ser un alter-ego de aquellos testigos excepcionales que hubo en los albores de la democracia. Tras la instauración democrática, los protagonistas deciden retornar a Almadenejos donde llevarán a cabo una experiencia de autogestión, antítesis de un proyecto que ya se está ejecutando desde las instituciones en dicho municipio y a todas luces insostenible.

Como el propio Casimiro Sánchez reflexiona, “Pétalos de espino” es también un recordatorio a los actuales gobernantes y a los sabios que les asesoran para que no busquen alternativas en sectores extraños y artificiales, y vuelvan la vista a la madre tierra comenzando desde el principio un nuevo ciclo.