Edición mensual - Febrero 2010 - Opinión

Historia de una escultura: “Paloma encadenada”

Paco Mora

Nº 220 - Opinión

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¡Joder con el camino! Exclamé, mientras sorteaba baches y piedras con mi negra Vespa camino del “Cerrillo de la Azucena”, que está detrás del Hospital de Santa Bárbara de Puertollano, con destino a la zona de “Los Caleros” donde se encontraba el terreno de mi padre, era para finales de la primavera del año 1.990. Solía ir a menudo para echarle una mano, siempre había alguna cosilla por hacer en el campo. Esa mañana al ir a aparcar la moto avisté una alargada y pesada piedra y le pregunté a mi padre, después de saludarle, de dónde salió aquello. Él me contestó que un conocido se la había acercado con su tractor con idea de que le sirviera para asiento. Le eché un vistazo a fondo, era una piedra arenisca, muy compacta y blancuzca, y me gustó. Rápidamente propuse la idea de romper un pedazo para intentar hacer una escultura, que sería la primera en piedra que hiciera. ¡Ya estás tardando! Recibí como respuesta de mi padre al que siempre le gustaron las cosas que yo hacía.

A roda brazos y con una buena maza rompí la piedra, puse el trozo en vertical; conseguí las herramientas que buenamente pude: un cortafríos, un buril y un buen martillo. No eran las ideales pero no había otra cosa y comencé a darle sin idea preconcebida.

¿Qué vas a hacer? Me pregunto “el lezna” uno de tantos amigos que tenía mi padre, y yo, sin saber qué contestarle, le dije: bueno, yo voy a ir quitando. Que si está dentro ya saldrá, me respondió con una sonrisa, y yo seguí trabajando y afilando herramientas, pues costaba desprender esquirlas. Dejé el trabajo para otro día, había formado una especie de media naranja a un lado, en la cima de la piedra. Ahora me tocaba pensar qué era aquello y qué es lo que seguiría.

Por la tarde, ya en Puertollano, salí un rato de casa a pasear, justo enfrente a unos cien metros me quedaba la última era de la ciudad, la de Rogelio (todavía mal-existe la era) la saludé y me senté a la sombra con un cuadernillo y un lápiz a darle vueltas a la pelota (cabeza). ¡Eureka! Ya tenía algo, aquella media bola se convertiría en la cabeza de una paloma: después me puse a sopesar lo que significa la representación de esta ave y, por supuesto, era la paz y la libertad. Necesitaba darle más fuerza que la simple representación de una paloma; realicé varios bocetos y por fin llegó el definitivo: estaría posada sobre unos eslabones de cadena y representaría la opresión. Me vino a la mente una copla que escuché una vez en boca de “El Cabrero” (cantaor flamenco) que decía: “Yo aborrezco to el metal que sirva pa hacer caenas. Las cadenas son pa amarrar a los hombres y las fieras, y yo prefiero la libertad”. Eso es, ya la tenía, el yin y el yang me pareció perfecto. Lo demás fue coser y cantar.

Un buen día me apeteció donarla para mi ciudad; hablé con el entonces director del Museo, José Domingo Delgado Bedmar, quien amablemente se encargó de todos los requisitos y así pasó a formar parte de nuestro patrimonio. Hace como un par de años me informó el actual director, Raúl Menasalvas Valderas, que iba a formar parte del nuevo Museo de Esculturas al Aire Libre, lo cual me alegró y la verdad es que me encanta como luce.

Últimamente la he visto fotografiada en la nueva Guía Turística de Puertollano, junto a nuestra querida Fuente Agria; es orgullo de puertollanero lo que siento, que queréis que os diga.

Quizás alguna vez cuente como cambié una cabra por la Fuente Agria.

Un abrazo desde Reus, paisanos.