Edición mensual - Febrero 2010 - Historia

Cartas desde Toledo

Imágenes para una historia de Puertollano (IV)

José D. Delgado Bedmar

Nº 220 - Historia

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Comenzaremos con un cumpleaños, porque celebramos con la presente “Carta desde Toledo”, los diez años consecutivos de entregas mensuales sin haber faltado ni una sola vez a nuestra periódica cita con los lectores de “La Comarca de Puertollano”. Con ésta son ciento veintiuna “misivas” en la que nuestro objetivo no ha sido otro que intentar captar la atención de todos aquellos que tienen interés por conocer algo más acerca de nuestro pasado y del patrimonio histórico, monumental y documental de nuestra localidad. Estas breves líneas introductorias van dirigidas a manifestar públicamente nuestros deseos de que podamos proseguir con esta humilde labor -al menos, en principio, durante otros diez años más- si contamos con el beneplácito de los lectores y del editor de este periódico mensual, porque estamos seguros de que temas que seguir tratando no nos van a faltar.

Dicho esto, señalaremos también que, como se recordará, se trata de la cuarta de las entregas que estamos dedicando a analizar pormenorizadamente el impagable mapa del término municipal de nuestra localidad que se conserva en el Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real, y que se encuentra entre los documentos elaborados con ocasión de la realización del Catastro de Ensenada en Puertollano, hacia 1752.

En las líneas finales de la “Carta” del pasado mes, en concreto, aludíamos a la presencia en la zona sur del entonces término municipal de hasta cuatro aldeas que dependían de Puertollano (todas ellas al sur de la Sierra de Mestanza), y que poseían una gran cantidad de terreno dentro del Valle de Alcudia, en el que destacaba la presencia de hasta tres dehesas que eran muy importantes para la economía de la localidad.

La primera de ellas es la Dehesa de la Encomienda de Puertollano. En realidad, esta Dehesa era conocida como “Dehesa del Ochuelo”, y estaba situada justo a la entrada del Valle de Alcudia por el puerto de Mestanza, en su ladera suroeste, hoy en término municipal de Hinojosas de Calatrava. Sus términos limitaban por el Este con los de la Encomienda de Mestanza (que también era conocida como “Encomienda de Barrancos”) por medio de un camino que llevaba a los molinos harineros que se encontraban en las márgenes de los ríos Tablillas y Montoro.

En el Catastro de Ensenada se señala que la Encomienda de Puertollano tenía unas tierras que en su totalidad eran de pasto de segunda calidad, y en cuanto a dimensiones, constaba de 1.664 fanegas y 10 celemines de tierra, estando dividida en dos millares o cuatro quintos: Peñas Blancas y Albogedo, que constituían el millar de los Ochuelos, y los quintos de Maricasas y El Chaparral. La denominación de “quinto” ha sustituido en nuestra zona a la de “finca” en muchas ocasiones, y se consideraba que era el territorio de pastos capaz de acoger de ordinario a quinientas ovejas, dando lugar también a la denominación de “quintería” para la casa principal de la propiedad. Estos pastos solían arrendarse en los meses de invierno a ganaderos trashumantes procedentes de Castilla, mientras que los “agostaderos” eran disfrutados por vecinos de Puertollano o de sus aldeas, sobre todo de Hinojosas y Cabezarrubias.

La segunda Dehesa era la conocida como “de los Donadíos”, que debía su nombre a las “donaciones” de terrenos realizadas por los Maestres de la Orden de Calatrava en época bajomedieval para que sirviesen como pastos concejiles a los vecinos de la localidad. Esta dehesa estaba situada al sur de las tierras de la Encomienda, y cuando las aldeas de Puertollano en el Valle de Alcudia alcanzaron su independencia, la mayor parte quedó en el término municipal de Hinojosas de Calatrava, mientras que una pequeña parte, el quinto de Almagrero, que también estaba comprendido en la Dehesa, pasó a depender de Cabezarrubias del Puerto.

Para darnos una idea de la riqueza de estos pastos y de lo que rentaban a los fondos propios de la villa de Puertollano, podemos decir que los redactores del Catastro indican que la “Dehesilla” estaba entonces arrendada a Alonso Vázquez, vecino de Molina de Aragón, “con una parte de la dehesa de los Donadios que es otra que pertenece á esta villa, legua y media de ella, en compañía de doña Maria Salcedo, vecina de Agreda, don Francisco Xavier Benito, vecino de Parexa; don Francisco Vicente Borja que lo es de Madrid, vaxo de una cantidad, que lo es la de siete mil ochocientos setenta y cinco reales para sus ganados finos trashumantes; y ademas percive esta villa por el fruto de bellota, de dichas dos dehesas quatrocientos noventa y nueve reales y nueve maravedis, que es el valor y producto que dán las nominadas dos dehesas”. Digamos, para poder comparar costes, que el jornal medio de un labrador era de un real, más real y medio o dos reales que percibían en comida.

Por último, la tercera de las dehesas del término municipal puertollanero era la auténtica “joya de la corona”: la Dehesa de Clavería. La Clavería era una encomienda calatrava de las conocidas como “de Dignidad”, junto con la Encomienda Mayor, la de Alcañiz (Teruel) y la Encomienda de la Obrería. Para darnos una idea aproximada de sus dimensiones y riqueza baste decir que, como ya anotó Gascón Bueno, a principios del siglo XVIII estaba formalmente valorada en 3.771.400 maravedís (casi 111.000 reales), mientras que la Encomienda de Puertollano lo estaba en tan sólo 486.187 maravedís.

Pertenecía a esta Encomienda de la Clavería la Casa-Palacio de igual nombre situada en Aldea del Rey (de tan reciente y triste actualidad), tierras de diferente tipo en el lugar de Hernán Muñoz, en Valenzuela de Calatrava y en la aldea de Huertezuelas, una serie de derechos en la población de Aldea del Rey, la dehesa de Santa María de Zuqueca a orillas del río Jabalón (en el actual término municipal de Granátula de Calatrava), derechos de portazgo en todo el Campo de Calatrava, varios molinos en el río Fresneda, Casa-Palacio y bodegas en Miguelturra, diversas casas en Almagro y, como queda dicho, la Dehesa de Clavería en el Valle de Alcudia, que disponía de ocho millares o dieciséis quintos, y que tenía asociada otra conocida como “de las Porras” que aportaba al conjunto otros seis millares de terreno más.

Con esto, tenemos que la Dehesa en cuestión partía en dos las dehesas del Valle de Alcudia que eran propiedad de la Corona, separando igualmente los términos municipales de Almodóvar del Campo y Mestanza. Como aparece claro en el mapa del Catastro, la dehesa ocupaba toda la mitad sur del término municipal puertollanero, hasta la aldea de Ventillas y las estribaciones de Sierra Morena, estando atravesada a su mitad por el río Tablillas. Sus comendadores no la explotaron directamente casi nunca, prefiriendo siempre el arriendo de sus pastos a ganaderos trashumantes, pues hay que recordar que en su conjunto disponía de tierras capaces de acoger en sus pastos a catorce mil cabezas de ganado en sus veintiocho quintos, muchos de los cuales han mantenido su nombre hasta nuestros días (Toledillo, el Mesto, la Bramadera, el Águila, las Parras, el Hatillo, el Villar, el Vadillo, el Horcajo, la Guarrilla, Zamorillas, la Clavería, Muela Prieta, las Vilaneras, la Cotofía, Alamillos, Cruces, Timones, venta de Zulema, la Jarosilla, las Morras, etc.).

Con la partición del término municipal a mediados del siglo XIX, la mayor parte de la Dehesa de las Porras quedó adscrita a Hinojosas, mientras que la casi totalidad de la Clavería pasó a encuadrarse en Cabezarrubias.

En nuestra “Carta desde Toledo” del mes próximo comenzaremos tratando ya de las aldeas y dehesas pertenecientes a Puertollano situadas en nuestro actual término municipal. Hasta entonces.