Edición mensual - Enero 2010 - Sociedad

2010, ¿Año de cambios?

Gema Pérez Pinto

Nº 219 - Sociedad

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Empieza un año nuevo, y como todos los años desde que tenemos uso de razón nos proponemos los mil y un propósitos de enmienda para el nuevo año. Bajar kilos de más, dejar de fumar, hacer deporte, trabajar menos, en algunos casos, y dignarnos a trabajar en otros … ¡Este año va a ser distinto!, lo intentamos pero el resultado es que volvemos a pedir lo mismo una y otra vez aunque nos preocupemos de enmascararlo. Lo que no nos damos cuenta es de que nuestros deseos para el año nuevo, ni son nuevos, ni son deseos, son solo un intento más de ser superficiales en nuestro mundo de prisas. Hay muchos deseos que realmente podrían cambiar nuestras vidas y que son muy fáciles de conseguir.

Otro año empieza, y los mil y un propósitos anuales se vuelven a repetir, dejar de fumar, adelgazar, etc. Este eco absurdo resuena en nuestras cabezas hasta finales de enero, ya que es entonces cuando se nos olvida que estrenamos año. Aún estamos a tiempo de que este año sea distinto, y que dejemos de desear cosas absurdas y banales que ni vamos a cumplir ni van a cambiar el mundo como proponernos que todos los niños tengan un hogar digno o que no se abandonen animalitos en las cunetas. No somos dioses, pero sí que podemos hacer propósitos de enmienda a baja escala, e intentar cambiar al menos lo que nos rodea.

Este año, deberíamos abanderar un deseo que sí que cambiaría un poco el mundo, ¡Dejar vivir a los demás! ¿Quién no tiene una vecina incomoda, o un pariente lejano, o peor, cercano, que nos machaque y critique cual soldado guerrero de la tribu de los Cara Pálida? Estos seres, primos hermanos de los habitantes de las cloacas se dedican a destruir a todo lo que les rodea. Destruyen todo lo que se posa bajo sus alas negras, negras de envidia, envidia de no poder tener vida propia, ya que viven a través de los demás. Las alimañas se alimentan de separaciones, divorcios, enfados, rumores o inventos, y beben de los ríos de sangre de las personas que arrasan a su paso. ¡Esto sí que es un buen deseo para este año que empieza! Todo el mundo tiene derecho a que le dejen en paz, a que no se metan en su vida, a que nadie preste “ayuda” sin que se la pidan. Con este sencillo propósito seriamos capaces de conseguir ser mejores personas y si nos preocupásemos de sonreír un poquito más al día, la gente que nos rodea, estaría más relajada y por el efecto rebote, nosotros también, con lo cual el numero de cigarrillos se vería reducido y la ingesta compulsiva de comida para calmar los nervios también. Todo es una cadena, el secreto de esta cadena radica en una frase mítica de la película de El Rey León: “¡Vive y deja vivir!”.

Vivir, no es tener una casa bonita, ni un coche de gran cilindrada, vivir es ser feliz, disfrutar cada día como si fuera el último, pero sin olvidarnos de dejar vivir a los de nuestro alrededor, sin meternos en sus vidas, sin arañar en sus heridas para hacer leña del árbol caído, ¡qué nos importa la vida de nadie! Al infierno con los cotillas, con los que no tienen vida propia, sino que se apropian de la vida de los demás. Este año será distinto si nos lo proponemos, 2010 empieza y con él la oportunidad de ser mejores personas, no lo desaprovechemos, 2010 es irrepetible, y en nuestra mano está el poder cambiar un poquito el mundo, aunque sea por el egoísmo del efecto rebote, sea por lo que sea.

Desde aquí mi único deseo para 2010, que todos seamos más personas, que dejemos vivir a los demás y cuando digo “demás” me refiero a personas, animales, árboles, me refiero a todo ser que tenga la capacidad de sentir, así conseguiremos un año que habrá merecido la pena vivir. ¡Feliz 2010!