Edición mensual - Navidad 2009 - Historia

Una tradición en decadencia

Los mineros y Santa Bárbara

El otro día un ciudadano me enseñaba una serie de fotografías que reflejaban lo que quedaba del pasado minero de la ciudad. Imágenes que me hacen recordar una de la fiesta más relevante que ha tenido Puertollano y que durante casi un siglo disfrutó toda la población. La crisis minera diluyó con el paso del tiempo el contenido minero de la festividad que ha quedado reducida a una celebración interna sin apenas repercusión entre la población.

Luis F. Ramírez Madrid

Nº 218A - Historia

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A partir del descubrimiento y de la explotación de la cuenca minera de Puertollano, cada cuatro de diciembre se ha venido celebrando, con mayor o menor intensidad, la festividad de Santa Bárbara, patrona de los mineros. La tomaron como patrona de los artilleros y, posteriormente, los mineros y canteros. Las razones que tuvieron en cuenta los miembros del Colegio de Ingenieros de Minas para hacerla su “protectora” fueron el constante peligro que tiene el minero en su trabajo y la dificultad extrema que entrañaban dichas tareas. A los pocos años de iniciar la explotación de las minas comenzó a celebrarse muy tímidamente la festividad de Santa Bárbara. Pero una fiesta para arraigar necesita tiempo y que la población adquiera vínculos con la nueva base económica de la localidad, lo que sucedía en la última década del siglo pasado, fecha en la que ya los mineros celebraban ruidosamente el día de su Patrona. El desarrollo de la festividad fue pasando por diferentes etapas hasta convertirse en una verdadera tradición de Puertollano que se ha mantenido viva mientras la mayoría de su población dependía de las minas y sus gentes la disfrutaban porque un porcentaje muy elevado de ciudadanos de la localidad tenían en su familia algún miembro que trabajaba en ellas o para ellas. En un principio, el festejo consistía en defender las labores a media jornada dirigiéndose los mineros hacia el pueblo después de realizar unas cuantas explosiones para comunicar a los cuatro vientos que todos estaban de fiesta. Un vino “peleón” servía para hacer olvidar por unos instantes los sacrificios y la dureza de su trabajo.

Celebración ruidosa

Mas tarde, cuando la festividad estaba enraizada entre los habitantes de la localidad se paralizaban los trabajos el día cuatro en el que, además de despertar a la población con los barrenos, en los aledaños de las minas se producían reuniones especiales alrededor de algunos mineros que entonaban viejas canciones que eran coreadas por todos los obreros, mientras consumían los centenares de litros de vino que las tacañas compañías del carbón les habían facilitado y que los mineros consumían en medio de una algazara generalizada. Como dato anecdótico diremos que algunos trabajadores que estaban construyendo una casa en los barrios mineros de nueva formación aprovechaban los barrenos para extraer piedras de las canteras con el fin de formar tapiales consistentes.

otros actos

Pasadas esas primeras décadas y consolidada la festividad de Santa Bárbara en Puertollano, se mantenían una serie de actos de los que hacemos a continuación un dibujo en letra con el fin de no extendernos demasiado, toda vez que lo realmente importante es el contenido que dicho día tiene para la población obrera de esta localidad. Al anochecer de la víspera del día de la Santa y mientras en los cerros de Santa Ana, San Sebastián y San Agustín sonaban las primeras salvas de explosiones, una banda de trompetas y tambores de la cofradía de soldados romanos, compuesta exclusivamente por mineros de la cuenca, recorrían las calles céntricas de Puertollano interpretando alegres retretas. Años después, este mismo día tenía lugar el repique general de campanas y disparos de cohetes para hacer saber que el próximo día tenía lugar la conmemoración de la fiesta de Santa Bárbara, patrona de los mineros. El día cuatro, las explosiones de los cartuchos de dinamita que los mineros quemaban a la salida del turno de la noche producían un ruido infernal que despertaba a la población con las primeras luces. Ese día se suspendía toda la actividad minera, y a las siete de la mañana tenía lugar la clásica diana a cargo de la Banda Municipal de Música y, en ocasiones, de la Banda de Cornetas y Tambores de la Cruz Roja Local. Después, se celebraba una función religiosa en la Ermita de Nuestra Señora de Gracia, estando para entonces la imagen de Santa Bárbara iluminada y adornada en el Altar Mayor de dicha Ermita.

Concursos entre vagoneros y entibadores

Para los mineros, el día era especial, siendo el plato fuerte del día la realización de los clásicos concursos entre especialistas de la mina representando a las distintas entidades mineras. Generalmente, en los concursos participaban los vagoneros y entibadores que, a mediodía, ofrecían al público un espectáculo de habilidad, esfuerzo y compenetración. Los mencionados concurso, tenían lugar en la explanada del Paseo de San Gregorio (“El Bosque”)o bien en la Plaza de Toros donde se preparaban la madera para el concurso de entibadores o la vía que se tendía para el concurso de vagoneros, con una enorme pila de carbón que debían mover de un lado hacia otro. Algunos años, no todos, en el mismo terreno, se simulaba una galería minera para que los equipos de salvamento pudieran demostrar su habilidad realizando su oficio. Al final, tras los concursos, los vencedores recibían los trofeos (Copa Gobernador Civil, Copa diputación Provincial y Copa Delegación Provincial de Trabajo, más una cantidad de dinero en metálico) de manos del Alcalde y de los Delegados Provincial y Comarcal de Sindicatos. Durante décadas, los mineros más jóvenes celebraban una carrera de cintas en bicicleta y posteriormente se entretenían jugando a la “gallinita ciega”, a continuación, tras estos hechos, se quemaba una traca en la Glorieta de la Ermita.

Conciertos y procesión

Por la tarde, tenía lugar esa misma tarde la procesión con la imagen de Santa Bárbara. Una procesión en la que estaba representada toda la mina, los presentes y los ausentes, los ayudantes y los jefazos, las novias, esposas y viudas,…un acto al que no faltaban ni los huérfanos. También, la Corporación y jerarquías provinciales presidían un concierto de la Banda Municipal con escogidas piezas de su repertorio, las actuaciones de los coros y danzas de la Sección Femenina de diversos pueblos de la provincia y la popular “sardinada”. Con la llegada de la Empresa Nacional “Calvo Sotelo”, la festividad comenzaba a adquirir otra dimensión, entregando ese día medallas de bronce y plata a los productores que llevaban 20 y 25 años de servicio respectivamente en la “Empresa”.

La población de fiesta

Durante varios años, las Empresas Cinematográficas del Gran Teatro y Cinema Imperial ofrecieron una función gratuita de cine como homenaje a los mineros en la festividad del cuatro de diciembre. Aquel día, toda la población estaba de fiesta porque mientras la minería nada simbolizaba mejor a Puertollano que el carbón, cuya industria dio origen a su desarrollo económico y que fue la base de su existencia durante casi diez décadas.

La fiesta en crisis

Aquellos eran otros tiempos, la llegada de nuevas empresas a Puertollano y la crisis minera diluyeron con el paso del tiempo el contenido minero de la festividad, que ha quedado reducida a una celebración sin apenas repercusión entre la población. El paisaje de castilletes y vagonetas y de hombres tiznados y la carbura en la mano quedó atrás. Ahora, de aquel pasado glorioso, solo nos quedan algunos (muy pocos) vestigios de lo que fueron y la memoria, que no la han podido borrar.