Edición mensual - Navidad 2009 - Colaboraciones

El ladrón de juguetes

Ramón Aguirre

Nº 218A - Colaboraciones

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El actual padre de la Navidad, Papá Nöel, tuvo desde su más tierna infancia muchísimos amigos y en su pueblo natal del Polo Norte se llevaba bien con todos los habitantes de aquellos lares.

No obstante, había un chico que le odiaba, llamado Faulter, Faulter Finnegan. Además, Finnegan odiaba la Navidad y odiaba enfermizamente a Nöel.

Sin embargo, Nöel pensaba que con el tiempo, Faulter cambiaría su forma de pensar y algún día disfrutaría como todos ellos de la Navidad.

A medida que Nöel crecía, su popularidad se iba también incrementando, así como el odio y los recelos que Finnegan sentía hacia el joven Nöel.

Faulter se convirtió en un ser totalmente despreciable y deseaba terminar con la fantástica reputación de Papá Nöel, al que todos adoraban.

A medida que los años pasaban Faulter pensaba, un día tras otro, como terminar con el amor y con los buenos sentimientos que su enemigo recibía por parte de todo el mundo conocido.

Unas navidades, Finnegan “El despreciable”, como era conocido por su amarga displicencia, y junto con la colaboración de los elfos y duendes malignos, expulsados del Reino de la Felicidad Verdadera, pretendía derrocar de su posición a “Papá Nöel” y terminar con las Felices Fiestas Navideñas.

Entonces, pensaron que la mejor forma de fraguar su venganza, sería robar los juguetes que todos los niños del mundo recibirían el día de Navidad antes de despertarse. De este modo, los niños odiarían a Papá Nöel porque pensarían que se había olvidado de ellos y no tendrían con qué jugar y divertirse en las fiestas navideñas.

Estos eran los planes de Faulter Finnegan “El ladrón de juguetes” y sus colegas los elfos y duendes malvados.

Santa Claus, como también era conocido Nöel, estuvo todo el año construyendo los juguetes con el apoyo de sus magníficos aliados, los duendes y elfos de la Amistad y recibió un montón de cartas procedentes de todas partes del mundo, como venía siendo habitual en estas fechas del calendario.

La Nochebuena llegó y Santa Claus se subió en su trineo donde sus renos estaban ya preparados, flotando y dispuestos a emprender su largo viaje por todo el planeta. Nöel estaba muy orgulloso pensando en la felicidad de todos los niños alrededor del mundo. Esperaba que despertaran y encontraran los maravillosos juguetes que él les había construido con tanta ilusión y generosidad.

Pero Faulter Finnegan y sus ayudantes estaban retirando de sus zapatos todos los regalos que Santa Claus iba colocando con gran felicidad y espíritu navideño. Santa regresó a su hogar en el Polo Norte muy feliz y pensado en el buen trabajo que había realizado. Estaba orgulloso un año más, pero no sabía ni podía imaginar lo que realmente estaba sucediendo.

Fue unos días después cuando empezó a recibir millones de cartas, procedentes de los cinco continentes, de niños que le preguntaban por qué se había olvidado de ellos y no les había llevado sus juguetes a ellos y a todos sus amigos.

Nöel se sintió realmente mal y se puso muy triste. No sabía el motivo por el cual todo esto había sucedido.

Santa Claus se puso a pensar cómo solucionar el problema y se acordó de la leyenda de los “Tres Reyes Magos de Oriente”, que hacían un trabajo similar al suyo y sin dudarlo les escribió para contarles lo que había ocurrido.

Santa pensó en seguida que todo aquello sólo lo había podido maquinar el malévolo Faulter Finnegan y sintió pena por él.

Entonces, con todo aclarado, los “Tres Reyes Magos de Oriente” acompañados de la fabulosa compañía de Papá Nöel, consiguieron que el magnífico “Espíritu de la Navidad” volviera a renacer y todos los niños fueron felices; Santa Claus también recobró la alegría de la Navidad de nuevo, un año más.

Y cuando Faulter Finnegan despertó el seis de enero encontró un montón de carbón junto a sus botas... Lo tenía merecido.