Edición mensual - Navidad 2009 - Colaboraciones

Claves mágicas para que 2010 sea mejor

Benjamín Hernández

Nº 218A - Colaboraciones

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Después de un año y pico malísimos, con una crisis que, en definitiva ha servido para echar a la gente a la calle y que los que paguen sean los de siempre, vamos a intentar convertirnos todos en un poco brujos de cara a 2010. La nochevieja es un cambio importante. Nos lo tenemos que creer, si no, no funcionará. El fin de un tiempo y el comienzo de otro, así como las características del día más corto del año han dado pie en la imaginación y en la percepción de los seres humanos, a buscar interpretaciones y medios para utilizar y comprender lo que sucede. Quiero rescatar unas viejas ideas para que nos traigan nuevas ilusiones.

La magia, recordemos, es la utilización de las capacidades de los seres y los objetos para modificar el medio, el comportamiento y la actitud de lo que nos rodea. Es, por así decirlo, dejar que fluya la energía orientándola, haciendo que nos sirva para ahorrarnos la penalidad y el trabajo. La ciencia, que es una hija mucho más empírica de la magia, trata de conseguir lo mismo.

La magia es eso, aunque utiliza mecanismos y fuerzas cuya ecuación se desconoce todavía. Si añadimos que la capacidad para practicarla es similar al arte -está reservada para unos pocos- entonces el límite entre el auténtico poder, la híper intuición verdadera y la charlatanería oportunista, es muy débil. Brujería, hechicería, chamanismo, poder mágico, son sinónimos. Llamar a las Artes Antiguas Ciencias Ocultas, me parece una aberración. Si son ciencias, no pueden estar ocultas.

Las Artes, por el contrario, incluyen la capacidad y el aprendizaje como elementos esenciales, además de la relación estrecha entre el Iniciado y el que se va a iniciar, en el que se manejan elementos peligrosos que no pueden ponerse, como sucede con las armas, en manos de cualquiera. Éstas son las razones del ocultismo y el secreto con el que se deben llevar los conciliábulos.

Al principio, la magia y la religión iban unidas, de hecho, a las brujas, en Italia, se les llama de la “religione antica”. Era una creencia servicial, puesta a disposición de los hombres y mujeres de la aldea, que requería actitudes propiciatorias pero en las que el hechicero/sacerdote cazaba con la tribu, sembraba y criaba ganado con la tribu y luego prestaba un tiempo extra a la tribu en curandería, orientación y mejora. A cambio, los miembros de la comunidad le araban un trozo de su campo, le llevaban un animal, una pieza de caza, unas verduras o lo que fuera.

Algunos de estos brujos se relajaron, dejaron que llegaran las ofrendas con la excusa de dedicarlas a una deidad, abandonaron el trabajo común e inventaron la Religión Estatal, que perdura, lamentablemente, todavía. Otros se decidieron a buscar solamente la racionalidad del conocimiento, renunciando a los elementos que no admitían explicación. Ambos grupos, sacerdotes y científicos, arremetieron contra los brujos esenciales que, perseguidos, encarcelados, torturados, ejecutados entre enormes tormentos, fueron acusados de servidores del Mal, supersticiosos o, simplemente, embaucadores. Al fin y al cabo, eran una competencia que los nuevos poderes no iban a tolerar.

A pesar de todo, con mucho dolor y confusión, hubo personas que mantuvieron el Antiguo Conocimiento y las Artes Poderosas y que las han transmitido hasta nuestros días. Lamentablemente, también se han perdido muchos elementos y, como siempre, han perdurado y se mantienen personajillos aprovechados que comercian con la ilusión, la desesperación y la credulidad. Claro que eso pasa en todos los estamentos de la vida.

El caso es que las tradiciones que se instauraron en los heroicos tiempos mágicos, en el ancestro de nuestra evolución, no han podido ser eliminadas de las costumbres religiosas y civiles. De hecho, el sincretismo, la adopción de costumbres ancestrales rebautizándolas con nombres nuevos acordes con las nuevas religiones y estados, ha hecho que la Gran Madre Tierra fuese luego, Mari, Marianne, Gaia, Rea o la Virgen María. Las religiones no pudieron acabar con la gran creencia – certeza del seno del planeta, y la asumieron como propia, cambiándole sucesivamente el nombre.

Las grandes celebraciones festivas siguen siendo, por tanto, las mismas. La fiesta de la Resurrección Primaveral, la Walburga del Primero de Mayo, los solsticios y equinoccios; en verano San Juan y en Invierno Navidad. Si el 24 de junio celebramos la noche más corta, el 25 de diciembre festejamos que el sol comienza a ganar terreno a la oscuridad. Desde siempre, el solsticio de invierno se ha celebrado justo en la última noche del mismo. Por tanto, el 24 es el día más corto del año y, claro está, su noche es la más larga.

Los brujos y brujas, magos y magas, se reunirán en torno a una hoguera, un altar y un árbol sagrado para efectuar una serie de rituales que ignora la mayoría de las personas. Los no iniciados tienen la posibilidad de hacer sus pequeños, inocuos y beneficiosos sortilegios que detallamos a continuación.

Deberemos encender una vela blanca, una verde y una roja, antes de las doce. Hay que recordar que el horario oficial lleva una hora de adelanto respecto al sol, por lo que prenderemos las mechas justo a la una menos cinco.

Todo parece indicar que usar ropa interior blanca favorece un poquito de buena suerte. Tampoco es falso que el rojo sea un color fausto, sobre todo en la lencería y en la picardía, principalmente para las parejas.

Brindar con una copa de vino, metiendo dentro un objeto de plata o una perla, es también conveniente. El oro, mejor llevarlo puesto.

Para despedir el solsticio de invierno, tendremos que tirar veinticuatro granos de trigo, centeno u otro cereal o fruto seco, lanzándolas al aire y sembrando cuatro habichuelas, habas o garbanzos.

A los enfermos se les atará alrededor del brazo una cinta verde, para que sanen. A las personas amadas les ataremos un lazo rojo, para garantizar su fidelidad y el cariño mutuo. Es bueno, también, encender tres barras de incienso de diferentes aromas, pinchadas en medio limón.

Si queremos resumir, entrar en el invierno con una cinta verde, una roja y una blanca, a modo de triple pulsera, es bueno. Que el día de san Antón nos la corte con una tijera una persona que nos quiera, nos traerá también la buena sombra. Y, como decimos los brujos, que se cumpla.