Edición mensual - Julio 2009 - Sociedad

No los abandones, ellos…

Gema Pérez Pinto

Nº 213 - Sociedad

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La vorágine de la sociedad en la que vivimos, no nos deja más remedio que intentar escaparnos de vacaciones para poder resistir el largo y duro año laboral, lo que no nos exime de olvidarnos de todos aquellos que nos rodean y que nos hacen sentir personas, no maquinas de sacar adelante un trabajo.

Como cada año, por fin llega el tan esperado verano. La gran mayoría prepara sus vacaciones y surge la gran pregunta: ¿Qué hacemos con…? Seguramente que estas pensando en el perro, pero no, la gran pregunta de miles de familias es que hacer con sus mayores. Si se los llevan, les estropearan las vacaciones, y si se los dejan en casa no se van tranquilos, así que la mejor solución es que se pongan enfermos y con un poco de suerte en la 2ª quincena de julio estén hospitalizados con alguna dolencia, leve pero duradera. Todo esto con suerte, sino esas pobres familias se ven obligadas a ingeniárselas e intentar recolocar a su gran “problema” en casa de cualquier familiar, que ya procurará de antemano no descolgar el teléfono, no vaya a ser que no tenga el día hábil y tenga que cargar con ese peso. Pero lo peor es cuando se acerca ya la fecha del viaje, toda la familia comprando bronceadores y bañadores pero sin olvidar una mirada cruel de perdonavidas dedicada a sus progenitores.

Una vez transcurrido el tiempo estimado para que se pongan enfermos, y sin conseguir el resultado esperado, la histeria y la desesperación les hace llegar a extremos donde la cordura se moriría de pena. Es el momento de recurrir al único salvavidas a la vista, ¡la depresión! Esa famosa enfermedad que las analíticas no detectan y que con la cara de pena que tienen últimamente esos mayores, acompañadas de las más negras ojeras y el hinchazón de sus ojos; cortesía de largas noches en vela sintiéndose un estorbo… seguramente nos creerán. Y en el peor de los casos siempre quedará una gasolinera o la puerta de una residencia donde dejarles, y salir corriendo, no vaya a ser que identifiquen el coche.

Seguramente que estás pensando que estas cosas no pasan, o que estoy exagerando, siento decirte, que todo cuanto he escrito está por desgracia contrastado.

No permitamos, que estos mayores sean una carga, somos lo que somos gracias a ellos, gracias a sus esfuerzos, a sus veranos sin vacaciones y a muchas noches en vela a nuestro lado. Hagámosles sentir lo que son, parte de nosotros. Ellos también tienen derecho a ir de vacaciones, a salir y a entrar a nuestro lado, a sonreír cada día pensando que vale la pena vivir. Como dice el famoso lema de verano: “No los abandones, ellos nunca lo harían”, yo desde aquí propongo un cambio: “No los abandones, ellos nunca te lo hicieron”.