Edición mensual - Julio 2009 - Historia

Cartas desde Toledo

La escultura urbana en Puertollano (LIV)

José D. Delgado Bedmar

Nº 213 - Historia

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Como se recordará, en la “Carta desde Toledo” del pasado mes tratamos de una escultura de estilo realista pero al tiempo con una connotación muy simbólica, y que cambió radicalmente su significado último al adquirir un carácter monumental, tras ser situada sobre una base granítica colocada en el centro de la rotonda de acceso al Hospital de Santa Bárbara, en forma de “Monumento a los Donantes de Sangre”.

Como tuvimos ocasión de ver entonces, esas denominadas “Manos de la solidaridad” concebidas por el artista Emiliano Vozmediano, más conocido entre todos nosotros por su faceta de pintor, fueron un encargo directo de una colectividad, y como tales fueron ideadas y ejecutadas; pero su carácter monumental y de homenaje a un determinado colectivo fue directamente asumido por la corporación municipal, de tal modo que se transformaron en un nuevo monumento público y “oficial” de nuestra localidad, al igual que ocurriera algunos años antes con los monumentos a los “santos del siglo XX”, como denominamos a San Pedro Poveda, Santa Ángela de la Cruz o San Juan Bosco. A este tipo tan particular de esculturas –lo hemos podido ver en todo este tiempo- debemos añadir también las colocadas directamente por iniciativa municipal (sea con una intención meramente decorativa, sea con un declarado afán de homenajear a algún individuo o colectivo), las debidas a las empresas, las de carácter religioso, etc.

Mas no acaban aquí las diferentes tipologías que adquieren las esculturas presentes en nuestros espacios urbanos. Hay otro tipo específico de obra que se caracteriza porque sufre más que ningún otro el propio paso del tiempo y que, con quizá demasiada frecuencia, desaparecen por efecto de las nuevas construcciones, los nuevos gustos estéticos o, simplemente, la falta de un mantenimiento que asegure para la posteridad su permanencia. Nos referimos a las obras de iniciativa particular que decoran o que han decorado los inmuebles de nuestra localidad.

Tendríamos, en primer lugar, los relieves escultóricos decorativos, realizados generalmente en escayola o piedra caliza, y que se ponían rodeando los vanos (balcones, ventanas y puertas) de algunas fachadas de determinadas casas señoriales del centro de la ciudad. Se da la circunstancia de que estos relieves han ido desapareciendo en estos últimos tiempos, pues prácticamente todas estas casas se han ido demoliendo para dar paso a bloques de viviendas.

Situadas en calles tan emblemáticas como Calzada, Aduana, Cruces, Vélez o Amargura, hoy tan sólo nos queda algún resto aislado, como es el caso de la casa que actualmente tiene el número 36 de la calle Aduana, en la que podemos ver un establecimiento comercial en la planta baja y una vivienda en la primera planta que dispone de hasta seis balcones que aparecen enmarcados en sus laterales por una cenefa decorada con grutescos neorrenacentistas, mientras que en la parte superior aparecen unos angelotes que portan medallones en los que se inscriben unos bustos masculinos laureados, todo ello en ese estilo neorrenacentista-clasicista propio del primer tercio del siglo XX al que aludíamos anteriormente y que, aparte de un interés meramente decorativo, reflejaría la intención del propietario de singularizar su domicilio particular. En última instancia, se trata de piezas realizadas en serie y que no presentan mayores valores artísticos, pero que revisten, como señalamos, unas importantes connotaciones simbólicas y de representación social.

Caso bien diferente es el de otras obras, realizadas en un momento muy concreto y con una finalidad muy definida por uno de los más importantes artistas puertollaneros de todos los tiempos (a pesar de que, curiosamente, su nacimiento se produjo en una pequeña huerta cercana a Argamasilla de Calatrava en 1956): Jesús Cortés Caminero, más conocido por todos como “Shule”.

Su trayectoria artística comienza prácticamente con su formación, que a pesar de una base eminentemente autodidacta, fue encauzada y orientada tras su asistencia a las clases de la Escuela de Artes y Oficios de Ciudad Real, en la que recibirá la influencia de artistas de la provincia tan conocidos como Antonio López, Manuel López Villaseñor y hasta Ángel Andrade. Las extraordinarias dotes de Jesús para el dibujo y su personalísima técnica pictórica se pusieron de manifiesto ya en sus primeras obras, de temas que pudiéramos llamar “metafísicos” y con colores oscuros. En una segunda etapa, sus intereses giran hacia la utilización desinhibida del color y a otros temas, en los que hace magníficos estudios del cuerpo humano, los paisajes de la cuenca minera o piezas arqueológicas o paleontológicas, todo ello pasado por el tamiz de lo que podría llamarse “realismo onírico”, usando para ello una técnica muy característica, que confiere a sus cuadros un agradable aspecto matérico y les dota de una atmósfera muy especial.

Todo esto fue muy valorado por el jurado que en el año 1993 le concedió el VIII Premio BMW de pintura, que con sus entonces cuatro millones y medio de pesetas era el mejor dotado de cuantos se conceden en nuestro país, y que marca el cénit de una trayectoria en la que ha obtenido cerca de medio centenar por todo el país (aunque sobre todo en los certámenes organizados en las localidades de la provincia). En los últimos años ha expandido su independiente espíritu con exposiciones en importantes galerías, aunque en recientemente haya puesto un especial énfasis en la docencia, pasando por su estudio nutridos grupos de “aprendices” que beben en sus muchos conocimientos técnicos y compositivos.

Pues bien: a pesar de que es conocido casi exclusivamente por sus pinturas sobre lienzo (y a veces sobre tabla), Shule ha hecho sus “pinitos” también en el campo de la escultura (tanto de bulto redondo como relieves), y en uno de nuestros espacios urbanos pueden verse aún hoy dos obras suyas ya bastante antiguas y que presentan un gran interés. Nos referimos a dos relieves que están situados junto a la puerta de entrada de un bar que se halla en la esquina de las calles de San José y Santísimo, pero que fueron creados e instalados por nuestro artista nada menos que en 1980 y por encargo del entonces propietario del local, que instaló allí el establecimiento conocido como “Lámparas Pío”.

Se trata de dos bajo y mediorrelieves realizados en marmolina y cemento blanco, y luego pintados en color bronce, miden 50 centímetros de ancho por 130 de alto, y se conforman cada uno de ellos por dos paneles. En el de la derecha de la puerta (que aparece firmado con el “alias” del artista en el ángulo inferior derecho) trazó un “Autorretrato”, en el que se nos aparece como de rodillas, con su poblada barba y su (entonces) larga y rizada cabellera, observándose el cuidado modelado de la figura y la utilización de pequeños círculos y rayados en los fondos.

Parecida técnica utiliza en el situado a la izquierda de la puerta, en el que podría decirse que el tema que trata es una “Maternidad”, apareciendo en el fondo la figura de una joven y estilizada mujer, con una joven que a su vez lleva en el regazo un niño de corta edad ocupando el primer término. Aunque quizá sea de una manera inconsciente, diríamos que pudieran apreciarse en estas piezas la influencia de las obras pictóricas de Gustav Klimt y, sobre todo, de Amadeo Modigliani. De una gran belleza formal, los múltiples usos y adaptaciones que ha sufrido el local para el que fueron creados y los propios agentes atmosféricos han dejado aún ligera huella sobre una parte de la superficie de estos relieves, que merecerían quizá más atención por parte de los organismos competentes.

Abordaremos nuevos ejemplos de esta peculiar escultura urbana de iniciativa particular que se halla en las casas de Puertollano en la próxima “Carta desde Toledo”. Hasta el mes que viene.