Edición mensual - Contraportada - Julio 2009

La Rincona

Siempre nos quedará Roma

Eugenio Blanco

Nº 213 - Contraportada

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Escribo desde París y es inevitable pensar que la belleza es el resultado efímero de un hecho armónico. Y casi siempre suele resultar eficaz, sobre todo porque su concepción parte de la esencia de las percepciones. Estas premisas se pueden aplicar al juego que ha desplegado el FC Barcelona este año. Pero tanto se ha dicho, tanto se ha redundado, que parece que esa sencillez y ese dinamismo eran ya algo así como conceptos o ritos predestinados.

El colmo de esa reducción a la esencia con la que el Barça ha hilado el fútbol alcanzó el paroxismo de la Historia, con hache mayúscula, el 27 de mayo en el Olímpico de Roma. Todo gran equipo tiene que refrendar su leyenda con una fecha y con una ciudad. Si no hay literatura, si no hay un espacio y un tiempo para el recuerdo, la historia se queda incompleta y no cala en el imaginario de las gentes.

Guardiola, entronizado como maestro precoz, sabía que la fecha y el escenario era un background ineludible a la hora que esta alineación reposara ya en el paraíso de la memoria. Y se inventó eso del video de Gladiator que, aunque era una secuencia cursi, llevaba un mensaje interno: necesitamos ganar en este escenario para que nuestro fútbol nunca se borre de la memoria de los aficionados.

La ciudad de la Historia estaba fulgurante ese día, ahora me llega como un fotograma de Pasolini, cimbreante la luz e irrevocable las imágenes austeras de las parras de las calles como cordones del Campo di Fiori. A Rilke no le gustaba Roma porque venía a decir que era un cementerio de las culturas. Y puede que no le faltaba razón. Roma es una ciudad donde el tiempo pasa más rápido, seguramente porque contrasta la inmediatez del presente con la presencia tangible del continuar de los siglos. Pero Roma también es la reinvención del arte a través de una botella de chianti que se vacía en Piazza Navona, un semáforo con las bombillas fundidas delante del Castello de San Angelo o una fotógrafa que dispara desde el mirador de Garibaldi con la sensualidad con la caminaba Claudia Cardinale. Una maravilla, vamos.

No había mejor escenario, pues, que esa encrucijada de los tiempos para que se citaran las dos escuadras más poderosas del momento o, al menos, las más poderosas antes que Florentino sacara la chequera para comprar a los mejores peloteros del mundo en un intento desesperado de lograr la excelencia que el Barça ha alcanzado creyendo en su sello de identidad.

Viví el partido en la Tribuna Monte Mario del Olímpico -territorio colindante de la Curva de la Roma- con mi amigo Marcos Suárez, un madridista que tiene la generosidad de invitar a un culé cardiaco a vivir un partido así. Un partido de fútbol puede representar una primavera sublime, porque puede convertirse en experiencia similar a la emotividad que provoca subir por primera vez las estrechísimas escaleras de la cúpula de San Pedro.

La tercera Copa de Europa del Barça era un objetivo histórico. Porque un club como el blaugrana no podía tener en su palmarés una sola. Ya en París, en 2006, se quitaron un fuerte complejo de inferioridad respecto a las grandes escuadras del continente y en Roma ya entraron de facto en el club de los señores. Porque el Barça si bien siempre ha sido uno de los grandes sin discusión tenía cierto aire derrotista en las grandes citas, algo que ya está definitivamente extinguido. Y más después de esta temporada donde el club parece haber ejecutado un guión cinematográfico en vez de una temporada de fútbol: goleando al eterno rival en su casa, llegando a la Final de Roma en el último suspiro contra un equipo antitético –como en los cómics-, ganando la Copa del Rey contra el otro gran histórico de la competición y demostrando en el Olímpico, contra la otra gran potencia del momento, que su estilo merecía hasta la admiración inequívoca de los oponentes.

La belleza es el resultado efímero de un hecho armónico. El aplauso convencido antes de que llegue el mercadillo de los fichajes. Roma prestó su belleza a un partido de fútbol. Y el fútbol le compensó con su pasión telúrica. Los mecanismos del azar siempre son los que mejor funcionan. El paso del tiempo es un azar. La victoria, seguramente otro. Pero cuando ambos azares confluyen sólo nos queda contemplar el espectáculo y esperar pacientemente sus consecuencias.

LAS GUINDAS

La Concejalía de Medio Ambiente ha pedido a los comerciantes de Puertollano que depositen en los contenedores de residuos orgánicos la cinta industrial que se utiliza para embalaje de palets y cajas, ya que este material no es reciclable.

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“La Provincia de Ciudad Real en el Nuevo Mundo (Siglos XVI – XVII)” será el nombre del nuevo libro del historiador Andrés Mejía Godeo. El primer estudio en el que se recopilan datos sobre los hombres de nuestra provincia, desglosado por poblaciones, que participaron en el descubrimiento, conquista y pacificación del Nuevo Mundo. Un libro de consulta que, sin duda, será de gran utilidad para los estudiosos del tema.

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El Centro Alfarero “La Estación” de Argamasilla de Calatrava organiza desde principios de este mes una serie de talleres en los que sus participantes no solo se iniciarán en la actividad alfarera, sino también en trabajos de cerámica, música, manualidades, pintura, taller de lectura, cuentacuentos, juegos, etcétera. Una interesante opción para el tiempo libre veraniego con un coste muy reducido.

LA GUINDILLA

Al cierre de esta edición, a UD Puertollano sigue sin despejar las dudas del nuevo patrocinador, ni de los fichajes del nuevo central, imprescindible tras la marcha de Manu Arias y Rojas. Mientras tanto, el cuerpo técnico, Benigno Sánchez y Jaime Prado, preparan la inminente pretemporada a la espera de las últimas noticias.