Edición mensual - Julio 2008 - La comarca llega al nº 200

Bicentenarios

El número doscientos no parece muy agradecido para las celebraciones. Quizás por estar en el año en que estamos, si echamos la vista justo dos siglos atrás, no se ve mucho que ensalzar, si quitamos el bicentenario de la muerte de Juan Crisóstomo Arriaga, magnífico compositor bilbaíno de truncada existencia (¿qué habría sido de la música sinfónica española si no se lo hubiese llevado la tuberculosis a los veinte años?), o el del nacimiento del ilustre hijo de Almendralejo José de Espronceda, buque insignia de nuestra poesía romántica, en torno a los cuales no perece estar celebrándose nada de nada.

También están el bicentenario de la insigne villa riojana de Pradejón, el de las Cortes de Cádiz (faltan algunos años para el 2012, pero ya se están organizando actos para celebrar una Constitución que no sirvió para nada); o el de la abolición de la trata de esclavos por los ingleses en toda la Commonwealth (en 1807), sin olvidar el de la entronización de la Virgen de las Angustias en Málaga, cuyo paso procesional, de Salzillo, es considerado uno de los más bellos que la imaginería haya sido capaz de crear. Y hace tres años se cumplieron doscientos del nacimiento del gran pensador Alexis de Tocqueville, autor de “la Democracia en América” y uno de los pensadores que mejor ha escrito sobre el gobierno del pueblo, sin que su figura haya sido objeto aparente de homenaje alguno.

¡Oh, si, claro! ¿Sabían que hace doscientos años comenzó la guerra de la Independencia, llamada así porque el pueblo español se alzó contra el gabacho invasor? La declaración de guerra la firmaron en la ilustre villa de Móstoles sus alcaldes, Andrés Torrejón y Simón Hernández (nunca he entendido porqué Móstoles tenía dos alcaldes), y se extendió como la pólvora, nunca mejor dicho, hacia la vecina Madrid. Este hecho lo están celebrando las derechas como un acto de afirmación nacionalista puro y duro, obviando que Agustina de Aragón fue un producto de marketing promovido por el general Palafox, por mucho ardor guerrero que tuviera, y las izquierdas como un acto de revuelta popular, o sea, lo mismo dándole la vuelta. Las voces disonantes en torno a este episodio apenas si tienen eco en los muros de la patria. Lo que sigue es un extracto (directamente “copiado” y “pegado” del interesantísimo portal “Otromadrid.org”:

“Se está conmemorando (y sobre esto se pasa de puntillas) un levantamiento protagonizado por la mayoría de un pueblo analfabeto y fácil de convencer; un pueblo sumido en una pandemia de abandono, pobreza y miseria que fue atizado por la, como siempre, todopoderosa Iglesia, aristócratas, caciques y terratenientes que veían peligrar sus privilegios por culpa de los nuevos aires que traían los “gabachos” heredados de la Ilustración, la Revolución Francesa y la Revolución Industrial. Esta capa de “patriotas” arengó al pueblo humilde convenciéndoles de que la Patria estaba en peligro y había que defenderla. Evidentemente no podían decir que lo que realmente estaba en peligro eran sus propios intereses.

Lo que nadie puede discutir es que, antes del 1808, España era aún una potencia internacional y, cuarenta años después de “independizarse”, gracias a los desastres causados por Fernando VII (qué curioso que el Borbón actual ensalce la Constitución que su propio pariente se encargó de machacar), y al de otra guerra peor, la Carlista (las guerras civiles son siempre peores que las de invasión, no nos engañemos), España se convirtió en un país tercermundista, paleto y atrasado, de boina y entrecejo, y siguió así más de un siglo, hasta la apertura de los 60 promovida por el franquismo, aunque sus secuelas perviven palpablemente a nuestro alrededor, no hay más que mirar.

¡Ah, que no se me olvide! En 2010 se celebran doscientos años del inicio de las independencias de muchas colonias, sobre todo las de Méjico, Colombia y Argentina, y ello unido a que también es el bicentenario del nacimiento de Simón Bolívar (muy oportuno para Chávez, si para entonces sigue en el cargo). Si echamos un vistazo al panorama hispanoamericano, podemos comprobar el nivel de prosperidad, libertad y riqueza que les ha reportado esa independencia. En realidad, siguen gobernando los españoles, porque los indígenas… ¡si hasta los líderes de los movimientos nativos tienen apellidos tan puertollaneros como “Morales”!

Pero dejémonos de ironizar. Lo que pasa es que doscientos años es muy mala cantidad para celebrar nada. No en poco tiempo ni tampoco mucho en nuestra escala histórica… Sin embargo, lo de “La Comarca” es radicalmente distinto, porque no hablamos de años, sino de ¡doscientos números! Y sicológicamente, doscientos son muchos periódicos. Dice mi amigo Luis Fernando Ramírez que hubo en Puertollano mucha tradición de prensa independiente al comienzo del siglo pasado (entiendo como prensa independiente la promovida por un editor local, con propósitos locales), pero no me consta que ninguna publicación aguantase tanto tiempo, sin dar muestra alguna de fatiga. Por eso, todos los que creíamos desde el principio que un periódico mensual puertollanero podía funcionar, seguro que vamos a seguir firmando en sus páginas, mientras nos dejen, al menos hasta el número trescientos.