Edición mensual - Junio 2008 - Historia

Cartas desde Toledo

La escultura urbana en Puertollano (XLI)

José D. Delgado Bedmar

Nº 200 - Historia

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Recordarán los que siguen esta serie de “Cartas desde Toledo” sobre la presencia de elementos escultóricos en los espacios urbanos puertollaneros, que en las dos últimas entregas tuvimos ocasión de repasar los procesos de creación de dos monumentos que podríamos llamar “religiosos” y que surgieron debidos a la iniciativa de una comunidad religiosa el uno (el de Santa Ángela de la Cruz), y de los integrantes de una Asociación de Madres y Padres de un colegio religioso el otro: el del Padre Poveda, en los jardines de igual nombre, frente al Colegio de “Las Teresianas”.

Como dejamos anotado en esas dos entregas, se trata de dos monumentos que, levantados fuera de edificios religiosos o educativos (aunque en sus cercanías), ocupan sendos espacios públicos y tienen unas claras connotaciones de homenaje colectivo, en línea con las creencias mayoritarias de la población. Sin embargo, muy poco tiempo antes había surgido en nuestra localidad otra escultura religiosa y de carácter monumental directamente relacionada con un edificio educativo concreto: el monumento a San Juan Bosco del Colegio de los Salesianos.

Este monumento surge de la celebración del 50 aniversario de la creación del centro salesiano de Puertollano, hecho que se produjo el 29 de enero de 1953. Precisamente a raíz de esa celebración, Miguel F. Gómez Vozmediano y Herminio Sobrino publicaron un extraordinario estudio sobre la presencia de esta congregación en nuestra localidad, gracias al que hemos podido conocer todos los extremos. Así, hemos sabido que a pesar de encontrarse en proceso de expansión a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta del pasado siglo, la congregación religiosa salesiana no tenía intención de abrir más nuevos centros por falta de personal suficiente con el que atenderlos; pero un grupo integrado por seis antiguos alumnos del madrileño Colegio de Carabanchel Alto que habían nacido en Puertollano (el notario Manuel Ocaña Martínez, el abogado y luego alcalde de Puertollano José León Gascón, el propietario Pedro Municio Berastegui, el médico Alfonso Cimadevila Reinoso, y, sobre todo, el maestro almodoveño Tomás García de la Santa y el industrial Manuel León Gascón) promovieron la creación de un nuevo centro en Puertollano, realizando para ello numerosas gestiones personales ante distintos ministerios, asociaciones y organismos. El objetivo que tenían era claro: conseguir que de nuevo abriese en Puertollano un colegio religioso masculino, orientado en este caso a la formación de la juventud obrera y de clase modesta, ante las expectativas de trabajo que se abrían en nuestra localidad por aquellos años con la creación del complejo petroquímico.

Gracias a sus esfuerzos, en el año 1947 se constituyó una “Comisión pro Fundación Salesiana”, en la que se integraron junto a algunos directivos de la Empresa Nacional “Calvo Sotelo” como el coronel Camilo Rambaud Portusach, que fue subdirector de la Empresa, autoridades locales y varios significados representantes de la vida local, como el notario Laureano Velasco o el interventor del Banco Español de Crédito Pedro Peña Pinés, luego Director de la Empresa Peñarroya. Al año siguiente se adquirieron unos amplios terrenos en las laderas del cerro de Santa Ana, a las afueras del pueblo, no muy lejos de aquellos otros en los que iba a construir el “Poblado”, y se pusieron en marcha las obras, recaudándose los primeros recursos económicos a través de festivales, rifas y las consabidas aportaciones de particulares, entre las que destacaron las cuotas voluntarias que ya entonces ofrecieron los padres. En 1951 comenzaron a sumarse los fondos que aportaron diferentes organismos y entidades locales.

Los esfuerzos realizados por la Comisión y el acelerado ritmo de las obras dieron como consecuencia que al inicio del curso 1952-1953 las futuras escuelas estuvieran prácticamente finalizadas en su primera fase, ante lo que la Congregación Salesiana consideró prioritaria su inmediata puesta en funcionamiento. Tras haberse invertido en las nuevas construcciones la elevada cantidad de casi 900.000 pesetas de la época, el 20 de octubre de 1952, Don Emilio Corrales Garrido, provincial de la denominada “Inspectoría Céltica de Santiago el Mayor”, pedía desde Madrid al obispo de Ciudad Real, Don Emeterio Echevarría, que confirmase por escrito la licencia verbal que ya había concedido años antes autorizando la fundación, autorización que fue concedida el día 30 de ese mismo mes. Por fin, una vez solventados todos los trámites administrativos, el 29 de enero de 1953 se inauguraba de manera oficial el colegio y comenzaban las clases.

El 7 de marzo de 1958, y siendo provincial de la Congregación Don Alejandro Vicente, los Salesianos pidieron al entonces obispo de la Diócesis, Don Juan Hervás y Benet, que concediese licencia para abrir en la finca “El Bonal”, situada en la carretera de Puertollano a Calzada de Calatrava, una escuela agraria denominada “San Juan Bosco”, que había sido una fundación promovida por iniciativa de Doña Concepción Narváez Ulloa. Concedida la licencia el 2 de abril siguiente, hay que significar que sus buenas condiciones permitieron que en esta finca funcionara también un aspirantado de la congregación salesiana entre los años 1966 y 1968. Precisamente en El Bonal se levantó a principios de 1960 un monumento a María Auxiliadora debido a Enrique Herencia, que consistía en un relieve de la Virgen sobre una base pétrea y un alto obelisco que remataba en una estrella. Dicho sea de paso, no estudiaremos este monumento porque se trataba de una obra en pleno campo, cerca de la casa de la finca, y no era por tanto una escultura “urbana”.

Para finalizar con los Salesianos, hemos de indicar que en el año 1991 se hicieron cargo de la nueva parroquia de María Auxiliadora, que comenzó a funcionar en el mes de septiembre siguiente. Como es lógico, se utilizó a partir de entonces como templo parroquial la espaciosa iglesia construida por la Congregación para dar servicio a las Escuelas, que preside la plaza de María Auxiliadora, siendo su zona de influencia la amplia barriada de Santa Ana. El primer párroco nombrado fue Don Carlos Plaza Romero, ayudado por dos vicarios parroquiales.

Junto a esta iglesia, y sobre la puerta de acceso al Colegio fue instalado un monumento al fundador de la orden salesiana y de las Hijas de María Auxiliadora: Juan Melchor Bosco (Castelnuovo D´Asti, 1815- Valdocco, 1888), conocido como Don Bosco y proclamado Santo por Pío IX el 1 de abril de 1934. Su estatua fue colocada en la Basílica de San Pedro del Vaticano en un lugar de los reservados a los santos fundadores de órdenes religiosas, acompañada de las imágenes de dos muchachos, producto de sus conocidos “sueños premonitorios”: Domingo Savio y Ceferino Namuncurá, como símbolos de lo que fue su misión, que no fue otra que santificar a los jóvenes, de ahí su nombramiento como “apóstol de la juventud”.

Precisamente una escultura “de serie”, realizada en resina, inspirada en la obra vaticana y en la que aparece con Santo Domingo Savio y una niña que se le acerca, fue adquirida en el mercado italiano tras una búsqueda muy minuciosa por numerosos catálogos, siendo la elegida por la Asociación de Antiguos Alumnos para conmemorar el cincuentenario. Así lo indica la inscripción de la base: “Cincuentenario 1953-2003. Los antiguos alumnos agradecidos a D. Bosco”. Para la inauguración del grupo no se acudió a un gran acto, realizándose el 14 de junio de 2003, en el transcurso de la reunión de más de 200 salesianos de la zona centro del país que se produjo ese día con motivo de la conmemoración.

El próximo mes trataremos de otras esculturas presentes en nuestras calles, aunque directamente vinculadas a edificios religiosos. Hasta entonces.