Edición mensual - Marzo 2008 - Puertollano

Orificios

Blair

José Rivero

Nº 197 - Puertollano

Imprimir

Cuando Tony Blair llegó a las alturas, hace ya diez años, del Labour Party, fue presentado como una enorme alternativa de futuro para toda la familia de la socialdemocracia y de buena parte de la izquierda posibilista. Que salía de diversos tropiezos: ya Craxi y la ‘Tangetópolis’ en Italia; ya González en España y sus conflictos con financiaciones ilegales; ya incluso los restos franceses del miterrandismo que no daban para mucho trayecto. El vaciamiento ideológico experimentado por lo más granado de esa socialdemocracia, hizo que el parpadeo de ojos de Blair y su mirada pizpireta y un poco estrábica, encandilara a muchos y se propalara todo esa deriva fantasmal de la ‘Tercera Vía’. ¡Ah Blair y sus posibilidades enormes!

Una definición propagandística más que ideológica esta de la tercera Vía, que contando con la colaboración intelectual de Tony Giddens suponía un ‘tour de force’ memorable para unos tiempos escuálidos en ideas y más escuálidos en realizaciones. Una especie de ‘soy-pero-menos’ de lo que parece, o lo que es igual y parecido ‘soy-y-no-soy’ o ‘soy-y-no-estoy-aunque-tengo’. Todo ello, todo ese juego de palabras, suponía, según los estrategas glamourosos de entonces, el mayor esfuerzo por redefinir a la izquierda democrática tras la caída del Muro de Berlín y tras la caída del telón de acero. ¡Madre mía! La que se le venía encima al pobrecito Blair. Pero él aguantó impertérrito, como nos demostró en su ensayo cinematográfico en forma de ‘The Queen’. Más aún fue visto como un revulsivo que despejaba todo el polvo milenario de la casa real inglesa y todo el polvo centenario del partido Laborista. Más aún, los medios de comunicación se encargaron de propalar la bonanza ideológica y el desarrollo de futuro, que se agazapaba tras el Nuevo Laborismo que pilotaba Blair. De un Laborismo redefinido casi sin argumentos, que levantaba cabeza tras muchos años de duro liberalismo tacheriano y tras muchos años de juego de poderes y contrapoderes.

Luego la realidad. Terca y tozuda, se fue encargando de desvelar la auténtica carga ideológica del Nuevo Laborismo y todo el oportunismo fundamental de la Tercera Vía. Tanto juego de premoniciones y tanto alarde de facultades, concluyó con la participación de Blair en la foto llamada como el ‘Trío de las Azores’, junto a Bush y junto a Aznar. Para avalar la próxima y pronta invasión de Irak o el pistoletazo de la guerra anunciada. Hay otras fotos también sorprendentes y llamativas, pero carecen del eco de esta instantánea que explicaba todo el contenido cierto de las reformas proclamadas.

Hoy Blair y tras su abandono del número 10 de Downing street, ha realizado el movimiento final que mejor resumen su sabiduría reformista en un doble bucle. Primero se ha afiliado a la Iglesia Católica Romana, que no está por la labor de ninguna renovación o puesta al día. Planteando el exmandatario un dilema aparente entre la modernización de los cuerpos y el conservadurismo de las almas. Y arrinconando, con ese golpe de dados y de dedos, la tradición británica de la Iglesia Anglicana tan vinculada al poder temporal de las islas. No se olvide que su Majestad la Reina de Inglaterra preside honorariamente tal colectivo confesional. El efecto de Blair cayendo del caballo, de haberse realizado bajo su jefatura de gobierno habría sido tan impactante como la muerte de lady Di en los túneles viarios parisinos. Pero se ve que Blair tenía nostalgia vaticana, y no ha podido resistir el tirón del encantamiento. Y después, tras unos acertijos sobre posibles destino europeos, ha aterrizado de asesor económico financiero de JP Morgan. Ya se sabe cuantos políticos, cubierto su mandato público, optan por acogerse a un retiro dorado y vivir de la agenda plagada de teléfonos influyentes. Visto lo visto, ¿habrá quien reivindique hoy el legado Blair y su esperanza de cambio? Todo eso, Vaticano y JP Morgan, es su legado real y no otro diverso de aquello que se quisieron desvelar en 1997.