Edición mensual - Marzo 2008 - Puertollano

No es la primera vez que sucede

Caídas de caudal de agua en la fuente agria

El pasado mes de febrero , la ciudadanía de Puertollano ha comprobado, sorprendida, que ninguno de los cuatro caños de nuestra querida Fuente “agria” daba agua. En las líneas que siguen, se detallan aspectos generales de la misma, a los que he añadido que no es la primera vez que a nuestra Fuente le sucede un hecho de similares características, si bien los acaecidos entonces tuvieron más gravedad que el actual ya que, al menos, nosotros tenemos asegurado el abastecimiento diario, algo que quienes nos precedieron no tenían. Todo ello con la tranquilidad de saber que el paso de los días convertirá todo en un hecho curioso para recordar (con el agua brotando) y que se habrá aprendido la lección para el futuro cuidando de nuestro maltratado patrimonio.

Luís F. Ramírez Madrid

Nº 197 - Puertollano

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Enclavado entre los jardines del Paseo de San Gregorio, se encuentra nuestra querida Fuente “agria”, un manantial medicinal tan viejo como la memoria que conservamos, aunque hasta que el Doctor Limón no publicó «El espejo cristalino de las aguas de España» no se pusieron de manifiesto las propiedades de las aguas de Puertollano, adquiriendo desde entonces fama por su acción terapéutica sobre las enfermedades del estómago, nervios, riñón y piel. Desde entonces su uso se generalizó y los vecinos de la localidad y los visitantes a los baños, utilizaron el agua con la intención de conseguir sus efectos benéficos.

Vicisitudes de la Fuente

Atrás quedaron numerosas vicisitudes de la Fuente, entre las que destacamos los intentos del Ayuntamiento de aumentar los ingresos, cobrando por su arrendamiento y carga de aguas; el comercio de las botellas taponadas, lacradas y selladas con un sello del Consistorio; los problemas con el convento de los franciscanos; las exposiciones internacionales en las que participó el agua agria de Puertollano (París, Ámsterdam, Niza, Barcelona, Lugo, Madrid) obteniendo dos medallas (una de plata y otra de oro) y un diploma.

Pérdida de propiedades del agua

Con el paso del tiempo, las aguas del manantial sufrieron un acusado deterioro en la abundancia, la calidad, el gusto y sus propiedades medicinales (lo que llevó a clausurar los baños cuando dejó de ser rentable), aunque nosotros la bebemos aún porque en nuestra ciudad, como decía un ilustrado concejal decimonónico, «se forma el paladar de recién nacidos con el agua agria». Y nadie cuestiona que todo lo que le sucede a la Fuente nos interesa ya que es uno de los símbolos emblemáticos de nuestra ciudad.

Con la construcción del pantano de Montoro, a mediados del siglo XX, Puertollano solucionó el secular problema de abastecimiento de agua. Hasta entonces, la población disponía de varios puntos de agua muy rudimentarios y con insuficiente caudal, lo que significaba un grave problema para la población, que formaba enormes “colas” incluso las noches de verano.

Importante para el abastecimiento

Además de beber el agua “agria”, por sus propiedades y por sus gusto, la Fuente “agria” fue durante muchas décadas uno de los puntos más importantes donde los vecinos se acercaban a por el líquido para abastecerse. Su manantial ha pasado a lo largo de la historia por diversas situaciones análogas a la que hemos sufrido y, para que reflexionemos con cautela, me voy a referir a algunas ocasiones en las que nuestra querida Fuente pasó por graves problemas de disminución de su caudal, teniendo en cuenta que uno de los principales problemas que puede tener un Alcalde en nuestra ciudad es (en palabras de Don José León, Alcalde de la ciudad en los años 50) “que la Fuente agria se quede sin agua”.

Otro manantial y una galería

Las dos primeras, ocurridas en 1860 y 1865, fueron graves ya que mientras duró la avería (otro manantial que comenzó a manar fuera de la arqueta), el caudal de la misma fue bajísimo (menos de 1.000 litros al día), ya que al tener una caída brutal el caudal por las tardes, dejó aquel en testimonial. Dieciocho años después de la última crisis de la Fuente, llegó otra para inquietar nuevamente a los vecinos, cuando ya se habían descubierto las minas y el número de ciudadanos era cada vez mayor. Esta vez fue de menor envergadura, ocurriendo como consecuencia de unas galerías realizadas (sin control) por la Fundación de Plomo y que fueron reparadas muy pronto.

Los pozos cortaron el agua

En pleno crecimiento del casco urbano de la ciudad, para dar cobijo a la población que venía a trabajar en las minas durante la Primera Guerra Mundial, la Fuente apareció sin una gota de agua, por lo que durante un par de días con sus noches, la Fuente del Pilar fue el único sustento de los vecinos. En esta ocasión, los causantes del problema fueron unos desaprensivos vecinos que lo originaron al abrir varios pozos para uso personal, exigiendo la autoridad municipal desde entonces permisos para ello. El último de ellos, aconteció en 1950, y fue una extraña sequía que provocó tanta intranquilidad entre la población que acabó con informe de la autoridad competente.

Buscando nuevas zonas con agua

La gravedad de estos hechos sucedidos era de gran envergadura, ya que el abastecimiento de agua potable dependía básicamente de la Fuente del Pilar y de la Fuente agria. Esto lo conocían todas las diferentes Corporaciones que han regido la vida municipal y por ello, hasta 1951, dedicaron sus (escasos) esfuerzos a arreglar cañerías, buscar escapes y a buscar nuevas zonas con agua (La Rincona, Huerta de Patón, etc.), ya que el aforo de las dos fuentes era insuficiente y que agravaron los crecimientos de 1914-18 y 1939. Por fortuna, ahora, la población no tiene ese tipo de problemas básicos que paralizan su crecimiento y dificultan las condiciones higiénicas.

Mesura y aprendiendo la lección

Por ello, debemos darle a esta última avería la importancia que tiene, ni más ni menos. Todo ello con la tranquilidad de saber que el paso de los días convertirá todo en un hecho curioso para recordar (con el agua brotando) y que se habrá aprendido la lección para el futuro.