Edición mensual - Marzo 2008 - Cultura

En sus tres años de trayectoria el Círculo de Bellas Artes de Ciudad Real persigue otro modelo cultural

La cuadratura del Círculo

J. Carlos Sanz

Nº 197 - Cultura

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El 2005 fue el año “Quijote” y tanto la Administración Regional como los ayuntamientos castellano-manchegos tiraron la casa por la ventana, en este caso defenestraron pingües partidas presupuestarias, con la intención de conmemorar por todo lo alto el 400 aniversario de la publicación de la obra escrita por Cervantes.

A modo de recordatorio, importantes eventos culturales se programaron y las principales ciudades de la región se convirtieron en foco de atracción turística. La ocasión la pintaban calva y algunas administraciones locales llevaron a cabo una astuta gestión para consolidar el tejido cultural de su ciudad. En Ciudad Real, ocurrió todo lo contrario y se inició un desmantelamiento de las salas culturales alternativas; el desguace del entramado independiente se materializó con el cierre de salas como “El Viejo y el Loco” o “Cía Nuro” y en el plano humano con la marcha de personas relacionadas con las artes debido a la falta de apoyo institucional.

Aparición del Círculo en plena crisis de movimientos culturales

La cultura independiente de Ciudad Real estaba contra las cuerdas y tocó reaccionar. Fue entonces, cuando en plena cuadrícula cultural hizo acto de aparición el Círculo de Bellas Artes como fármaco para acabar con la cuarentena creativa. Alberto Muñoz, quien preside esta entidad, deja claro que el leitmotiv del Círculo “es configurar un espacio de encuentro para la gente vinculada a la cultura en esta ciudad con arreglo a hacer posibles dos objetivos: por un lado, realizar actividades culturales que surjan de la voluntad de sus integrantes y por otro una labor institucional, en el sentido de que haya un órgano que ejecute propuestas concretas, demandas y reivindicaciones de cara a exigir mejoras en los presupuestos municipales para cultura”.

Y para erradicar suspicacias, durante sus tres años de andadura, el Círculo se ha afanado en definirse como un movimiento independiente y no ligado a una ideología política concreta, tan sólo estar al servicio de una cultura de contenido público. Según Muñoz, alrededor de medio centenar de colectivos aglutinan el Círculo, respetando a rajatabla esa idea de participación real “que cuesta mucho trabajo lograr en comparación con la nominal, que es la que se vende desde el Ayuntamiento”. El que la gente se reúna, discuta y proponga actividades, algo que a priori debe estar normalizado en el comportamiento de toda sociedad democrática, no goza de buena salud en Ciudad Real “pero por ahora estamos satisfechos de que nuestra propuesta esté funcionando. No se trata de que llenemos de cultura la ciudad si no de que personas de distintos ámbitos culturales tengan un contacto regular para revitalizar este ámbito” comenta Muñoz.

Propuestas diversas y pensadas para la ciudadanía

A las pruebas hay que remitirse. El Círculo cuenta con un espacio propio donde se gestan y realizan actividades; se trata de un ático muy cuco ubicado en plena Plaza Mayor y desde allí han fermentado propuestas como la revista de crítica cultural “Autopsia. La revista de la ciudad muerta”, programas de radio de contenido social, ciclos de cine para adultos y niños, sesiones de música destinadas a los mayores, en definitiva, una programación estable que pese a no ser muy densa sí tiene un componente de credibilidad social. El acierto es que el Círculo funciona como una correa de transmisión para los colectivos que lo integran, pues la mayoría de estas propuestas son llevadas a cabo por distintas asociaciones culturales.

Alberto Muñoz asegura que la aceptación del Círculo por parte de la ciudadanía ha sido un trayecto tortuoso; de nuevo hay que mencionar el recelo con que ciertos sectores de Ciudad Real percibían a una entidad que estaba bajo sospecha de “estar politizada”. El viraje en esta percepción prejuiciosa hacia un movimiento social crítico se produjo tras la campaña de conservación del Patrimonio Local; “decidimos hacer una reivindicación pública para evitar la demolición de la antigua sede la Cruz Roja, un edificio muy querido en Ciudad Real” aclara Muñoz. Aquello supuso un punto de inflexión en el sentir popular “y desde entonces estamos siendo más respetados” dice con satisfacción Muñoz.

Una relación al estilo “Guerra Fría”

Pero el Círculo no ha tenido que bregar sólo con la ciudadanía, también con el Equipo de Gobierno. Muñoz perjura que todo lo que sale de la entidad no persigue rivalizar con la Concejalía de Cultura y descartando esta hipotética competitividad a día de hoy las relaciones entre Ayuntamiento y Círculo son de entente cordiale. Por una parte, se diseñan proyectos conjuntos y por la otra, ambas entidades andan metidas en pleitos “ya que no nos reconocen como consejo sectorial de asociaciones que es nuestra verdadera forma jurídica. En cualquier caso, nosotros no estamos dispuestos a vendernos por nada y si decimos o hacemos cosas que molestan hay inteligencia en las dos partes para entender que cada uno tiene sus motivos, que nuestra acción es social pero nunca partidista” señala a modo draconiano Muñoz.

Claro que en esta tentativa de coexistencia pacífica, el Círculo está condenado a entenderse con el Equipo de Gobierno, principalmente en el apartado financiero. “En el ayuntamiento se gestiona el dinero público y nosotros llamamos a las puertas cada vez que lo precisamos. No hay que olvidar que somos un servicio público, que necesitamos financiación para los proyectos sin que esto suponga hipotecarse” aclara Muñoz. Otro cantar es el apartado creativo donde el Círculo cuenta con plenas competencias; “hacemos y deshacemos lo que nos da la gana teniendo en cuenta las limitaciones materiales que tenemos”. En todo caso, la intención es crear un cauce de comunicación formal y estable entre el sector cultural y la administración local para perpetuarse en el tiempo “independientemente de quien gobierne o de las gentes que integren el Círculo”.

La naturaleza crítica de esta entidad la convierte en una suerte de diagnóstico del estado cultural de Ciudad Real. Muñoz alude a la existencia de carencias en los recursos materiales, económicos y humanos, la cimentación de toda política cultural que se precie. Para el presidente del Círculo la partida presupuestaria que el Ayuntamiento capitolino destina en Cultura es exigua en comparación con otras áreas municipales; asimismo, no existen suficientes infraestructuras para los colectivos de creación “como es el caso de locales de ensayo para grupos de música y salas de teatro. Gente como “Yelmo”, “La Zapatiesta” o “Cianuro” tuvieron que irse y ahora sólo sobrevive “La Sensación” que gestiona Miguel Muñoz”, detalla. Y en lo referente al potencial humano, Muñoz critica una política cultural “que está de espaldas a la ciudadanía. Son los técnicos y los políticos los que deciden que se ha de programar cuando la cultura debe ser independiente del devenir político de cada momento, debe estar en manos de los profesionales, de los ciudadanos”.

El concepto de cultura que aventa el Círculo no se acota sólo al apartado de la creación sino a todas las facetas de la vida municipal. Muñoz menciona la importancia de contar con Observatorios Culturales, modelos de participación ciudadana basados en Consejos de las artes “y que sean más independientes de la administración”. De lo que se trata de de fructificar una cultura de contenido transversal, que afecte a las demás áreas sociales “que esté presente en el urbanismo, en el Bienestar Social, en Juventud” revela Muñoz. No porque sea un antojo de unos cuantos; actualmente los modelos de ciudad que se están proponiendo van por ahí y el Círculo anhela imbricar cultura y ciudadanía. Ardua tarea cuando el mismo Muñoz reconoce, “queda un tanto lejano en una ciudad donde la cultura se entiende como folclore, verbena o tradición cultural. Son necesarias otras políticas culturales”. ¿Se logrará la cuadratura del Círculo?