Edición mensual - Contraportada - Enero 2008

La Rincona

Los magos

Benjamín Hernández

Nº 195 - Contraportada

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Enero comienza con resaca y juguetes. Al menos es así como debería empezar. Si alguien no se levanta el primero de año maldiciendo a Strauss y a Radetzky, y a la madre que los parió a los dos, con la cabeza estallando y el cerebro pidiendo a gritos un Bloody Mary con el primer alcohol que se nos ocurra, intentando saciar el gorila zambombero del botellón, el garrafón y el cotillón.

Lo de los juguetes es más sangrante. Aunque sea un muñequito, un cochecito moruno de plastiquillo inseguro, una imitación de las súper cabezonas, unos colores nuevos, cualquier cosa. Pero jugar es importante. Me gusta la campaña que han hecho del bolígrafo solidario. El juguete no sólo es una ilusión. Es importante. Me gusta cuando algunos de los protagonistas dicen en la tele y en la radio: “Si no hubiera jugado, no sería quien soy”.

Efectivamente, si no hubiésemos jugado no seríamos quienes somos. Claro que, cuando ves a algunas personas, por llamarles de algún modo, preferirías que no hubieran jugado, o que hubiesen tenido otras diversiones. Recuerdo con estupor (yo, aunque pobres, siempre tuve reyes) es más, con horror, que había niños que no tenían ni un pimiento.

Y no hablo del terrible castigo que suponía el carbón, al fin y al cabo, era un poco por nuestra culpa, sino porque no había nada. Cuando nos quedábamos, por castigo, sin juguetes, el carbón, que no era dulce, se convertía en algo que nos merecíamos. Era, por supuesto, producto de la cuenca hullera, y se usaba para la estufa o la cocina económica (la famosa “placa”). Pero, a cambio, sí había en nuestros un pijama nuevo, una camisa, unos calcetines, unas botas, una bufanda o un gorro. Y si no, un estuche, unos rotuladores o un cuento. Es decir, podíamos excusar a sus majestades con que “es que no me he portado bien”, frunciendo el ceño, pero estallando en una sonrisa radiante al añadir “pero mira que abrigo…” Claro que mirabas a tu interlocutor, que era un demonio y se había comportado toda su vida muchísimo peor que tú en algún desliz inocente, y te enseñaba un camionaco que se te quitaba el hipo, o el microscopio dosmiluno, que para qué diablos quería aquel imbécil la lupa binocular, si creía que la biología era una enfermedad de la próstata de su abuelo, empezabas a preguntarte por qué los reyes te examinaban a ti tan severamente y le perdonaban las mil travesuras a cualquier cantamañanas…

Pero algunos anormales profundos, gracias a sus juguetes, se han reivindicado y ahora les quiero porque son especiales, dentro de sus cosas. Otros, incluso parece que están normalizados. Seguro que fue por los juguetes. Uno es lo que es por lo que -y como- juega.

En el mundo natural, todos los cachorros juegan. Algunos dicen que es un entrenamiento para su comportamiento como adultos. Lo veo claro. Muchísimos líderes actuales debieron hincharse de apedreos, de ametralladoras infantiles y pistolas del oeste. Ahora que recuerdo, yo también jugué con soldaditos y con armas de niños, sin que se me pase por la cabeza hacer lo mismo con alguien que no piense como yo.

Es decir, que somos lo que somos porque hemos jugado, aunque el juego no nos haya sentado igual a todos. Algunos de los que mandan ahora jugaron de una forma o de otra. No sé si sus padres hubieran debido darles otros muñecos y otros autos. A lo mejor les habría venido bien una bicicleta de carreras para que se abrieran la cabeza en vez de volvérnosla loca a nosotros. A ver por qué a Rouco Varela le impidieron jugar a los padres y a las madres, o a las cocinitas, o a lo que fuera que le hubiera rescatado de los cien mil armarios ideológicos, inmorales y repelentes en los que está metido él y los de su ralea.

Otros, sin embargo, jugaron bien y eso se nota. Por eso quiero terminar este saludo de Año Nuevo con mi saludo a los Magos:

Que les traigan a todos el juguete y la ilusión. No ya a los niños, víctimas propiciatorias de los vicios y carencias de los padres, los abuelos y los tíos. Que les llenen los zapatos de novedades y de puertas abiertas, para que nos ayuden a afrontar a los demás la insoportable presencia de sus propias mezquindades. Para que, al jugar mejor, seamos mejores.

LAS GUINDAS

El torero Ortega Cano y el médico Jesús Sánchez Martos, serán los galardonados este año con el premio Dulcinea de la asociación santa Águeda de Puertollano, que se celebrará el próximo 5 de febrero. También se ha contactado con personalidades de la política y del mundo del cine pero aún no hay nada claro al respecto.

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El tramo de autovía entre Puertollano y Argamasilla de Calatrava podría ser abierta a finales del mes de febrero, más concretamente en la segunda quincena de ese mes. Esa es la información que nos ha llegado desde el ayuntamiento de Puertollano. Esperemos que sea así y que no haya que esperar más tiempo para poder disponer de ella cuanto antes.

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Otra infraestructura que será inaugurada en breve es el pantano del Montoro después de las obras de recrecimiento de su presa. Las obras están completamente finalizadas y, prácticamente, sólo falta que se llene. Esperemos que las lluvias sean suficientes para que el nivel del embalse esté a tope en el día de su inauguración.

LA GUINDILLA

La mayoría de las personas que han pasado por el Hogar de Mayores, ubicado junto al mercado municipal de Puertollano, están muy satisfechas con las instalaciones aunque echan de menos algunos “detalles” que las mejorarían, como una barra más amplia o un mayor número de aseos y mayor amplitud en los mismos.