Edición mensual - Navidad 2007 - Colaboraciones

Navidad 81

Removiendo entre mis viejos papeles he encontrado éste. Fue escrito hace 26 años. Lo volvería a escribir hoy:

Nemesio De Lara Guerrero

Nº 194A - Colaboraciones

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“Hoy, treinta de Diciembre

de mil novecientos ochenta y uno,

antevíspera de un año tal vez nuevo,

no he despertado a la mañana con mis fútiles lamentos.

Hoy me he levantado con ganas de cantar.

Hoy, cualquier día, de cualquier mes, de cualquier siglo,

me he levantado con ganas de cantaros a vosotros, los dueños de la vida,

a vosotros, los que no conocéis música,

a los olvidados,

a los desheredados,

a los atados al hambre,

a los muertos de las calles y a los moribundos,

a los sojuzgados,

a los menesterosos,

a los aborrecidos,

a los explotados,

a los arrollados,

a los invisibles,

a los vagabundos,

a los malditos,

a los desterrados,

a los aterrados,

a los innominados,

a los castrados,

a los soñadores,

a los sin sueños,

a los sin voz,

a los sin nada,

a los últimos de los últimos,

a los humildes y a los humillados,

a los engañados por los sabios prepotentes,

a los esclavos,

a los esclavizados,

a los huérfanos de todo,

a los acorralados,

a los impotentes,

a los encadenados por nacer,

a los que no podéis dar de comer a vuestros hijos,

a los que no tenéis más dolor que estar muriendo sin poder vivir,

a los que no tenéis más dolor que estar viviendo sin poder morir,

a los silenciosos,

a los solos solitarios,

a los bichos raros,

a los que nunca recibiréis una caricia,

a los crucificados de cada día,

a los caminantes sin destino,

a los náufragos de ningún viaje,

a los intoxicados de promesas,

a los siervos de Pilatos,

a los pobres de espíritu de fuera y de dentro del Evangelio,

a los que nunca encontraréis vuestras señas de identidad,

a los que sólo podéis escupir en vuestra propia saliva,

a los ignorantes,

a los tenues,

a los que no tenéis más placer que vuestra propia piel,

a los que tenéis desvencijada la piel,

a los obligados a bailar hasta el amanecer,

a los cansados de tanta prédica,

a los amigos de los animales,

a los niños sin niñez,

a los infectos,

a los tullidos de mente o de cuerpo,

a los embrutecidos por la miseria,

a los que viven a ras de quimeras,

a los culpables sin culpa,

a los rebeldes con causa,

a los que no sabéis ni más ni menos que nadie,

a los que siempre estáis en la otra orilla,

a los que dais sin vender,

a los inquebrantables,

a los decentes,

a los luchadores sin colmillos,

a los desarmados ante los desalmados,

a los que tenéis rotas las costillas de tanto llanto hacia dentro,

a los acobardados y no cobardes,

a los que habéis empeñado el futuro por menos de treinta denarios,

a los amargados,

a los pisoteados,

a los suicidas,

a los payasos,

a los compasivos,

a las madres sin hijos,

a los que perdisteis y perderéis todos los trenes,

a los desorientados con los espejismos,

a los hambrientos de justicia,

a los fugitivos de todos los mundos,

a los ensordecidos desde falsos púlpitos,

a los encanallados por los canallas,

a los enamorados sin amor,

a los eternos espectadores,

a los clasificados como escoria maloliente,

a los sonámbulos de toda la tierra,

a los derrochadores de la paz y la alegría,

a los multiplicadores de abrazos,

a los perros callejeros,

a los encarcelados sin porvenir,

a los muertos vivos y a los vivos muertos…

Os juro, sí, que os cantaré,

y que mi voz la oirán, al menos, mis oídos,

tan desacostumbrados como los vuestros…”.