Edición mensual - Navidad 2007 - Colaboraciones

A por todas (también en el ámbito cultural)

J. Carlos Sanz

Nº 194A - Colaboraciones

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Al eslogan que el Equipo de Gobierno acuñó para Puertollano “una ciudad para invertir” habría que añadirle la coletilla “y además, visitable”. Ahora que llegan fechas propicias para los pedigüeños, no voy a ser menos y realizo la siguiente petición: lograr un Puertollano culturalmente atractivo.

Creo que nuestros gobernantes deben ponerse las pilas en materia de políticas culturales. Que se debe aprovechar el contexto actual, el despegue socioeco-nómico de la ciudad para lograr una sinergia en todos los ámbitos. Trato de decir que junto al hecho de que Puertollano haya encontrado la veta de su futuro a través de un tejido industrial vinculado a las energías renovables es preciso solapar la eficacia de la reconversión con una nueva estrategia de marketing cultural. Es verdad, se están materializando actuaciones en este terreno pero falta ese “gran proyecto cultural” que convierta a nuestra localidad en un referente contemporáneo.

La aleación con el mundo actual debe ser, a mi juicio, la seña de identidad del municipio. Ya lo es en el terreno industrial; no digo nada que no sepamos, ahora mismo Puertollano es un caladero internacional de grandes proyectos relacionados con las energías renovables y creo que debe haber una concordancia en materia cultural. Hace poco me enteraba que para la próxima edición de FITUR, la Concejalía de Turismo presentará una nueva actuación, la creación de un Museo de Esculturas al aire libre. Físicamente no existirá tal museo, se trata de ubicar estratégicamente, principalmente en las calles peatonales, una selección de esculturas que han sido premiadas en los diversos certámenes del Salón de Arte “Ciudad de Puertollano”. Parte de una propuesta que en la legislatura pasada planteó la Concejalía de Cultura, pero faltaba concretarla. Siempre que haya una potenciación del corpus cultural, es bienvenida pero me parece insuficiente.

No voy a hacer aquí de Técnico de Cultura pero saber gestionar este apartado pasa primero por llevar a cabo una diagnosis de la situación actual, a continuación una serie de medidas correctoras y finalmente una actualización de las políticas culturales en consonancia con los tiempos que vivimos. Y tenemos un ejemplo reciente: Avilés, una ciudad industrial de Asturias, pareja en cuanto a idiosincrasia a Puertollano, acaba de rubricar un acuerdo para la construcción de un Gran Centro Cultural, que será construido por el prestigioso arquitecto Óscar Niemeyer y que será inaugurado durante el 2010. Y dicen los entendidos que el fastuoso centro se sumará a entidades culturales galácticas como el Centro Pompidou de París, el Barbican Center de Londres, el Lincoln Center de Nueva York o el Centro Cultural de Hong-Kong.

Sería quimérico que Puertollano se planteara competir con estos dinosaurios culturales pero uno piensa que si en Avilés ya es posible la creación de un gran espacio público y cultural ¿Por qué no en nuestra ciudad? La fórmula funciona, si no que se lo digan a Bilbao, que desde la puesta en marcha del Guggenheim ha sufrido una metamorfosis de ciudad meramente industrial a ser un foco de atracción turística. Claro que de hacerse tendría que ser a escala menor, pues ni Puertollano es una gran ciudad ni las ínfulas de ambición van por ahí.

El caso es que en nuestra ciudad ya contamos con eventos culturales que poco a poco se abren paso en el imaginario colectivo. Por ejemplo, la Feria de Teatro de Castilla-La Mancha que gracias a la labor de mejora en programación llevada a cabo por su Director, Andrés Beladíez, está postulán-dose como una de las citas imprescindibles para programadores, gestores y demás fauna de la producción teatral. La amenaza de llevársela a otra ciudad de Castilla-La Mancha parece por fin disiparse por lo que el Equipo de Gobierno debería esforzarse más por potenciar y promocionar un evento que debe seguir realizándose en una ciudad que aboga por la contemporaneidad como filón socioeconómico, turístico y cultural. Asimismo, la apertura del Museo de la Minería vendría a ser el otro puntal de referencia; y ahora que el edificio ya cuenta con la figura de un gestor, es preciso enriquecer el discurso museográfico haciéndolo extensible a otras actividades culturales. A lo que voy, el edificio por sí mismo es importante pero debe complementarse con una programación viva, dinámica, como así ocurre en museos actuales. Convertirse en un contenedor de actividades tales como congresos, conferencias, exposiciones, actuaciones multidisciplinares para así hacer del Museo de la Minería un agente activo de captación de visitantes. Porque existe un destinatario de esto, el Turismo Cultural, una emergente tendencia de personas que acuden a localidades que ofertan espacios culturales llamativos, tentadores e irresistibles desde la óptica del consumo cultural.

Pues no olvidemos que en la actualidad asistimos a un fenómeno, la terciarización de la cultura, la conversión de la misma en una suerte de sector servicios que transforma la ciudad en una Gran Superficie donde encontrar todo tipo de “packs” culturales. Y ahora que Puertollano se está redefiniendo, que la apertura de la Oficina de Turismo Municipal está al caer, debe haber una apuesta clara por la sinergia.

Aprovechemos el contexto; seamos oportunistas. Contamos con un importante patrimonio industrial que debe remodelarse para posteriormente formar parte de una ruta visitable. Estamos a tiro de piedra de un importante espacio natural como es el Valle de Alcudia y Sierra Madrona. Y contamos con una infraestructura, el Centro de Ocio de la Dehesa Boyal que serviría de catapulta y punto de partida para materializar un sinfín de actividades relacionadas con el turismo de interior: rutas senderistas, actividades relacionadas con el turismo activo. Para que todo esto sea posible es precisa la sinergia, es decir, el trabajo conjunto de técnicos culturales, turísticos, agentes medioam-bientales, agentes de desarrollo local. Hay que ir a por todas para que Puertollano dé ese paso que le corresponde hacer por su naturaleza industrial y contemporánea. Estamos condenados a entendernos con la contemporaneidad y es la hora de materializar políticas culturales relacionadas con los tiempos que vivimos.