Edición mensual - Navidad 2007 - Colaboraciones

Finis Anni

Benjamín Hernández Caballero

Nº 194A - Colaboraciones

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Como decía Mika Waltari en su comienzo de “Sinuhé”, no escribo estas líneas para los dioses, porque no creo en los dioses. Pero en contra de lo que dice el egipcio, sí lo hago para los hombres: para aquellos a los que quiero, los que me aprecian e incluso para los que no me aman en absoluto. Porque creo en los hombres. Es más: estoy seguro de que existen, aunque me decepcionen (yo mismo lo hago en primera persona con frecuencia) y me dejen el corazón en franca desventaja.

Y si empiezo por hablar de los dioses, es porque todas las fiestas les son dedicadas y yo quiero, me invitan mis amigos de LA COMARCA, hablar de la Navidad. Pero, venciendo mi natural y atea resistencia a estas celebraciones, voy a proponer unas ideas para superar mi repugnancia y aprovechar el tiempo que nos llega. Así que ésta es mi guía para disfrutar unas Pascuas sin Religión pero con buen fin.

1.- Se puede ser feliz desde el agnosticismo

Efectivamente no es cierto que sea una pena no creer en Dios en ninguna de sus advocaciones. Eso te lo dicen quienes tienen construido su mundo a medida de un ser superior que te justifica, te perdona o te da la coartada para tus actos.

Si para consolarme ante la idea de la muerte tengo que esperar que un ser todopoderoso me acoja en un impreciso cielo, paraíso, walhalla, nirvana, o lo que sea, por mí que cierre su chiringuito. No me hace falta un numen que no sirve para eliminar el dolor, los sufrimientos, la enfermedad y la miseria. Y no es ningún desconsuelo no poder ver más a los seres queridos que se han marchado. Su recuerdo permanecerá mientras tengamos memoria. Y si todo acaba en nada, nada nos pesará.

Así pues, debemos vivir la vida, aprovechándola al máximo. Procurando ser felices e intentando hacer felices a los demás. No por ansias de cielos o temores de infiernos. Sino por el mero hecho de ser recordados por quienes queden como transmisores de alegría.

Así pues, si se puede derramar felicidad para que la recojan los otros, se muere uno con la conciencia más tranquila. Y si no te mueres, mejor, porque así ves a los demás disfrutar con lo que tú les has regalado. En Navidad, por lo tanto, puedes hartarte de regalar y de felicitar. Te sentirás mucho mejor.

2.- Hay que celebrarlo todo

El hecho de que las fiestas se dediquen a las divinidades no quiere decir que no las celebremos los que no creemos. Como en la vida, que es lo único que tenemos, lo que nos llevaremos es lo que hayamos disfrutado y hecho disfrutar, estamos obligados a divertirnos.

Son aterradoras las religiones que hablan de la vida como un “valle de lágrimas”, o aquellas que no dan importancia al disfrute, que ven la existencia como un camino al más allá y justifican nuestros martirios como el ideal de la persona desprendida.

Si esto es un camino de amargura, se justifican las mezquindades, la opresión, la desventura (bienaventurados los pobres, los oprimidos, los débiles, los perseguidos…). Se entiende que alguien se inmole para conseguir el paraíso. Ni hablar. A quienes se quieran matar, camino de plata, pero a nosotros, que nos dejen en paz.

¿Y qué decir de las religiones o sectas que dicen que no hay que celebrar nada? Cielos, que no celebren ellos. Nosotros sí.

Por eso, desear paz y prosperidad nos ayuda a pasarlo mejor. Celebremos cualquier cosa feliz. Aborrezcamos la tristeza y la humillación. Salvemos a los demás en vida, no para la “otra vida”, tan poco probable. Y celebrémoslo todo, desde el cumpleaños hasta el santo. Y no se preocupen por conmemorar una onomástica. No hay que creer en Superman para disfrutar con la película. Y tampoco en los santos. Probablemente no lo fueron y si lo fueron, les alegrará que los celebremos aunque sea desde otro punto de vista.

3.- La Navidad ya existía antes de cristo

En efecto, cuando presuntamente nació Cristo, ya se celebraba la Natividad. Para más “INRI”, lo cierto es que el mitológico alumbramiento de Jesús se conmemoraba en otras fechas que fueron cambiando desde la primavera al verano e incluso el otoño. Sólo la acentuada celebración de Apolo, el 25 de diciembre, que no podía ser erradicada por las sanguinarias hordas cristianas que se vengaban así de sus anteriores persecuciones, hicieron que se adoptara la fecha invernal como propia.

Por supuesto, Apolo, el sol, no fue el primero en ocupar tan señalado Día del calendario. Porque el mismo astro rey, antes de inventarle vidas divinas, ya era homenajeado el 25 fun, fun, fun. Los observadores humanos se habían percatado de que la luz se iba haciendo más corta desde junio hasta diciembre, por lo que, al llegar estas jornadas, poquito a poco los días se iban alargando en detrimento de las noches.

Así que, celebremos, al menos, que la claridad les va ganando a las tinieblas.

4.- Es fin de año y comienza otro

Pues sí. Si nos falta algo por justificar, aquí tenemos la solución: acaba el año. Y terminan sus momentos amargos y también los felices. Para brindar por que se olviden las cosas malas y para recordar las buenas, tenemos estas fechas. Y para desear que el año próximo sea mejor.

Esto es lo que yo les deseo. Paz, salud, prosperidad y felicidad. Muchísimo bienestar, perdón de corazón sin castigos ni recompensas a quienes les hayan herido y capacidad para pedir disculpas a quienes hayamos podido dañar. Que 2008 sea pletórico de Bien y Libertad.