Edición mensual - Navidad 2007 - Colaboraciones

Este año hay cuatro Reyes Magos

Francisco Correal

Nº 194A - Colaboraciones

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Yo confiaba mucho en los primeros días de diciembre, el mes navideño por antonomasia. El mes-puerta, el mes-gozne, el mes de los resúmenes del año. No ha podido empezar de peor manera. La primera, en la frente. Dos jóvenes guardias civiles de 23 años acribillados en una ratonera. Salían de la misma cafetería donde habían coincidido con sus verdugos. Iban desarmados frente a sus desalmados ojeadores. Sucedió en Cap-Breton, que suena a la Bretaña que Cunqueiro se inventó en La Crónica de un sochantre. Raúl Centeno murió en el acto y a Fernando Trapero le han diagnosticado muerte cerebral. Las primeras víctimas después del anuncio unilateral de la ruptura de las conversaciones de un proceso que olía a chamusquina desde el principio.

Con ese principio, lo que viniera después está teñido por la tristeza, por el dolor. Pero hay que seguir. Y yo me fui con mi concuñado Víctor a ver el Alcalá-Puertollano. Era domingo 2 de diciembre, justo dos meses de la terrible gota fría que en veinte minutos dejó esa localidad, popularmente conocida como Alcalá de los Panaderos, convertida en un lodazal, tromba de agua que se saldó con la muerte de dos mujeres. Una de ellas, la más joven, daba clase en un colegio muy próximo al campo de fútbol. El campo es un patatal, las gradas son infames; los servicios, un atentado a la salubridad. Pero eso sí, tienen una sala de prensa y de trofeos que ni la del PSV Eindhoven. Saludé a los Manolos: a Manolo Serrano (y señora) y a Manolo Zúñiga. Historia viva del Calvo Sotelo. Y al presidente. Jugamos como nunca. Perdimos como siempre.

El lunes 3 impartí un taller de Literatura en la casa del Libro. El objeto del taller era un libro de relatos de Carlos Fuentes titulado Cuerpos y ofrendas. Hay dos relatos magníficos, los titulados Aura y Cumpleaños. En éste aparecen las dos únicas referencias a ciudades españolas, Sevilla y Almería. Les conté que mi hermano Quique es profesor de Literatura en un pueblo de Albacete cuyo nombre, Casas Ibáñez, da más pie a hablar de Mortadela y Filemón que del Poema del Mío Cid, que es a lo que se dedica. La única referencia navideña del libro está en el relato Un alma pura, cuando dos hermanos recuerdan los días de año nuevo que celebraban en familia en Acapulco, la ciudad que aparece en más relatos.

El martes 4 fui al Real Alcázar. La Cámara de Comercio le imponía la medalla de oro al Hotel Inglaterra por sus 150 años de historia y me tocó glosar los méritos del establecimiento. Empezó como fonda y lo transformaron en hotel dos hermanos franceses que llegaron a Sevilla en diligencia. Es uno de mis lugares preferidos para hacer entrevistas. El director es amigo mío. Tiene un bar irlandés, el Trinity, en cuya barra hay dos camareros campeones de España de coctelería. Allí he entrevistado a Juan Goytisolo, Alfonso Grosso o Italo Calvino. De ahí saqué una definición de nuestro oficio: somos como el botones Sacarino, unos muertos de hambre que nos pasamos media vida en hoteles donde nunca nos quedamos a dormir. Yo dormí en el León cuando fui a dar el pregón de la Feria de Puertollano y en el Carusán un año que fui a ver un Puertollano-Manchego. Avanza diciembre. Los Reyes Magos este año van a ser cuatro: Melchor, Gaspar, Baltasar y el de la Zarzuela. ¿Por qué no te callas? Y Belén sigue siendo zona minada. Eso es maltrato infantil.