Edición mensual - Octubre 2007 - Puertollano

Puertollano visto por sus alcaldes

El hombre que regresó a la naturaleza

Eugenio Blanco

Nº 192 - Puertollano

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Encontramos en Casimiro Sánchez Calderón a un hombre atravesado por el tiempo, con un rostro ajado por las reticencias y por las turbulencias de la vida pública, un gesto sereno y una mirada que tiene una mezcla de cercanía y de medición, midiendo las intenciones del periodista en este caso, algo así como intentando no dar un paso en falso, pero luego tampoco era eso porque gusta de adentrarse en las polémicas, de entrar en ellas y salirse como quien se adentra en una piscina, sin darse demasiada bola, pero sin dejar de probarse.

Había mucha seriedad, sí, pero cierto jugueteo con el que este profundo conocedor de la política flirteaba, como recordando sus años mozos, pero dejando bien claro que ya tiene una edad para estar tranquilo y no andarse en rencillas y minucias de esas que empapan todo el rato las hojas de los periódicos y, sobre todo, las reuniones circulares que se gestan en el interior de los partidos políticos. Él ha conocido muchas de ésas.

Ya decimos que Casimiro Sánchez no parecía dar demasiada importancia a las cosas, sobre todo a las polémicas que le han envuelto. Tiene claro el ex alcalde que vive un tiempo de interiorismo. Con la voz siempre retratando los diferentes colores de su intimidad, haciendo de padre y de profesor con quien eche un rato escuchándolo para oír cómo desnuda la tragedia de las cosas. De momento, vive ese tiempo donde le apetece citar a Freud o a Schopenhauer y rememorar su etapa de docente en el colegio Severo Ochoa como quien recuerda un viernes por la tarde de otoño.

Sin embargo, el ex alcalde tiene algo de profusión dialéctica, un enorme ahínco didáctico. Lo denota su quietud a la hora de insuflar las frases y el convencimiento con el que habla. Gusta mucho de reseñar su edad, como un argumento atávico o natural con el que parapeta sus razones. Lo vivido es un aval inigualable, la única certeza que diría Umberto Eco.

Imaginamos que el ex alcalde, que le ha tocado residir en más de una ocasión en el ojo del huracán, ha entrenado una empatía envolvente, un ojo clínico que mezcla la sabiduría del aldeano y la malicia casi necesaria del expuesto. Lo demuestra el hecho de que antes de la entrevista quiere hacer un pequeño padrón al periodista, cuestión de saber en qué recipiente va a caer su discurso, cuestión de medir los tiempos. Pero no pierde la cortesía, ese afán tan solícito del cual todo el mundo habla y antes de comenzar la entrevista regala a su entrevistador una botella de licor de hojas de nogal que él mismo ha elaborado.

La primera brasa que enciende Casimiro Sánchez en la mirada de los otros podría ser la figura de un hombre abnegado, adusto y tremendamente austero. Lo demuestra su vestimenta deslucida de agricultor, vestimenta de ese tipo de agricultor un poco comido por el sol de la faena, pero que no pierde oportunidad para ir a las sedes del ramo en las capitales a hacerse ver y hablar de las labores del campo y de lo sufrido que éste es a fin de cazar alguna subvención.

Luego está su característica copa de pelo blanco, ese elemento físico que le define y que le hace parecerse un poco a Einstein, con un aire distraído, pero sin perder ese halo escrutador de la realidad. Un hombre con ese pelo y esa manera queda de expresarse tiene un aspecto propio de inventor.

Es Casimiro Sánchez Calderón un hombre enjuto, que posee unas facciones muy marcadas, las facciones que denotan su nueva actividad muy encaminada al campo donde está gestionando una pequeña parcela cerca de Argamasilla de Calatrava donde cría “dos cerdos, una cabra, siete u ocho ovejas, gallinas y un huerto mal llevado”.

El ex alcalde es una muestra de lo que ya advertía Holdërling en uno de sus versos donde reclamaba que el hombre regresara a la naturaleza. Él parece haber vuelto a las raíces, al campo, a los animales, a la labranza. También, y se podría pensar así, esta actitud responde a un intento por recuperar el tiempo perdido, recuperar los sabores auténticos de la infancia, la paciencia para que la naturaleza siga su curso y el valor sobresaltado del esfuerzo.

Todas las tardes el ex alcalde escucha Clásicos Populares de RNE. Imaginamos que es ahí donde se cita con sus recuerdos y con sus lecturas, si a esto le mezclamos su ritmo de jubilado la ecuación resultante sólo puede desembocar en un hobbie lógico: la escritura. En sólo seis meses Casimiro Sánchez se ha escrito Azogados, “una alternativa a Almadén que he novelado para que sea más fácil de leer”. Sin embargo, sigue sin ponerse estupendo y reconoce que no escribe muy bien porque no tiene “un léxico muy cuidado”. Pero nada de desistir, ya está manos a la obra y está enfrascado en otra novela. Esta nueva entrega irá de maquis.

Lo que más le molesta al ex alcalde a la hora de ponerse a escribir es el trato casi obligado con el ordenador. Es bastante reacio a las nuevas tecnologías, “me molesta mucho cuando algo se sobrevalora”, y él cree que el beneficio de las nuevas herramientas informáticas en la sociedad se está exagerando. Esta afirmación, esta idea, parece casar bien con el perfil castellano que estamos cincelando de Casimiro.

En un momento de reposo, donde su parcela, la escritura y la música clásica le hacen equilibrarse más con su mundo, con el mundo que lidió, el ex alcalde no quiere hablar de sus desconfianzas y de sus decepciones, pero deja un consejo socarrón que encierra mucha historia detrás: “en la vida sólo fíate de tu madre”. Asegura que quiere dejar pasar el tiempo, como si fuera una mañana de lluvia, para volver a retomar algunos aspectos de su pasado y para “entender por qué me falló gente que yo sé que son buenísimas personas”. Tiene una verdad, su verdad, y ésta le planea aunque trate a veces de disimularla.

Casimiro Sánchez Calderón se define como un perteneciente a esa raza de hombre que se sabe apegar a la bueno y a lo malo. Un ahorrativo. Un trabajador. Un hombre con alma de campesino que dedicó la mitad de su vida a la política. ¿O valdría darle la vuelta a la anterior frase?