Edición mensual - Junio 2007 - Puertollano

Retrato del antiguo alcalde, Emilio Caballero

La anatomía de la observación

Eugenio Blanco

Nº 188 - Puertollano

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Tremendamente inquieto, Emilio Caballero se lee todo lo que puede mientras el tiempo sigue pasando. Su piso en la zona noble de Madrid, en Conde Peñalver, tiene esa decoración que denota cierto abolengo: estanterías repletas de libros, lienzos en las paredes, muebles de peso y de calidad, espacios bien delimitados… La claridad del barrio de Salamanca enfoca las estancias, indicando los puntos de luz que ofrece esta mañana primaveral donde se produce esta conversación con el que fue alcalde de Puertollano durante trece años, desde 1952 hasta 1965.

En la mesita con sayas de sala de estar descansan los dos libros que está leyendo actualmente, Brooklyn Follies, de Paul Auster; y El cuento número trece, de Diane Setterfield. Ambas lecturas le gustan, le distraen, le hacen pensar y seguir cultivando algo así como un ingenio muy particular, basado en un discurso trufado de citas literarias y un sentido de la observación irónico, distante y avezado.

Asegura que el autor con el que más se identifica es Pío Baroja. Otros autores predilectos para él son Miguel Delibes, Benito Pérez Galdós y Clarín. También le gusta cultivar la escritura: “escribo poesía, pero no soy en absoluto un buen poeta, más bien todo lo contrario”, asegura el ex alcalde, quien cuenta con gran ilusión que cada año escribe una pequeña obra de teatro para sus mismos nietos la representen en el salón del piso.

Por las mañanas suele salir un rato a pasear y por las tardes se enfrasca en lecturas y en recuerdos, en reflexiones amplias. Es un coleccionista de rarezas. Estas rarezas no son objetos ni esnobismos, sino detonantes que expresan criterios sobre la condición humana.

Así, guarda como si fuera un secreto un cuaderno donde tiene apuntada una lista larga de frases escritas sobre los azulejos de los váteres públicos, frases que ha ido recopilando durante muchos años. Se ríe mucho mientras las lee y las comenta. Además, está preparando un dossier a sus nietos para que “comprueben la estupidez que muchas veces domina en el mundo”. Para tal cometido se afana en recortar titulares de periódicos, y reitera después de mostrar algunos de los recortes: “la estupidez colectiva está claro que puede llegar al infinito”.

Llama también la atención otro recorrido que hace por uno de sus cuadernos, donde tiene anotadas muchísimas coplillas flamencas con cariz social muy elevado, reivindicativas y duras, “me quitaron la vida/ ya antes de haber nacido”… lee con cierta dificultad, pasando el dedo debajo de las palabras. No deja de resultar curioso ver el entusiasmo que pone un hombre del Franquismo a la hora de leer coplillas flamencas.

Amante de los toros, sabedor de toros, Emilio Caballero se declara como un gran amante de la Fiesta, “soy abonado a las Ventas, antes siempre iba, pero ahora prefiero ver las corridas por televisión”. Le comento que uno de los triunfadores de esta pasada feria de San Isidro, Matías Tejela (que abrió la Puerta Grande el pasado 16 de mayo), fue uno de los toreros que conformaron el cartel en el Festejo principal de la Feria de Puertollano. Le gusta la anotación, pero no le gusta Tejela: “tiene poco arte, hace el toreo fusión, hoy día todo es fusión…”, dice como mirando a recuerdos de otras plazas del pasado.

Generación maldita

Emilio Caballero habla un poco de la política actual, que le preocupa. Acusa a la izquierda de querer eliminar una derecha “que tiene que estar ahí” porque las opciones políticas representan –deben representar- diferentes prismas ideológicos del ser humano. Pero tampoco se excita ni piensa que el mundo se va a acabar.

Lo que sí es cierto es que siente gran desagrado por el encono político que se está viviendo. “Suelo pensar que provengo de una generación maldita, de una generación que se amamantó en una guerra civil, de una generación que está viviendo los últimos tiempos de su vida oyendo las mismas cosas que se tuvieron que oír antes de la guerra”, aseguro Caballero con una expresión a medias entre el desaire y la irritación más firme.

Emilio Caballero asegura que la guerra sacó lo peor de todos, “fue una escuela maldita para toda la sociedad, la gente estaba envenenada”. Habla de degradación moral en esa época, en esos años fieros de la disputa entre dos bloques de un mismo país. Luego llegaron los cuarenta años de los vencedores. Caballero admite que la “represión fue muy dura”, pero también quiere hacer constar que la derecha sufrió también pérdidas y masacres.

En este foro de confidencia, Emilio Caballero ilustra estas reflexiones con esos versos de Machado, “que era ante todo un hombre eminentemente bueno”, donde le decía al campesino que convirtiera su propia hoz en un arma.

Recuerda muchos episodios fatídicos y trágicos de los años de la Guerra, como aquel día que entre la niebla vio tambalearse, ahorcado, el cuerpo de un falangista conocido, “luego todos nos metimos en el ajo”, asegura bajando el tono de voz para volver a alzarlo para asegurar que tiene la conciencia tranquila, “bajo mi mandato no hubo represalias políticas de las que yo tuviera constancia”.

Nihilismo

Seguramente ese tono de crispación sea lo que más enoje a Emilio Caballero, que no cree actualmente demasiado en la clase política. “No hay ética”, asegura con rotundidad. Para el ex alcalde los políticos son “un mal necesario, una especie a extinguir”. Al decir esto habla de nihilismo, “porque ahora también hay esclavitud, aunque nos digan lo contrario, lo que ocurre es que las formas de esclavitud son mucho más amenas”.

Cuando suelta todo este discurso se quita importancia, “esto tampoco deja de ser filosofía barata”. Pero se percibe en la manera de decir las cosas que las ideas no están dichas así como así. Hay, al menos, muchas horas de reflexión dentro de esos sillones de orejas de piel roja.

Repasa de un soplido su vida, sus ideas políticas, sus planteamientos y replanteamientos y se coloca en una situación de perspectiva, donde se puede relativizar la vida, las cosas, el tiempo. Y deja otra frase cargada de matices en su agenda, en su ideario, “mi manera de pensar llega últimamente al anarquismo puro antiguo”.