Edición mensual - Mayo 2007 - Puertollano

Crónica de los tres espectáculos más sorprendentes de la Feria

Los acordes experimentales sonaron en la XI Feria de Teatro

Eugenio Blanco

Nº 187 - Puertollano

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Agradables sorpresas, sin duda, son las que ha traído esta primavera la XI Feria de Teatro de Castilla-La Mancha. Muchos espectáculos y muchos novedosos, originales, son los que han paseado su ritmo por los diferentes escenarios de Puertollano (y el Teatro Municipal de Almodóvar).

Siempre hay espectáculos que marcan el ritmo de una Feria, que le dan el maquillaje que ésta requiere para conformar una huella particular. Así, “El teatro da mangiare?’, “Habitaciones a precio de saldo” y el espectáculo de la compañía rusa “Blackskywhite, Astronomy for insects”, se convirtieron en las propuestas más atrevidas de la segunda Feria que programa el actual director artístico, Andrés Beladíez.

La Feria de Teatro sirve para que las propuestas de la escena se oreen por el panorama artístico y también para que la población de la ciudad sienta los espectáculos como propios que vayan a verlos. Sin embargo, el director de la Feria, Emilio Recio, aunque le dio una nota muy alta al desarrollo de la Feria, se quejó tibiamente de la escasa afluencia de público.

Teatro de una antigua panadería

Una de las propuestas que más han cautivado al público fue el montaje de la compañía levantina “Industrias Mars” con sus “Habitaciones a precio de saldo”. Un antiguo caserón de la calle Ancha fue el espacio donde la compañía instaló su profuso montaje. Una antigua panadería, cuyo horno todavía continuaba rodando por la casa, fue el lugar donde montar un espectáculo de vanguardia, en una muestra clara de que la tradición y la más latente modernidad se cogen de la mano a las primeras de cambio.

A un palmo del desconcierto, entre la velada oscuridad y el desvelo de los sentidos, así es como dejó a los espectadores el espectáculo “Habitaciones a precio de saldo”. El proyecto combinaba gran cantidad de canales expresivos: la literatura, el cortometraje, la performance y el teatro sensorial. Todo mezclado por la compañía (“Industrias Mars”), un grupo teatral creado y combinado por jóvenes que han hecho tanto Bellas Artes como Arte Dramático. El espectáculo de las sorpresas, de los sentidos, donde el espectador se tiene que dejar llevar para acabar encontrándose.

El grupo llegó a Puertollano un mes antes de que iniciase la Feria de Teatro para ponerse a trabajar. Dieron un caserón donde, según cuentan, vivían inmigrantes cuando llegaron. Desde aquel momento comenzaron a trabajar: reconstruyeron la antigua panadería y la convirtieron en una casa con pequeños escenarios.

Siete habitaciones cargadas de sorpresas, donde el encogimiento era casi el hilo que une la situación con la realidad. En el encogimiento uno suele aprender a conocerse, a explorar los contornos que les rodean, a comunicarse con los otros.

A las diferentes habitaciones se pasa de uno en uno, sin saber qué se va a encontrar. Había que entrar abierto, intranquilo, con ánimo de aglutinar un cúmulo de emociones que chisporroteen en las diferentes formas de latir que tiene un pulso vital. Todas las zonas del cuerpo de todos los asistentes se pusieron alerta.

Esta mezcla es sobre todo una concreción de lo comunicativo. Todo sucedía sin orden, pero todo se iba acoplando sin caer mucho en la cuenta, las diferentes situaciones estaban basadas en la expresión de la vida, representada por el ser humano que siempre está enclaustrado entre su propia piel y la sociedad que le vigila. En todo caso, cada una de las “Habitaciones a precio de saldo” era un reto del espectador, un reto para acoplar su imaginación con la ya expresada por la compañía, que pone un sinfín de propuestas y de sugerencias a su disposición. Para que piense. Para que se relaje. Para que se deje llevar. Para que se deje estar.

Comer con los italianos

“El teatro da mangiare?” de la compañía italiana el Teatro delle Ariette fue otros de los espectáculos sorprendentes y emotivos, el cacareado show de los italianos, donde los espectadores se arracimaban en torno a una mesa para comer (o cenar) y escuchar la profunda historia vital que los actores tenían que contar sobre sus propias vivencias, la descripción del camino que les había llevado a ser como eran, a sentir como sentían.

Son muchos matices los que tenía el espectáculo, mucho contenido emocional el que desplegaban sus actores, pero todo está filtrado por el afán de compartir, por la profunda empatía que consiguen trasladar al espectador mientras éste saborea los diferentes platos que le van sirviendo. Los actores hablaban de sus vidas, con un despojamiento tal que no quedaba otra que incidir en ese desnudo. Así, el espectador cogía el testigo de los recuerdos de los actores y se sumergía en sus propios códigos vitales y revisaba su ADN por adelante y por atrás, quedando a un ápice de un colapso tranquilo que te guiaba por la trayectoria vital.

Así de especial y de enigmático fue el “Teatro da mangiare?”. Un espectáculo donde había dos invitaciones: a una suculenta comida basada en la cocina clásica italiana y a un paseo por la vida de los actores, que, claro está, acaba desembocando en la vida de uno. Todo el texto se dictaba con el mismo tono con el que un amigo te cuenta sus cosas, mientras los enseres de cocina trasladaban sus chasquidos y su dramaturgia a la escena, al ámbito donde todo se vuelve cercano… Y ellos te hablaban de su trayectoria, “de sus actividades antieconómicas”, de su granja en la Emilia, de sus padres, de sus manías, de sus enamoramiento, para llegar a la conclusión que su propio espectáculo estaba anclado en lo básico: en la tierra (ellos cultivan su cocina y su teatro), en el cariño a todo lo que ocurre en el mundo, en el cariño a sus propios espectadores a los que invitan a comer sirviéndolos con cuido.

Para terminar, el delirio

El delirio llegó de manos de la compañía rusa “Blackskywhite”. Muchas obras de la Feria fueron un impasse de la imaginación, una marabunta, pero el cierre fue sin duda el capítulo más onírico de todas las páginas que han encuadernado la undécima Feria del Teatro.

La compañía moscovita, de la mano de su director, Dimitry Aryupin, puso en escena un sueño que se contempla con los ojos de un atónito. No había hilo argumental que valiera ni instantes de relajamiento, todo era una metáfora de otra metáfora, todo resultaba ser lo que el espectador fuera capaz de componer. Las formas, las músicas y la puesta en escena (psicodélica, excesiva, cargante) empapaban de segundas lecturas un show endiabladamente imaginativo, terriblemente difícil de ser seguido.

Las formas crueles se interpelaban en el escenario, se componían y se desvanecían entre el humo espeso que encañonaba la acción. Los actores se mecían en una danza desquiciada, pero con unos rasgos de belleza incontestables, basados en la turbación de todos los puntos de vista que el espectador estuviera capacitado para extraer.

Lo que sí estaba claro es que uno no podía ir a ver “Astronomy for insects” esperando que se lo den todo hecho. Tenía que llevar una sensibilidad casi deportiva, sino estaba abocado al sopor entre los múltiples efectos que se envainaban en el escenario.