Edición mensual - Diciembre 2006 - Puertollano

Verle las orejas al lobo del cambio climático

J. Carlos Sanz

Nº 181 - Puertollano

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Que el cambio climático es un hecho se da cuenta cualquiera. Si no, que se lo digan al primer ministro británico Tony Blair quien a principios de noviembre sacaba a la luz un informe elaborado por expertos economistas en el que se vaticinaba un desplome económico a escala mundial para las próximas décadas si el calentamiento global continúa a ritmo imparable como apuntan las previsiones.

Aumento de la temperatura y persistencia del CO2

Pese a la indiscutibilidad del cambio climático, la comunidad científica no se pone de acuerdo con respecto a las consecuencias que se dejarán notar. Activistas del ecologismo como Vicente Luchena, presidente de Ecologistas en Acción-Valle de Alcudia, apunta que lo más probable “es que siga aumentando la temperatura del planeta y eso traerá consigo graves efectos para los ecosistemas mundiales”. Luchena no se corta al asegurar que “aunque ahora mismo los gobiernos frenaran en seco las emisiones de dióxido de carbono, sus efectos no se dejarán sentir hasta dentro de varias décadas” y ello es debido a que la vida media de este gas causante del efecto invernadero en nuestra atmósfera “permanece durante siglos”.

Para colmo, España tiene todas las papeletas de ser uno de los países más afectados por el calentamiento global. Factores como el avance de la desertización y períodos prolongados de sequía serán habituales en la geografía peninsular, “esto repercutirá negativamente en las cosechas y las especies florales quedarán diezmadas”.

Responsabilidad de gobiernos y ciudadanos

Visto el panorama ¿En manos de quien está minimizar el impacto del cambio climático? Luchena considera que la responsabilidad es de los gobiernos mundiales y las grandes multinacionales “porque el ciudadano poco puede hacer, si acaso presionar a sus gobiernos para que tomen medidas efectivas y en su faceta como consumidor llevar a rajatabla el ahorro energético”. Porque por mucho que de cara a la galería las administraciones públicas estén apostando por la implantación de energías renovables así como el facilitar ayudas a aquellos ayuntamientos e industrias que apuesten por el ahorro energético, para Luchena existe en la práctica una doble vara de medir. “Es vergonzoso que a nivel institucional se sigan iluminando las autovías y autopistas, es decir, estas cosas revelan la actitud despilfarradora de las administraciones públicas”.

Echando mano del lema “piensa global y actúa local”, Luchena está convencido que el ciudadano tiene parte de solución en sus manos a través de la reducción de consumo energético, “para ello es indispensable saber con detalle cuánta luz, agua y gas gastamos y a partir de ahí reducir en la medida de lo posible”. Pero no pasa por alto que aunque las administraciones aboguen por endurecer la legislación penalizando el excesivo consumo de energía, “en la práctica esto no se está cumpliendo porque no existe un control de emisiones en las empresas. Cuando en el protocolo de Kyoto se fijaron las cuotas de asignaciones para emisión de CO2, a la central térmica de Viesgo le redujeron las emisiones pero por el contrario con Repsol no se hizo nada de nada. En los próximos años no están obligados a reducir ni un gramo del CO2 que emiten a la atmósfera”.

Según Luchena, “si España ha ratificado el protocolo de Kyoto debe cumplir las normas, porque ahora mismo hemos superado en un 115% el nivel de emisiones asignado a nuestro país. Nos hemos pasado siete pueblos y cuando la administración incumple es un tanto cínico exigir a la ciudadanía moderación en el consumo energético”, concluye.