Edición mensual - Diciembre 2006 - Puertollano

Abdón Anguita ha descubierto centenares de piedras con formas escultóricas y sostiene que fueron realizadas por hombres de Neandertal

El misterio de las piedras encontradas en las cercanías de Cabezarados

J. Carlos Sanz

Nº 181 - Puertollano

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¿Nos encontramos ante un hallazgo artístico de gran relevancia o se trata tan solo de un capricho de la naturaleza? “Para mí no hay duda de que son piezas escultóricas” asevera Abdón Anguita, conocido artista de la comarca, quien ha descubierto centenares de piedras diseminadas por numerosas zonas del Valle de Alcudia que presentan un sorprendente aspecto de haber sido manipuladas en cuanto a forma y volumen por seres humanos.

Fue hace más de un año cuando Anguita descubrió la primera piedra en una zona aledaña a Cabezarados, localidad donde reside. Se trata de un fragmento escultórico tallado en piedra y que conserva un notable parecido con las Venus de Willendorf o Laussel, que la arqueología dató pertenecientes a la época del Paleolítico. Estatuillas que presentan formas femeninas (senos, caderas y glúteos) muy resaltadas como símbolos de fecundidad pero con el rostro apenas esbozado. Si bien el fragmento encontrado por Anguita no llega a ser formalmente tan reseñable, éste se puso en contacto con Manuel Osuna, Director del Museo Arqueológico Provincial de Ciudad Real; para sorpresa suya, Osuna certificó que la pieza encontrada por Anguita no se trata de un fósil por lo que nos encontramos ante una pieza escultórica que guarda celosas similitudes con las venus paleolíticas reseñadas.

Piedras donde se repite el mismo patrón formal

Aquello fue la punta del iceberg de lo que estaba por venir. “A partir de este hallazgo volví de nuevo a esa zona y comenzaron a revelarse ante mis ojos un montón de piedras con formas escultóricas”. Piedras que Anguita encontraba a ras de suelo, “algunas incluso aparecieron esparcidas en terrenos de olivares fruto de prácticas de roturación” señala, pero, y he aquí el meollo del asunto, todas repiten el mismo patrón tipológico: similitudes en la talla, en las formas, en la manera de concebir el volumen y en la propia representación, pues casi todas recuerdan a rostros antropomorfos o notables evidencias de parecido zoomórfico.

Lejos de dejarse llevar por la imaginación, Anguita se mantuvo muy escéptico desde el principio “pero finalmente me tuve que rendir a la evidencia ante la repetición constante de los mismos sistemas de talla, el mismo tratamiento de volumen independientemente de la materia prima y sobre todo por la repetición sistemática de rasgos”, confiesa. Porque lo que se aprecia en los cientos de piedras que Anguita acumula en su casa son rostros humanos, de corte esquemático, y esculpidos en la propia piedra, combinando muchas de ellas lo anterior con representaciones de animales que existieron en la época del paleolítico ya fueran bisontes, uros, bueyes, etc.

La explicación de la arqueología

Presa de la curiosidad, Anguita decide ponerse en contacto con las instituciones arqueológicas más importantes del país. “En primer lugar quise contactar con Eduald Carbonell, responsable del yacimiento de Atapuerca pero por cuestiones de agenda no puede contactar con él. Sí lo hice con un ayudante suyo y tras enviarle material fotográfico de algunas piedras me dejó entrever que aquello podría tratarse de ludus naturae”, explica. Es decir, fragmentos de piedra que “por casualidad” o “por azar de la naturaleza” han adoptado una forma semejante a un animal, vegetal o ser humano. Desde ese momento la expresión de marras, ludus naturae, será la explicación dada por la mayoría de las instituciones con que Anguita ha contactado eclipsando el carácter de misterio que envuelve este descubrimiento. “Otras personalidades como Carmen Calvo, especializada en la sección de Prehistoria del Museo Arqueológico Nacional también se decantó por el ludus naturae”, destaca Anguita pero él insiste y mantiene en que “la naturaleza no se repite de forma tan sistemática como ocurre con los cientos de piedras que he descubierto. Y no puede ser porque todas repiten el mismo sistema de talla, poseen rasgos formales en común, es que es de cajón”, sentencia.

Por tanto, la explicación oficial que prevalece, desde la óptica arqueológica, es la de un conjunto destacable de piedras que por un maquiavélico capricho de la naturaleza se asemejan a rostros humanos y figuras de animales desmontando la teoría que sostiene Anguita.

Un arqueólogo genovés avala la teoría de Anguita

Sin embargo, no se da por vencido y establece contacto con Pietro Gaietto, responsable del Museo de los Orígenes del Hombre de Génova. Y aquí se produce el viraje de esta historia pues el especialista responde por correo electrónico a Anguita admitiendo que las piezas escultóricas son muy importantes, pertenecen al Paleolítico Medio siendo algunas atribuibles al período final, conocido en ámbito arqueológico como la civilización Achelense, era en la que coexisten dos culturas, la del hombre de Neandertal y el Homo Sapiens Arcaicus. “Su respuesta me vino como agua de mayo porque de algún modo viene a avalar mi teoría, que estas piedras fueron hechas por hombres neandertales. Además Gaietto me remitió a ponerme en contacto con Charles Belart, un conocido paleontólogo francés especializado en pequeñas esculturas de la época Achelense”. Para añadir más leña al fuego, Belart avaló la antigüedad de dichas piezas escultóricas “aunque se mostró especulativo en lo formal”, matiza Anguita.

¿Esculturas realizadas por neandertales?

Eso piensa Anguita: “los rasgos distintivos de los Neandertal, frente sobresaliente, gran musculatura, etc, se aprecian muy bien en la mayoría de las piedras”. Algo que vendría a poner en tela de juicio las teorías aceptadas por la arqueología y que consideran a la especie Neandertal como unos homínidos que carecían de esa capacidad creativa, que se caracterizaron fundamentalmente por disponer de una industria lítica con la que fabricaron hachas de mano (bifaces), bastones de mando, lascas afiladas, etc, con las que defenderse del medio y sobrevivir en un entorno hostil como había por aquel entonces cuando las glaciaciones asolaban buena parte de Europa.

Afirmar que la cultura neandertal tallaba la piedra con una intención artística y ritual quizás sea osado, pues dicho honor ha sido adjudicado desde la disciplina de la Historia del Arte a los hombres de Cro-Magnon, la especie que desplazó al Neandertal, y cuya cultura incluía innovaciones artísticas como pinturas rupestres, escultura y cerámica. De ellos proceden las conocidas Venus del Paleolítico, surgidas de manera repentina ¿Existió algún tipo de influencia o conexión entre los Cro-Magnon y los Neandertales? ¿Fueron estos los precursores del arte parietal, de las técnicas escultóricas y los Cro-Magnon aprendieron de ellos? ¿O hay que seguir hablando que la capacidad creativa de los Cro-Magnon fue fruto de la espontaneidad? Este plantel de interrogantes fermenta con las piedras descubiertas por Anguita, aunque él tiene claro que “estas piedras vienen a demostrar que la cultura neandertal poseía capacidad creativa. Fueron verdaderos artistas en el tallado de la piedra porque empleaban un técnica muy sutil”.

Además cree que el sambenito de rudimentarios que la arqueología ha adjudicado al hombre de Neandertal “se debe a que sólo se basan en evidencias materiales. Si fueron arcaicos se debió a los pocos recursos que tuvieron a su alcance”, afirmación con la que deja entrever que aunque los restos más frecuentes descubiertos hayan sido de piedra o de hueso, “aquellos hombres también usaron materiales perecederos como madera, pieles, fibras vegetales, etc, pero como apenas se ha conservado algo de esto, pues claro se encasilla al neandertal como ser rudo y primitivo. Me parece una injusticia histórica la representación y el cliché que se ha adjudicado a los neandertales. Estas piedras vienen a demostrar lo contrario”, concluye.

¿Y ahora qué?

Así pues, el embrollo está servido. Los arqueólogos se inclinan por el ludus naturae sin darle más cancha al descubrimiento y por otro lado Anguita, y su avalador Pietro Gaietto, sostienen que las piedras fueron talladas por hombres del paleolítico. “A mi entender la arqueología en España es bastante conservadora y si a eso le sumas que un neófito en la materia como es mi caso haya descubierto esto así sin más, pues ya me dirás. Desde la perspectiva arqueológica no puede aceptarse que estas piezas anden por ahí desper-digadas y que no formen parte de un asentamiento o yacimiento”, admite Anguita a quien en esta historia sólo le mueve “una intención divulgadora. Comprendo cómo me pueden tomar los arqueólogos porque no soy estudioso en la materia. En cambio soy un esteta, es decir, me dedico al arte y reconozco su impronta en estas piedras aunque me haya costado cerca de un año”, admite.

Y llegamos a la pregunta del millón ¿Qué va a pasar con este descubrimiento? Anguita augura con desencanto que “como no acuda un científico arriesgado esto se quedará en el olvido”. Mientras se producen novedades, el misterio rodea los cientos de piedras aparecidas en Cabezarados.

Hombre Neanderthal

El término “Hombre Neanderthal” fue creado en 1863 por el anatomista William King. Neanderthal hoy se escribe de dos maneras: La palabra alemana Thal que significa valle, fue cambiada a Tal a principios del siglo XX, pero la primera forma de escribirlo es la que a menudo se utiliza en inglés y siempre en la nomenclatura binomial, mientras que en alemán y español generalmente se usa la forma moderna.

El Neanderthal, o “Valle Neander” fue nombrado así en honor al teólogo Joachim Neander, quien vivió allí a fines del siglo diecisiete. En 1904, los alemanes reformaron el idioma y suprimieron la “h” por que no se pronunciaba y Neanderthal pasó a ser Neandertal, aunque en el nombre científico se mantiene la grafía antigua.

Descubrimiento

Los primeros fósiles fueron encontrados en Engis, Bélgica, en 1829. Le siguen los de Gibraltar, en la cantera de Forbe en 1848, pero no se reconoció el significado de estos dos descubrimientos hasta bastante después de que se diera a conocer el famoso Neanderthal 1. Este fue encontrado en 1856 cerca de Düsseldorf en el valle del río Neander en Alemania, tres años antes de que Charles Darwin publicara “El origen de las especies”.

Existencia en el tiempo

En la Península Ibérica hay pruebas de su existencia desde los primeros estadios (hace unos 600 mil años) hasta hace aproximadamente 28.000 años, como indican estudios recientes

Surgieron hace por lo menos 150.000 años en el Paleolítico inferior y desaparecen del registro fósil hace unos 28.000 años, después de haber creado y desplegado la importante y extendida cultura Musteriense, que se considera como la expresión del Paleolítico medio, y también el Châtelperroniense, que actualmente se cree que habría sido autóctono. Las causas de su extinción son todavía motivo de debate: ¿Los sapiens compitieron intensamente con ellos por recursos?, ¿los mataron y exterminaron en combate? ¿Los contagiaron de enfermedades para las cuales carecían de defensa? o ¿no soportaron, los neandertales, determinados cambios climáticos o ambientales? O está la posibilidad de la hibridación, o sea que haya existido un cruce entre las dos especies y los Homo sapiens los hayan absorbido.