Edición mensual - Diciembre 2006 - Historia

Cartas desde Toledo

La escultura urbana en Puertollano (XXIII)

José D. Delgado Bedmar

Nº 181 - Historia

Imprimir

No es la primera vez que ocurre y, dicho sea de paso, nos gustaría que no fuese la última, pero a punto de cumplirse los dos años desde que iniciamos esta serie de “Cartas”, que dedicamos a tratar de la escultura que a lo largo de la historia ha estado o está presente en las calles, plazas y jardines de nuestra localidad, seguimos comprobando que son más de los que nos imaginamos los lectores de “La Comarca de Puertollano” que siguen fielmente estas líneas sobre nuestro pasado más reciente.

Decimos esto porque uno de ellos, que ha preferido permanecer en el anonimato, y al que desde aquí muestro mi deuda de gratitud más sincera, ha hecho llegar hasta mis manos una serie de interesantes noticias e imágenes sobre diferentes aspectos de obras que ya tratamos y de alguna otra sobre la que no teníamos informaciones. Así, junto a fotografías de varios monumentos hechas en aquellos años y otras de sus respectivas inauguraciones que no habíamos visto hasta ahora, hemos conseguido saber las cantidades exactas de lo que costaron algunos de esos monumentos inaugurados en los años cincuenta del pasado siglo.

Por ejemplo, gracias a estos documentos ahora hemos podido saber que la fuente que se instaló en el frente de la Concha de la Música del Paseo de San Gregorio costó 45.000 pesetas; que los dos monumentos dedicados a honrar la memoria de Don Fulgencio Arias y de Don Ricardo Cabañero ascendieron a la suma de 60.000 pesetas; y que la imagen del Sagrado Corazón de Jesús que se volvió a hacer e instalar, tras su destrucción en la guerra civil, en la cúpula que corona la torre de la iglesia parroquial de la Asunción supuso un coste de 55.000 pesetas.

Por su parte, cuarenta y dos mil pesetas supuso la realización del monumento al Doctor Fleming que se instaló frente a la puerta del Ambulatorio de la Seguridad Social, mientras que el monumento a los Caídos en el Trabajo instalado desde 1958 en las cercanías de la Casa de Baños, y del que con tanto pormenor hablamos en su momento, supuso finalmente un total de 525.000 pesetas de gasto.

Por el contrario, de lo que no teníamos noticia alguna era de la instalación en la fachada de una casa de la calle Calzada en el año 1959 de una placa por la que Puertollano recordaba “al primer caído de F.E. de las J.O.N.S. José Hernández Novas”, tal y como rezaba literalmente. El relieve que representaba a Hernández Novas volvió a encargarse a Manuel Santos Cortés, que no realizó una de sus obras más afortunadas, como podemos comprobar en la imagen que acompaña a estas líneas. También hemos podido saber gracias a los preciosos documentos aportados por nuestro anónimo “colaborador” que dicha placa supuso a las arcas municipales un coste de 9.000 pesetas, aunque nos imaginamos que la iniciativa para instalar dicha placa partiría de la sede local de Falange. En cualquier caso, no podemos dejar de significar que, a pesar de la expresa utilización de un bajorrelieve para recordar la figura del homenajeado, los valores artísticos de esta placa no merecen más allá de esta breve mención en el “corpus” de la escultura urbana de nuestra localidad.

Con todo, y antes de que avanzáramos algo más en nuestro recorrido, consideramos que era importante aportar en este momento de nuestro relato esta serie de informaciones, que creemos que vienen a complementar muy oportunamente cuanto hasta ahora hemos venido diciendo.

Y dicho todo esto, habremos de recordar que finalizábamos la entrega de nuestra “Carta desde Toledo” del mes precedente señalando que el acto de inauguración del monumento levantado a Juan Antonio Suanzes, Marqués de Suanzes, se llevó a cabo contando con la presencia del homenajeado el 7 de septiembre de 1967, y que pocos indicios podían hacer imaginar a quienes a él asistieron que estaban presenciando la puesta de largo de la última de las aportaciones del periodo franquista a la escultura “pública” de nuestra localidad.

En efecto: tras haber transcurrido casi dos décadas de “buenas noticias” y haberse producido la superación del periodo autárquico, los datos económicos iban a imponer una nueva realidad: la crisis de la minería tradicional del carbón se había ido acentuando poco a poco en los últimos años y, por otro lado, podía decirse que, a pesar de disfrutar todavía de una buena situación general, por aquel entonces la expansión del complejo petroquímico ya estaba tocando techo. Por todo ello, los problemas y la incertidumbre del futuro se comenzaba a abatir sobre una ciudad en la que se podía suponer que, en el periodo inmediato, no iba a haber muchas “necesidades” en esta secundaria materia del ornato de los espacios públicos.

La inexorabilidad de los datos no nos deja lugar a dudas: en 1970 sólo había ya poco más de 2.000 obreros trabajando en las minas, mientras que la bonanza económica y el casi pleno empleo que se había conseguido en los años anteriores había dado paso a una nueva situación en la que el número de parados no dejaba de crecer y ascendía ya a 1.324. Por si esto fuera poco, sólo en el año siguiente se despidieron a 848 trabajadores más (muchos de ellos de edad avanzada, salud precaria y con pocas posibilidades de volver a trabajar), mientras que en 1972 se asistía al cierre del mítico “Pozo Norte”, por lo que sólo quedaron poco más de 1.000 trabajadores en el Pozo “Elorza”, único pozo que se mantuvo en explotación en toda la cuenca, y que también fue despidiendo paulatinamente a toda su plantilla hasta el cierre definitivo, producido el 31 de diciembre de 1975.

Por el contrario, y como era lógico suponer en un Régimen en el que se procuraba que todo estuviera “atado y bien atado”, podía decirse que la situación política de la localidad había cambiado muy poco: tras el largo y fructífero periodo de Emilio Caballero Gallardo al frente de los destinos municipales (1952-1965), el alcalde de la ciudad era Millán Aguilar Mazarro desde el 18 de noviembre de 1965, y lo seguiría siendo hasta las primeras elecciones democráticas, celebradas en abril de 1979. Al cargo de alcalde unió el señor Aguilar el de Jefe Local del Movimiento desde octubre de 1970.

Ciñéndonos ya a lo que nos ocupa, habría que decir que, a principios de 1972, varios dirigentes locales de Falange Española lanzaron la idea de proponer al ayuntamiento la erección de un monumento a José Antonio Primo de Rivera, pero ya los tiempos no eran los mismos: la idea no se abrió paso finalmente y, como había ocurrido con varios intentos anteriores, no se llevó a cabo. Cabe recordar, en este sentido, que ya había una placa con el nombre del fundador de Falange ubicada en los muros de la iglesia de la Asunción, junto a la puerta norte de la misma, junto a la que se hacían ofrendas y homenajes en los días señalados.

Habrá que esperar sólo tres años más, hasta 1975, para que una nueva iniciativa, en esta ocasión de carácter municipal, cristalice en una nueva convocatoria popular (bastante desconocida, todo hay que decirlo) que, finalmente, y con el devenir de los nuevos tiempos democráticos, tampoco se llevó a cabo: la construcción de un monumento a Francisco Franco.

Sobre esta muy poco conocida propuesta, que a punto estuvo de cristalizar, comenzaremos hablando en nuestra entrega del próximo mes. Hasta entonces.