Edición mensual - Contraportada - Diciembre 2006

La Rincona

El maltratado oficio de contar

Eugenio Blanco

Nº 181 - Contraportada

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De tanto escribir crónicas para el diario, de tanto seguir los pasos de tantas palabras peleadas, uno se va quedando un tanto agotado para recibir el impacto del silencio. Y sin el impacto del silencio es complicado crear cualquier armazón de escritura. La escritura es así: merece su reposo, se deja querer si la vas labrando y germina siempre a medias. Todo texto siempre será un viaje inconcluso. Todo texto dirá más por lo no dicho que por lo que queda reflejado.

Siempre he dudado si el periodismo estaba peleado con la literatura o era literatura en sí mismo. Quería pensar que sí, que del periodismo podía nacer la literatura, imagino que mi condición de periodista y mi inclinación por la literatura mezclaba esta idea que a mí, al menos a mí, me bastaba para no frustrarme. Pero la duda nunca cesará, en la contradicción hallaremos la clave.

Twiggy Hirota, escritora y amiga, escribía que había que impedir por todos los medios que el periodismo ejerciera su labor de “seducción” sobre el afán literario. Para Hirota “la literatura y el periodismo son dos mundos contrapuestos”. Algo así como que el periodismo siempre es capcioso, siempre atrapa y hace pensar que se está creando a través de los retales de la realidad.

La literatura es la flaqueza, la extrañeza, el desasosiego. El periodismo, por su parte, siempre se suele desarrollar desde el pedestal que ofrece la distancia prudente. El periodismo es el espejo; la literatura es la imagen que lanza el espejo. El periodismo destruye el silencio, con silencio no hay periodismo. Ya hemos dicho que la literatura, por su parte, nace del silencio.

Seguramente el exceso de periodismo (que en muy pocas ocasiones se hace bien) y el defecto de literatura explican, en gran medida, por qué el mundo anda como anda. El periodismo se ha vuelto perezoso y se ha dejado llevar por las decisiones del poder, ha sido impulsado por los múltiples enveses que posee el discurso del poder. Cada vez el periodismo desvela menos y distorsiona más. Y si el periodismo se deja por el camino el atributo de revelar el carrete de la realidad para los ojos de las generaciones, se deja por el camino su vocación fundamental.

El periodismo y la literatura, pese a todo, tienen un lugar común: el lenguaje. El lenguaje, que, por supuesto, tiene su propia vida, impulsa el carácter de la filosofía de ambos géneros. El lenguaje crea categorías por sí mismo, desabrocha la realidad y redescubre los cimientos de la condición humana.

Sin embargo, el periodismo siempre ha tenido una naturaleza heroica en tanto en cuanto siempre ha tenido que estar buscando subterfugios para desarrollarse con viveza y verdad. Desde el inicio del oficio todos los poderes han querido acaparar los altavoces para hilvanar una verdad paralela. Ya Maquiavelo en el siglo XV daba una lección magistral sobre cómo tener al pueblo al margen de los espejos, de los reflejos de los espejos (los reflejos era el mismo pueblo), ya sabía que el objetivo de la cámara se tenía que mover desde arriba y no desde abajo. Así se lo contó en El Príncipe al “magnífico Lorenzo de Medicis”.

Seguramente la recuperación anímica del periodismo (que tiene mucho que ver con la recuperación de su credibilidad) pasa por filtrar y destilar más y mejor el silencio. Limpiar de ruido la información para que adquiera un carácter más reflexivo, utilizar los silencios de los hechos para que cuajen destellos literarios, impedir ingerencias y siempre, siempre, estar alerta al detalle, a la otra respuesta, a lo que pasa fuera. El periodismo nunca será literatura, pero desde él se puede iniciar un viaje literario.

Me quedo con Kapuscinski para acabar. El periodista más grande del siglo asegura que los cínicos no sirven para este oficio: “si se leen los escritos de los mejores periodistas, se comprueba que se trata siempre de un periodismo intencional. Luchan por algo. Narran para alcanzar, para obtener algo. Hay que ser buenos y desarrollar individualmente la categoría de la empatía”. Si este oficio no se realiza con este mimo, con esta asunción del riesgo, mejor apagar la grabadora y aguardar a que el gabinete de prensa de turno envíe el trabajo del día.

LAS GUINDAS

La ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, anunció el 30 de noviembre pasado en Argamasilla de Calatrava que en diciembre se abrirá al tráfico la autopista de peaje entre Toledo y Madrid. Por otra parte, también comentó que el tramo Toledo-Ciudad Real está pendiente de que se emita la declaración de impacto ambiental correspondiente, mientras que el trazado Puertollano-Córdoba se decidirá cuando se resuelva dicha declaración. Toca esperar… pero ¿cuánto tiempo?

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El ayuntamiento de Puertollano ha habilitado noventa nuevos aparcamientos en la calle de la Copa con los que atender la fuerte demanda generada por las personas que diariamente acceden a las instalaciones deportivas y piscinas municipales allí existentes, además del Centro de Estudios Universitarios, Auditorio Municipal, etc.

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El nuevo centro de mayores que se está construyendo en la planta superior del Mercado Central de Abastos de Puertollano está prácticamente finalizado, por lo que su inauguración es casi inminente. Solo faltan los permisos y licencias para los suministros de agua, gas y electricidad, además del mobiliario.

LA GUINDILLA

Nuestra guindilla ¿cómo no? Para desearles un muy feliz 2007 en el que veamos los aviones despegando del aeropuerto de Don Quijote; la autovía Puertollano-Ciudad Real completamente terminada y el trazado de Puertollano a Córdoba ya decidido; además de los polígonos industriales de Puertollano llenos de empresas y de personas trabajando, a pleno funcionamiento. Sólo con esto nos podríamos ir “apañando”… ¡Felices Fiestas!