Edición mensual - Feria de Mayo 2006 - Colaboraciones

Puertollano ciudad acogedora

Luis García Pérez

Nº 174A - Colaboraciones

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No todas las ciudades pueden alardear de contar con una feria que cumple ahora nada menos que ciento once años, desde que el alcalde constitucional Don Fulgencio Arias la pusiera en marcha a requerimiento del terrateniente ilustrado Señor Gómez Jiménez, quien ya había hecho la propuesta a otras Corporaciones Municipales, eludiendo estas el compromiso, por considerarla demasiado costosa para las arcas del Consistorio.

Qué lejano aquel mayo de 1895, en la década finisecular del XIX, tan convulso en acontecimientos históricos. La vida del hombre es tan breve, que ya no quedan testigos presenciales de aquel tiempo. Cuántos avatares desde aquella fecha de partida, cuantos cambios en la fisionomía de esta ciudad que ha luchado constantemente por no perder el tren de la modernidad y del progreso. Puertollano, asentado en una zona de paso entre La Mancha y Al-Andalus, mirando ahora al futuro parque natural del Valle de Alcudia, en la ruta que tantas veces recorriera el genial Miguel de Cervantes durante su etapa de alcabalero, mientras iba pergeñando la psicología de los personajes de su inmortal novela, en esta tierra concreta de rancio sabor histórico, tan diferente a los exóticos e irreales Palmerines de Troya o Amadís de Gaula.

Puertollano, tal vez en mayor grado que otras ciudades en su devenir frente a los ventanales del tiempo, contó con lugares que tienen un añejo sabor a ferias y fiestas: ferias de ganado en la Cuerda, donde las Pocitas del Prior, en un despertar temprano y un intenso ajetreo por las calles empinadas de los extrarradios, ahora ya obsoletas y desaparecidas, impregnadas de un olor a vaquería y a yeguas recién paridas; caballos andaluces y chalanes de sombrero deslucido cerrando compras y ventas con un apretón de manos en la Posada de la Tercia. Pero todo esto es historia para los eruditos y los buenos historiadores que ha tenido y tiene esta ciudad.

Era Puertollano, como ahora y siempre, una ciudad cosmopolita, pues la llama de la vida requiere el humano aliento. En las piedras centenarias habrán quedado grabadas muchas conversaciones de feriantes y vendedores con tenderetes de todo tipo. En mi retina sólo aletean las imágenes de la zona del Bosque, polvorienta y poblada de álamos rosales y niños con globos de colores; el olor a las berenjenas de Bolaños y los puestos de turrón de Castuela; el jolgorio de la ola de cantares y el trenillo de las brujas; las peñas de Luis Miguel Dominguín, la del Casino o la del Cortijo, que era la de los ricos, en la marquesina de arriba; el teatro argentino delante de la calle Benéfica, los Festivales de España o el teatro Chino, motivo de no pocos enfados matrimoniales, cuando ellos se colaban en las primeras filas para aspirar de cerca las carnes prietas y rosáceas de las coristas, algo que por entonces, sólo podía permitirse un par de veces al año.

Ahora la fiesta tiene un rostro diferente, un ritmo más vertiginoso, trepidante, posmoderno, consecuencia de esta sociedad consumista que en este proceso de la globalización y de lo que ha dado llamarse nuevas tecnologías o aceleración de la historia, nos permite trasladarnos desde Madrid o Sevilla a Puertollano en AVE en poco más de una hora para compartir mesa y mantel con los amigos y familiares. La feria de mayo está próxima y muy pronto nuestro alcalde, con los ediles y algún que otro mandatario provincial o regional cortarán la cinta del recinto ferial. Pero antes habrá ya ganador del cartel anunciador y ganadores del Salón de Arte y el programa de Fiestas contará con espectáculos de todo tipo y para todas las edades. Cada cual celebrará a su manera los dardos que le regale Cupido. Pero no todo será alegría y desbordamiento, porque no podemos olvidarnos de los ausentes, para los que el recuerdo se hace llanto y nostalgia, cuando el Paseo de San Gregorio también se viste de gala, con múltiples matices de colores para recordarnos que los grupos folclóricos de nuestra ciudad han saludado a la llegada de este mes, cantando los mayos. Bienvenidos a nuestra ciudad y que no falte la alegría ni la sana diversión durante estas fechas festivas, tan de todos, tan nuestras.