Edición mensual - Feria de Mayo 2006 - Colaboraciones

Me gusta el fútbol...

J. Carlos Sanz

Nº 174A - Colaboraciones

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La magnífica temporada de la UDP, pendiente del brillante colofón que sería el ascenso a 2ªB, ha conseguido revitalizar la creencia de la población puertollanense en algo. Por fin tenemos algo concreto hacia el que dirigir nuestra fe, y todo apunta al fútbol. Mira que conozco a gente de gustos variopintos en la ciudad y sorprende ver cómo una escuadra futbolística relegada al pozo de la Tercera División ha conseguido renacer la ilusión de una población sometida desde hace años al mandato del pesimismo acerca de su futuro.

Porque niños, mayores y gente de toda condición comparten últimamente dosis de optimismo gracias al equipo de sus amores, el “Puerto”. Está claro que los gloriosos tiempos del Calvo Sotelo dejaron el listón demasiado alto, es más, pocos pensaban que de nuevo iba a desatarse la pasión futbolística, que de nuevo volveríamos a tener una afición como la de aquel entonces; como por arte de magia, miles de aficionados se levantan todos los domingos con la esperanza de sentirse como dioses por unas horas gracias a los “azules”, enchufándose al alto voltaje que genera el eléctrico juego del Puerto.

Debe ser eso, por el que los puertollanenses tenemos el “gallito” subido estos meses, somos la envidia del fútbol regional y todo un fenómeno sorprendente que tanto propios como extraños no terminan de entender, cómo ha podido gestarse esta simbiosis entre afición y equipo. Qué más da que estemos en Tercera División, el “Puerto” es el puto amo y merece la pena presumir de ello. Y bien que presumimos delante de nuestros conocidos de Ciudad Real y demás poblaciones colindantes, el Puerto juega de maravilla, no hay quien le tumbe y tiene toda la pinta de hacer algo grande. Una vez más, el fútbol sirve de antídoto para mitigar nuestros males endémicos, los de una ciudad que ha vivido la crisis de la reconversión industrial con pocos visos de esperanza todos estos años pero cuya desesperanza grisácea ha sido eliminada del ambiente gracias a esta comunión inédita entre hinchas y equipo.

Porque a pesar que las gestiones de políticos, empresarios y demás responsables del futuro de esta ciudad puedan llegar a buen “puerto”, a los aficionados siempre nos quedarán los éxitos del “Puerto”, esa plantilla de gladiadores azules que cuando salen al campo se meriendan a todo aquel que se ponga por delante. Y si creemos en el equipo, lo demás vendrá rodado por arte de magia. Claro que sí, nos lo merecemos que ya son muchos años de penurias, de sufrimiento, de no tener claro qué narices va a pasar con el futuro de la ciudad. O rei “Puerto” y punto. Lo demás, ya llegará pero de momento miles de personas comparten una misma ilusión, un mismo objetivo, creer en las posibilidades de este equipazo, en este principio de algo grande. ¡Y qué nos quiten lo bailao!

Así que el fútbol tenía la respuesta. Todos estos años buscando el revulsivo, la manera de reanimar el espíritu puertollanense y resulta que sólo podía resucitar con permiso de la UDP. Lo dicho, habría que avisar a algún sociólogo, a algún investigador de los comportamientos sociales para que analizara las causas de este fenómeno mesiánico que ha venido a llamarse la “ilusión azul”. Lejos de que la coletilla pueda recordar a connotaciones de otro régimen, la forma en cómo se ha ido asentando y expandiendo la devoción por la UDP por parte de los aficionados merece un estudio propio. Algunos pensarán que la campaña publicitaria ha dado sus frutos, que desde los medios de comunicación se ha realizado una labor de concienciación, que la directiva está llevando a cabo un gran trabajo, que el nuevo entrenador y su cuerpo técnico han dado con el “eureka”, que la plantilla actual está compensada y no le falta de nada; sin embargo, se nos escapa un importante detalle: la rapidez con que se ha producido el fenómeno simbiótico, el cómo de la noche a la mañana han aparecido aficionados azules por todas partes, como los donetes. Un auténtico contagio, sí señor. Infectados del virus azul, la población se encuentra en una cuarentena futbolística sin precedentes y aunque muchos agoreros pensaban que la infección estaba eliminada con la desaparición del Calvo Sotelo, ésta ha vuelto a mutar, a perfeccionarse, ha nacido una nueva cepa cuyo punto fuerte se encuentra en las numerosas peñas que han ido surgiendo. Lo bueno es que nadie esconde su “enfermedad”, el que más y el que menos se enfunda la camiseta azul, la bufanda, las txapelas, las banderolas, los gorros, y demás merchandising para aparecerse ante el resto como uno más de ese grupo de locos por el fútbol que cada día despierta con la sensación de que por fin hay algo en condiciones sobre lo que creer, el equipo de la ciudad, su Puerto del alma que no hace más que darle alegrías.

Y ya digo, boquiabiertos tenemos al resto de ciudades que comparten el grupo XVII de la Tercera División. En Ciudad Real podrán jactarse de tener a los galácticos del balonmano, deporte muy respetable y todo eso pero no me negarán que nunca llegará a tener ese plus de morbo que desata el fútbol, esa gama de sensaciones propias de este deporte que renacieron como el ave fénix tras haber permanecido en coma estos años atrás.

Lo dicho. El pueblo cree en la UDP, como en su día empezó a ocurrir en una población similar como Vilareal y ahora miren donde están, codeándose con los grandes de Europa. Salvando las distancias, el fenómeno social de la “ilusión azul” tiene patente de corso. Quién sabe si al final nos quedaremos con la miel en los labios, saboreando el umbral de la 2ªB pero lo que nadie podrá quitarnos es el sambenito actual de los puertollanenses, que locos por el fútbol son capaces de olvidar las preocupaciones diarias con tal de presenciar un nuevo triunfo del Puerto. Porque lo demás no importa, como dicen los argentinos…